Feria 2019

Pues no, que no, que esto no va...

Ramón González Martínez de Cepeda | Miércoles, 21 de Agosto del 2019
Acto de entrega de los primeros VIÑADORES, Estación de Renfe. Agosto 1997. Acto de entrega de los primeros VIÑADORES, Estación de Renfe. Agosto 1997.

“No hay problema que no podamos resolver juntos, y muy pocos que podamos resolver por nosotros mismos", Lyndon Johnson.

Hace dos años escribí, en un entrañable artículo, mis recuerdos  más personales de  las ferias que viví como responsable de nuestro Ayuntamiento. También  hay recuerdos vinculados al desarrollo oficial de la Feria y Fiestas,  son  esas imágenes y acontecimientos que se graban en la memoria pero que lógicamente, a priori, no figuran en el programa  que se hace público y que a posteriori no trascienden  por su poca entidad o porque la oposición no se  entera. Sin embargo son anécdotas  y hechos que buenos sudores y nervios  causan en el momento de producirse. Esos “acontecidos”  también forman parte de mis evocaciones  de ferias  y quiero dedicárselos a los  protagonistas anónimos que resuelven momentos importantes sin que se les vea presidiendo desfiles ni luciendo medallas

 A Berna: EL PETARDO QUE NO SE ENCENDÍA.

Era la feria de 1998, la Plaza  de España a rebosar, casi las doce de la noche, la comitiva prácticamente formada, esperando al alcalde,  para iniciar el desfile desde la equina de la C/ Galileo hasta  la explanada del Camino de la Garza en la cual  “la pólvora” sería el último eslabón de la cadena de los actos  programados para la inauguración de la feria.  Con ese marco de referencia y  con la expectativa propia del momento, sólo quedaba “el chupinazo” que el Sr. Alcalde prendería para dar la salida al desfile. Pues no, que no, “que esto no se enciende”, una vez  y otra, poniendo el encendedor en la mecha  del petardo y nada, que no, que no… Berna estaba junto a mí, supongo que él tenía más experiencia en ser petardero, nunca se lo he preguntado, pero en la foto de ese momento aparecen tres manos debajo del petardo, las mías y la de Berna, al final el chupinazo, lo lanzó Berna escondido tras el balcón. Él fue condescendiente conmigo y como buen amigo  me perdonó la vida y “me dejó” que cortase la cinta inaugural  junto a las madrinas y los miembros corporativos. Los fallos van en el sueldo, le dije a Berna  y él me dijo, el que has fallado has sido tú, así que el sueldo me corresponde a mí; pobrecillo si  hubiera tenido que cobrar  parte de las veinticinco mil pesetas al mes que yo costaba al Ayuntamiento. Me salvó de ese trance y seis días después, con escasas  cuarenta y ocho horas para prepararlo, hizo una excelente presentación de la Fiesta de las Letras, librándonos de otro gran apuro,  pues también la persona  inicialmente pensada para ese apreciado menester declinó el encargo.

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 Apertura del baile en la cena de fin de fiestas. Agosto 1997.

Berna  salvó el inicio de la feria y puso un buen broche de oro en el acto literario de cierre de la semana grande.

A Alfonso Cuesta.  EL PANTALÓN AL  SR. RECTOR.

Fiesta de las Letras de 1995, mi primera feria como alcalde. Las 19.30 horas:  las madrinas de feria llegaban en la calesa que las iba recogiendo en sus casas, los autores premiados ya se habían presentado, esperaban en la sala de Francisco Carretero y  se les  daban las oportunas sugerencias para el protocolo del desfile hasta el teatro Serna. Los concejales cada uno intentando estrenarse bien en sus cometidos: acompañante de madrinas, protocolo de autoridades, etc.

Paco, el concejal de festejos,  con el  móvil,  de los de entonces que te bajaba el bolsillo de la chaqueta hasta la rodilla, intentando controlar e informarse de cómo estaban las cosas. Pona dando las últimas instrucciones y tomando los  apuntes necesarios para, en el teatro,  dar entrada a los autores premiados, las madrinas, autoridades y Sr. Mantenedor.

 ¿Y el mantenedor? Yo pensaba que estaba abajo y bajaba  a recibirlo, los de abajo pensaban que estaba arriba conmigo en el despacho de alcaldía y subían azarosamente para urgir la organización del desfile. Pero ni arriba ni abajo, a la hora de salir no estaba el mantenedor, no, que no, que no ha llegado el Sr.  Mantenedor.

Una llamada al fijo de alcaldía del  siempre bien recordado José María Arcos, me tranquilizó. “D. Luis está en Tomelloso, un breve incidente nos va a retrasar quince minutos” eso fue lo que me dijo.

 Pona seguía con sus menesteres. Las chicas nerviosillas, comentando la suerte que tendría   si alguna fuese acompañada del brazo por el concejal guapo (como tal hablaban de Jesús Hinarejos; 24 años, 180,  guapo, y soltero sin compromiso,  a la sazón Concejal de Juventud y Deporte; el primer chándal  de su vida lo estrenó para ir acorde con su  misión, según irónicamente nos contaba).  

Después  me contaron  el incidente…  tal fue que se le descosió la costura del pantalón, en la parte trasera, al Sr. Rector.  “Con el pantalón roto por el culo no podía mantener la fiesta” me dijo con su inteligente ironía. Al llegar a Tomelloso, Casa Claudio fue la solución; pantalones nuevos, bajos cosidos o hilvanados y el  Sr. Rector  quedó listo para lo que le echasen encima. Lo hizo bien, muy bien, se lo pasó estupendamente y bailó con más gracia y saber que muchos andaluces, a pesar de sus orígenes castellanos más puros.

Pero quienes salvaron la Fiesta de las Letras fueron Alfonsito Cuesta y su esposa Concha.

A los empleados  de la plaza de toros. EL CAMIÓN DE BOMBEROS QUE NO BOMBEÓ.

Corrida de ferias, fin del tercer toro y arrastre con las engalanadas mulillas que para eso en Tomelloso no reparamos en lujos. Toca refrescar el albero. El viejo, viejísimo, camión de bomberos entra por la puerta grande para realizar su faena. Regar un poco  el ruedo era su menester para completar la función de los areneros de la plaza. Pero no, que no, que el camión no funcionaba, que no andaba… Prefiero no recordar todo lo que se vociferaba contra el presidente, la mofa y gracia de las expresiones contra el amigo Carlos Utiel y también contra el alcalde. Yo agaché la cabeza, mientras hacía alguna  llamada para controlar la situación  y empecé a sudar, se me atragantó el bocadillo. Uno que estaba situado detrás de mí, con fuerte voz dijo… “¡Si nos bajamos tos a mear  a  lo mejor regamos la plaza”! y su mujer le dijo “calla chico que está ahí delante el alcalde” a lo que el paisano contestó… “ ¿es que te crees que el alcalde no mea? .. que él tamien  puede colaborar”. 

Al final la solución vino de uno de los trabajadores del Ayuntamiento,  de los mayores de edad, que sabía el lugar de unas boquillas de riego y fue  capaz de  dar un agua  al ruedo manguera en mano. Prefiero no relatar muchas cosas de las que mis oídos escucharon. Eso de que los tomelloseros, a veces,  somos una ”mieja brutos” se hizo patente aquella tarde de toros y risas.

Sobre todo risas; risas, orejas y rabos que se concedieron “a espuertas” como estímulo para otros diestros que vieran la benevolencia del presidente y la gran afición taurina tomellosera. Creo recordar que se premiaron las faenas con nueve orejas y dos rabos. La prensa dijo que “En Tomelloso se repartían rabos”.Pero la ovación más sonora  fue para el peón municipal que regó la plaza. 

A  Vicente “El Belga”, personal de obras y policía local.  Ella no bailó sola… ni acompañada.

La mañana se presentaba esplendorosa de luz y por el brillo de los propios actos programados para ese día de feria de 1997. Reinauguración de la ESTACIÓN DE RENFE, presentación del libro y exposición de JUAN YAÑEZ, PROCESIÓN  de la SANTÍSIMA VIRGEN DE LA VIÑAS y el espectáculo de ELLA BAILA SOLA  en los Jardines del Parque.

Todo comenzó según lo programado. En la Estación de Renfe se presentó el libro de Gentes de Tomelloso y los retratos a carboncillo de D. Juan Yañez, todo un éxito por el marco en  donde se realizaba, por el  propio acto y por la asistencia de muchísimas  personas. Mientras Juan firmaba multitud de libros se desató una tormenta tremenda. El  agua que  caía era llover a mares, “más que cuando enterraron a Zafra” decían algunas de las personas  que me acompañaban en el emblemático recinto. El alcantarillado no daba de sí, la fuerza y cantidad del agua levantaba las tapas de los registros del sistema de alcantarillado. Los coches se quedaban  sin poder circular, los puestos de los feriantes quedaron maltrechos, especialmente los más humildes.

Pero el problema se agudizó en las viviendas de la margen derecha de la carretera de Ossa, el Nuevo Tomelloso y las nuevas urbanizaciones construidas en lo que siempre se llamaron “los charcones”.

El Jefe de Policía, José Antonio Alcázar, me acompañó mientras yo conducía el viejo Land Rover del Ayuntamiento, todo eso de cara a la corriente que nos inundaba, pero yo tenía que ver con mis propios ojos como podía evolucionar el problema y si ocurría tal como el Ingeniero  J.A. Alcolado, el que diseñó la primera fase de la autovía, me había comentado. Al final viendo la inundación y la  poca capacidad de digestión de la red de alcantarillado decidí aplicar el artículo treinta y tres y  ordené abrir una zanja que cortase la carretera de la Ossa desde el Nuevo Tomelloso  hasta la parte izquierda de la carretera que sólo eran liegos y  barbechos, pues aún no se había comenzado a construir nada.  Me hicieron bastantes  consideraciones por mi decisión de aplicar esa medida “por narices”, pero me daba igual, lo primero era lo primero, lo demás ya se justificaría si es que procediese. Aquello dio resultado y sirvió de aliviadero para el agua acumulada.

Se suspendió la Procesión de la Patrona y quedaba pendiente el espectáculo de Ella baila sola. Acompañado  del concejal Luis Moreno, con personal de obras y con el concejal de festejos, visitamos el recinto del parque. Mangueras de tendido eléctrico por el suelo mojado, algunos charcos, pocas entradas vendidas, etc. El panorama se presentaba negro, pero negra era la opción de suspender el concierto pues el contrato estipulaba que si no se realizaba, por causas ajenas al grupo, ellas cobrarían  íntegra la cantidad contratada.  Las palabras que se fijaron en mi cabeza era que no, que así no se realizaba el concierto, que no me la jugaba ante el riesgo de accidente..., que no, que no se celebra, así se lo dije a mis colaboradores. Se elaboraron por los servicios técnicos, perfectamente coordinados por Luis Moreno, los informes de riesgos que sustentaban la decisión de suspender el concierto.

Jesús Benito, el concejal de Hacienda,  había hecho una buena gestión en la contratación de los seguros para los eventos y posibles responsabilidades en el desarrollo de la feria. Le llamé, me dijo cómo estaba el seguro de espectáculos en relación a la lluvia. Había que esperar  a que la estación meteorológica de Tomelloso nos diera  los datos de pluviometría. ¡Esperar! me dijo Jesús y yo le contesté que… ” como decían las viejas poner velas a la Virgen de las Viñas”. El caso es que llovió un poquito más de lo estipulado como mínimo en el seguro y se cubrieron totalmente los gastos del contrato con Ella baila sola. Uno de los pocos espectáculos que no tuvo déficit. 

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Restauración de la Estación de Renfe. Proyecto Casa de  Oficios. Políticas activas de empleo. 1997.

No cabe duda que aquel día el personal de obras y la policía local fueron los protagonistas anónimos.

 Son muchas las anécdotas que se pueden contar y de todo ello se deduce que la responsabilidad de alcalde en la semana grande, en nuestra Feria Y Fiestas, tiene tanto de disfrute y satisfacción como de responsabilidad, riesgo y en algún caso sufrimiento. Pero  bajo el Manto de la Virgen de las Viñas y el buen hacer de muchos de los protagonistas anónimos, empleados municipales especialmente, al final las cosas salen, los tomelloseros  gozan y el alcalde respira tranquilo.

Me congratulo de haber ido anotando en mi particular diario de alcaldía cuanto ocurría, pensaba y me preocupaba. Día a día reflejaba todo aquello que me parecía importante y gracias a ello puedo ofrecer unas líneas para rememorar cosas cotidianas con un matiz más desenfadado  para producir algunas sonrisas.

Y siempre que tengo la oportunidad manifiesto mi agradecimiento a la parte de mi equipo de concejales, que no tenía horas para el disfrute pues las dedicaban a que los demás pudieran divertirse, y a los trabajadores del  Ayuntamiento que estaban al quite.

El petardo explota, la plaza se riega, el Sr. Mantenedor no va en calzoncillos al teatro y el seguro paga la suspensión del espectáculo que ¿el agua? dejó sin asistencia. Todo discurre con normalidad.

Ramón González Martínez de Cepeda.

Agosto y Feria de 2019.

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