Atravesando La Mancha Don
Quijote y Sancho Panza, a lomos de Rocinante y Rucio, creyeron divisar en
lontananza Tomelloso. Una vez llegados a este hidalgo y laborioso pueblo, como
bien reza su himno, hicieron fonda en La Posada de los Portales sita en la
Plaza de España para descansar de su azaroso viaje. Ambos, mientras degustaban
los vinos y quesos del lugar, charlaban animadamente:
—Amigo Sancho, qué buenos manjares nos están dispensando
estas buenas gentes. ¡Este vino y este queso me darán fuerzas para poder
enfrentarme a nuevos gigantes que surjan en nuestro camino!
—¿A nuevos gigantes? Qué cosas dice vuestra merced. A
ellos, si acaso existen, no sé si les gustarían pero están haciendo las delicias
de mi paladar. ¡Traiga, traiga la frasca que nos echemos otro vaso de vino! Y,
si sobra un poco, nos lo llevamos en el zurrón para el camino.
—Está bien, pero que solo sea por esta vez, que ya sabes
que el Caballero de la Triste Figura
tiene que hacer honor a su nombre.
Bebían y comían gozosamente y departían con los
ciudadanos del lugar. Una vez satisfechos sus apetitos y recuperadas sus
fuerzas, tomaron sus cabalgaduras para dirigirse hacia Ossa de Montiel ya que don
Quijote, preso de sus ensoñaciones caballerescas, tenía que liberar el Castillo
de Rochafrida en plenas Lagunas de Ruidera de un conde malvado que retenía
impunemente a una dama de alta alcurnia. Se preguntaba hacia dónde se tendrían
que dirigir. En ese momento, vieron haciendo su habitual paseo a Plinio, jefe
de la policía local.
—¡Buenos días, Plinio! -dijo don Quijote.
—¡Buenos días, don Quijote! ¿Cómo usted por aquí? -contestó
Plinio no dando crédito a lo que veía.
—Pues nos dirigimos a Ossa de Montiel. De camino, topamos
con Tomelloso y hemos parado a descansar y a reponer fuerzas. ¡Qué a gusto se
está en su pueblo! Este lugar donde la cultura rebosa por encima de sus
tinajas.
—Muchas gracias, es usted muy amable. La verdad es que
lleva mucha razón. Uno se pierde en la interminable lista de gentes de las
artes y las letras que habitan en este lugar.
Don Quijote preguntó a Plinio por dónde debían ir para
salir del pueblo, y les indicó que tomaran la calle Doña Crisanta hasta el
final, encontrando allí la salida para su destino.
Se despidieron cordialmente y siguieron camino, quedando
Plinio con un inmenso orgullo al haber oído de personas tan ilustres las cosas
tan bellas que habían dicho de su pueblo.
En esto que, una vez encarada la calle Doña Crisanta, al
llegar a la altura de la calle Francisco Carretero se detuvieron un instante
contemplando con tristeza un hecho insólito: estaban derribando la que fuera
casa del universal pintor Antonio López Torres.
—Señor, ¿cómo es posible que se haya cometido este
disparate? ¿Cómo no se habrán tomado medidas a tiempo para evitar esta pérdida?
¡Pero si en las villas por las que pasamos conservan las casas de nacimiento o
residencia de sus más ilustres hijos, ubicando en ellas casas-museo, salas de
exposiciones o de conciertos! ¿Lo entiende vuestra merced? –decía Sancho
recordando a don Antonio cuando lo veían pintando los campos de La Mancha y se
paraban a conversar con él.
—Llevas toda la razón, amigo Sancho. Vivimos tiempos
extraños, tiempos llenos de absurdas contradicciones. Ya no importan las
tradiciones, nada significa la vida de las personas ni su memoria sino los números,
las imágenes. Pobre amigo Antonio, tantas personas que hubieran querido visitar
el que fuera su hogar donde reposan sus silencios, sus desvelos e impresiones.
¡Ojalá hubieran tenido altura de miras en esta culta villa como aquellos hombres
que lucharon desinteresadamente para que una parte de su obra quedara albergada
en el museo que lleva su nombre para beneficio de Tomelloso y de la humanidad!
—Esperemos que no hayan hecho lo mismo con el Castillo de
Rochafrida, mi señor– comentó burlonamente Sancho.
—¡No digas barbaridades, Sancho! Eso, ni en broma, que
esta noche debo conquistar aquella fortaleza y liberar a la que en ella mora.
Y siguieron camino nuestros admirados amigos recordando
las anécdotas que en su día vivieron con nuestro genial pintor.
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Viernes, 4 de Abril del 2025