Opinión

Una mirada feminista al Día Internacional de la Mujer Rural

Feministas de Pueblo | Jueves, 15 de Octubre del 2020

Este 15 de octubre, día internacional de la mujer rural, las Feministas de Pueblo queremos compartir una celebración concebida para dar visibilidad a todo el trabajo que hemos aportado las mujeres del ámbito rural: mujeres que han sacado adelante a familias enteras, que han cuidado de sus tierras, aunque no estuvieran a su nombre, que han compatibilizado los trabajos más duros con la crianza; mujeres que han cuidado de sus hijos e hijas, después de sus nietos y nietas y, cuando ha sido necesario, de sus padres y madres; esas mujeres que hoy también intentan conciliar como pueden su vida personal y su desarrollo profesional. En definitiva, todas las mujeres que han luchado en por el sostenimiento de la vida y la conservación de sus pueblos de forma silenciosa, gratuita y minusvalorada.

Las Feministas de Pueblo, agrupadas y organizadas en los pueblos de Castilla-La Mancha, hemos diseñado para este año una campaña en la que vamos a dar visibilidad a muchas de estas mujeres anónimas. Es un hecho evidente y comprobado que muchas mujeres han destacado por su función social, económica o política pero no aparecen nombradas ni en los callejeros, ni en los libros, y a menudo, ni siquiera en la historia oral de las gentes. Por eso este año hemos promovido una campaña para homenajearlas a través de fotos, vídeos e infografías en las que, con nombres y apellidos, se recordará la aportación que han hecho para mejorar la vida de nuestros pueblos, pequeñas biografías con las que construir otra imagen, más ricas, más completa, del mundo rural.

Pero además, este 15 de octubre de 2020 volvemos a recordar, alto y claro, cuáles son nuestras necesidades y cómo mejorar nuestra situación, pues poco han cambiado las cosas desde el informe que, allá por 2009, se hizo sobre las “Condiciones de vida y posición social de las mujeres del medio rural” (MARM, 2009) informe en el que se analizaban las desigualdades de género existentes en el mundo rural. Que desde entonces no se hayan actualizado los datos pone de manifiesto la evidente invisibilidad de las mujeres rurales, lo que hace muy difícil aplicar políticas públicas adecuadas; de hecho, cuando estas se implementan, en realidad solo se orientan hacia la parte agraria que, si bien es fundamental, solo es una pequeña fracción de la complejidad y heterogeneidad de problemas específicos de las mujeres rurales.

En todo caso, entre las carencias que el citado informe señala, podemos destacar algunas especialmente importantes. Para empezar, la enorme desigualdad existente en la participación laboral de mujeres y hombres en el medio rural. En relación a la tasa de inactividad laboral del total de la población entre 20 y 65 años, esta se situaba en el 25,5%; sin embargo, para las mujeres era del 38,4%, mientras que para los hombres era del 15,1%, marcando una brecha de género de 23,3 puntos. Esto es así porque, del total de mujeres que figuraban como “inactivas”, el 77,6% se dedicaba al trabajo doméstico no remunerado como actividad principal (“amas de casa”), mientras que en el caso de los hombres, este representaba tan sólo el 3,3%. Este dato revela que la “inactividad” de las mujeres, está íntimamente ligada a la realización del trabajo doméstico y de cuidados, al contrario de lo que pasa con los hombres.

Por otro lado, en 2009, la tasa de desempleo de las mujeres rurales era del 12,3%, lo que, sumado a la tasa de “inactividad” femenina, mostraba que el 50,7% del total de mujeres rurales con edades comprendidas entre los 20 y 65 años no participaba en el mercado laboral, frente al 27,2% en el caso de los hombres.

Más información encontramos en el estudio “Medio Rural: trabajando en femenino” (2013). Este informe parte de la premisa de que la tradicional distribución de roles entre hombres y mujeres ha determinado que las mujeres desarrollen las actividades relacionadas con la crianza de los hijos e hijas, la gestión del hogar y el cuidado de las personas mayores o dependientes en la esfera privada o doméstica, en subordinación a los hombres. Esta situación incide en los bajos niveles de empoderamiento político, de participación social y económica de las mujeres rurales. Como consecuencia, tienen menos posibilidades de desarrollarse de forma íntegra en otros ámbitos que no sean el doméstico. Para lo cual, además, escasean los recursos públicos.

Otro dato interesante nos lo aporta el informe “Despoblación, reto demográfico e igualdad”, que demuestra cómo el proceso de masculinización, envejecimiento y declive del mundo rural, está directamente relacionado con la feminización del éxodo rural-urbano. El 40 % de las mujeres que salieron de los pequeños municipios tenía entre 16 y 44 años. Y la tendencia no ha hecho más que acrecentarse en la última década. Las mujeres abandonamos el medio rural por no poder acceder a servicios básicos de salud, de enseñanza o de transporte, por no poder compatibilizar, en igualdad de condiciones, nuestra carrera profesional y los trabajos de cuidados, y, por supuesto, por estar hartas de unos estereotipos marcados a fuego que nos recuerdan, una y otra vez, nuestro papel en la sociedad. Por eso España está viendo cómo sus territorios menos poblados pierden a las mujeres jóvenes y con ellas, el futuro de los pueblos.

Este 15 de octubre es el momento de plantear la necesidad de poner en marcha políticas públicas que respondan a las necesidades específicas de las mujeres en el mundo rural, lo que se conseguiría:

1. Mejorando la disponibilidad de servicios y recursos relacionados con los cuidados y con el sostenimiento de la vida: escuelas rurales, centros de mayores, centros de salud, medios de transporte público. Son las mujeres las que mayoritariamente (un 76,6 %) realizan tanto el trabajo doméstico no remunerado como el trabajo de cuidados remunerado. Por tanto, mejorar el acceso a estos servicios facilitaría la vida de las mujeres en el mundo rural.

2. Integrando la perspectiva de género en todas las políticas de desarrollo rural, con especial atención a las políticas de empleo. El paro femenino en nuestra región se sitúa en el 27% frente al paro masculino, que es del 23%. Es necesario promover estrategias de incorporación de la mujer a la actividad laboral, incrementar su participación en las actividades agrarias y realizar campañas para incentivar la conciliación y la incorporación de los hombres a las tareas de cuidados.

3. Fomentando la participación de las mujeres en todos los ámbitos de toma de decisiones, así como las consultas directas sobre necesidades específicas.

4. Realizando una labor efectiva de recogida de datos desagregada por sexos, con procesos que garanticen la actualización y verificación periódica de los mismos,

pues solo así se podrán realizar acciones concretas de actuación en aquellos ámbitos donde se necesite.

Estas son nuestras propuestas y reivindicaciones para que la vida de las mujeres en el mundo rural mejore, sea más sostenible y más justa. Si las mujeres abandonamos los pueblos, estos desaparecerán y con ellos la vida vinculada a la naturaleza. Hoy, por lo pronto, celebramos el día de la mujer rural empezando por homenajearnos públicamente con la campaña de recogida y publicación de biografías. Porque, Juntas, somos más fuertes.


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