Opinión

A propósito de las bicicletas

José Antonio Negrillo | Miércoles, 30 de Septiembre del 2020

Estoy leyendo un artículo de Carlos Moreno del día 19 de septiembre y al leer lo de las bicicletas y  de la afición de Tomelloso, me viene a la memoria una historia mía de la mili, que apenas sabe nadie, pues no soy amigo de soltar el coñazo de mis aventuras, lo habré contado en ocasiones puntuales y solo a algunos amigos míos de mi círculo.

La historia comienza así: yo hice el Servicio Militar de voluntario (20 meses) , no te creas Carlos que era un héroe ni nada de eso, simplemente que mi padre tenía una prima hermana que vivía en Madrid y estaba casada con un militar, era Comandante del Arma de Ingenieros, más exactamente Comandante Ayudante del General Jefe de Ingenieros de la 1ª Región Militar y las oficinas estaban en el Gobierno Militar en Madrid y aprovechando la familiaridad, me recomendó que fuera voluntario al Regimiento de Zapadores en Campamento (Madrid), y el ya se encargaría de mi traslado a su oficina.

 Bien, juro bandera y a los 15 días más o menos, una mañana se presenta mi primo, (en el Gobierno Militar era mi tío), pregunta por mí y me dice que prepare los trastos que nos vamos.

Y aquí empieza la historia de las bicicletas.

Ya instalado en el Gobierno Militar, me asignan el puesto de mecanógrafo con un Teniente que era secretario del General, y yo le pasaba la firma, en los desayunos y mientras nos comíamos el bocadillo y nos bebíamos el vino que me mandaba mi amigo Gómez de la bodega de Gonzalo Fernández, pues hablábamos de todo, bastante de la guerra mundial, estuvo en la División Azul, y  me daba unas secansas con las carreras de bicicletas, conocía a todos los corredores, hasta algunos de Tomelloso, me nombraba a un tal Candelas Domínguez, creo, en fin a todo bicho que montara en semejante aparato, hasta aquí todo correcto.

 Me vengo un viernes como todos al pueblo a ver a la novia, y no sé porque voy al taller de Pedro Marquina en la calle del Carmen, empezamos a charlar y de momento me empieza a comentar algo sobre bicicletas, le digo ¡ para! que estoy de bicicletas hasta el gorro, que tengo en Madrid en el Gobierno Militar  a mi jefe un Teniente que me trae frito se conoce a todos, todas las carreras, en eso a Pedro le cambió la cara de color y entablamos el siguiente diálogo:

- ¿Tu Jefe no se llamará Santiago? 

- Si Santiago Gorriz Beraza 

- ¿Sabes quién es?

- Pues no 

- Es ni más ni menos que el Secretario Nacional de la Federación Española de Ciclismo, y llevo año y medio pidiéndole cita para hablar con él y no hay manera  

- Cosas de la vida, yo estoy todas las mañanas con él y algunas tardes también pues me voy a la Federación a echarle una mano, y ¿para que lo quieres?

- Para ver si nos puede subvencionar el asfaltado de la pista que hay en el campo de fútbol

- Bueno no lo llames ni nada, pues el hombre está muy liado, pero eso déjalo de mi mano que en cuanto se me ponga a tiro le suelto el “mandao”.

 A Pedro se le caían las lágrimas, le digo mal se me tiene que dar para no conseguir eso, nos despedimos.

Llego el lunes al Gobierno Militar, y en la parada del desayuno le digo:

- Vaya, vaya, mi Teniente, así que es Vd. un mandamás de los carreristas y se lo tiene tan guardado

- Y a ti quien te lo ha dicho?

 Me mira sorprendido

- ¿Por el periódico, o por qué? 

- No señor por un amigo mío de Tomelloso que se llama Pedro Marquina y por lo que se ve Vd. no lo quiere recibir

- Bueno es que lo que quiere es casi imposible, me pide el dinero para asfaltar la pista del velódromo de Tomelloso y de dinero andamos pelados

 Hay un silencio y vuelvo a la carga

- Venga ya si eso son cuatro perras.

 Coge un cigarro, lo enciende y dice:

- No creas hemos calculado y no me acuerdo exactamente, pero sobre las 150.000 pesetas más o menos, y no, no podemos.

 Hasta ahí quedamos.

Pero mira por donde una mañana llega mi Teniente con un cabreo, tira la carpeta encima de la mesa, se da dos vueltas por la oficina y yo que lo conocía en profundidad, pues ya éramos muy amigos, nos íbamos algunas tardes de vinos él mi primo y un Tte. Coronel, pero eso ya es otra historia, le pregunto:

- ¿Mi Teniente que le pasa?

- Que qué, me pasa, pues que tengo que ir a Ginebra a una reunión de la UCI, (Unión Ciclista Internacional), y tengo el pasaporte sin renovar y como poco se me van 5 o 6 días.

 A los militares entonces le tenían que dar permiso su superior el General Jefe de Ingenieros y luego el visto bueno del General Gobernador Militar, el de Ingenieros estaba chupado, lo tenía a mano, nos faltaba el Gobernador, que estaba en la primera planta, y por supuesto en la Puerta del Sol que se encontraba Gobernación para renovar los pasaportes, y se formaban colas como si fueran las de Doña Manolita para Navidad.

 Y ahí entra en juego mi maniobra, yo era muy amigo de un Policía que estaba en el gabinete de Interpol y tenía la oficina en Gobernación, allí arriba al lado de la bola del reloj, éramos uña y  carne, y entonces me dije ésta es la mía, y en otro desayuno le digo:

- Mi Teniente si le consigo tener el pasaporte pasado mañana renovado y autorizado por los Jefes me asfalta la pista de Tomelloso?

 se queda quieto con los ojos fijos en mi, y me dice:

- Negrillo trato hecho y además te voy a traer una rueda de puros, me echa la mano me da un abrazo.

 A los dos días le entregué toda la documentación en regla, no se lo podía creer. Ahí quedó la cosa.

Yo me licencié creo que fue en 1964, y de la pista  ni me acordaba.

 A los seis meses más o menos, una tarde va a mi tienda del Pasadizo, Chencho del Ayuntamiento, y me dice, Tinete ve urgente al despacho de Alcaldía que tienen que hablar contigo, yo me quedé de patata, para que me querrán?, voy volando subo al despacho y sale a recibirme….. mi Teniente, nos damos un abrazo de media hora, le pregunto:

- ¿Vd. por aquí?

-  Pues sí vengo a pagar una deuda que tengo con tu pueblo, pero más bien contigo, por fin vamos a entregar un cheque para que asfalten el velódromo.

En ese momento sale Kiko, el fotógrafo, lo llama para hacerse la foto reglamentaria, pero no pasó le dijo que prefería estar con su amigo, luego me prometió que traería por aquí no se qué cosa de ciclismo que por cierto cumplió, creo que fue la Vuelta a España, allá por el 74 o 75  y pasado como un año de este evento deportivo,  desgraciadamente falleció.

Carlos ésta es mi historia…. pero tengo más, algún día te contaré otra.

Nota:

Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, las de La Voz de Tomelloso. Las cartas remitidas a este medio deben ir debidamente firmadas y con el DNI. 

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