Opinión

Energía, economía, ecología: el trilema de las tres es (1)

Martín Ruiz | Miércoles, 8 de Septiembre del 2021

Iniciamos aquí una serie de artículos sobre la emergencia climática que padece nuestro planeta. Hablaremos del agotamiento de las reservas de hidrocarburos baratos y de los materiales  imprescindibles para industria y agricultura. Después daremos constancia de las catástrofes globales que ya sufre la Tierra y que amenazan la propia existencia de la humanidad así como de  las propuestas que hacen los científicos para intentar evitar la catástrofe. Posteriormente indagaremos sobre las consecuencias de la robotización y la automatización de la economía, así como del papel de la Inteligencias Artificiales combinadas con el Big Data. También se explicitarán las propuestas globales para afrontar este choque que realizan desde los grupos ecologistas, hasta el FMI o los científicos del IPCC; las medidas locales que pueden (y deben) tomar ayuntamientos y mancomunidades ocuparán otra entrega. También trataremos de las dramáticas consecuencias para la agricultura tradicional. Las entregas se publicarán en miércoles sucesivos.

En un trilema hay una situación con tres proposiciones en la que solo dos son posibles al mismo tiempo. La crisis climática nos enfrenta a un trilema que, si no se resuelve bien, tendrá consecuencias dramáticas para la humanidad. 

¿Es posible combinar una economía en crecimiento (1) con la lucha contra el cambio climático (2) y el consumo energético y de materias primas (3) que mantenemos hoy en día?

ECONOMÍA

La producción económica consiste en la producción de bienes y servicios mediante la transformación de los recursos naturales  y utilizando máquinas que consumen energía. Es  el Producto Interior Bruto (PIB): conjunto de bienes y servicios producidos en un país durante un espacio de tiempo, generalmente un año. (Hay que aclarar que los recursos naturales son gratuitos: cuando compramos sardinas pagamos el coste de su captura, procesado y puesta a la venta, pero no pagamos nada por la sardina. Igual pasa con  el petróleo: ni el Mar ni la Tierra cobran nada).

Las máquinas realizan hoy la inmensa mayor parte del trabajo que realizábamos los humanos antes de la revolución industrial. Sí, son las máquinas las que trabajan por nosotros  produciendo casi todo: ropa, vehículos, casas, hospitales, carreteras, electrodomésticos… así como los alimentos que consumimos.

ENERGÍA

Pero las máquinas  que hemos inventado tienen una terca manía: no funcionan sin energía. La producción económica de un país está en relación directa con el número de máquinas de ese país y con la energía que consumen esas máquinas. La energía procedente del petróleo es la sangre de la economía mundia.: el 80-85% de la energía que mueve las máquinas proviene de carbón, gas y petróleo, fáciles de almacenar, transportar y quemar.

ECOLOGÍA

Sólo hay un “pequeño” problema: su quema contamina y genera emisiones de CO2, que se depositan en la atmósfera atrapando radiación infrarroja y provocando el calentamiento global.  La energía consumida en España procede en un 74% de los combustibles fósiles. Según AEMET el pasado mes de mayo España registró un nuevo máximo mensual histórico de concentración de CO2. Como emitimos mucho CO2 tenemos que comprar “derechos de emisión”. Este dato, junto al aumento del precio del gas, hace que la factura de electricidad de los hogares se dispare cada día. La forma deshonesta de fijar los precios en las subastas tiene también mucho que ver.

El crecimiento de la economía, requiere de más energía, principalmente de origen fósil. Así que el PIB mundial está directamente relacionado con la cantidad de energía consumida y por tanto con las emisiones de CO2 que, junto con otros gases, provocan la crisis climática en la que nos encontramos y que debemos reducir urgentemente (ecología). Menos combustible implica menos máquinas en uso: baja la producción, aumenta el paro y se reduce el PIB.

LOS HIDROCARBUROS SE AGOTAN (Y LOS METALES TAMBIÉN)

El consumo desaforado de objetos (consecuencia de la publicidad engañosa a la que nos somete esta sociedad hiperconsumista) ha traído como consecuencia el agotamiento del petróleo y de muchos minerales. El doctor en Física Teórica y Matemático Antonio Turiel explicaba la escasez de hidrocarburos y minerales en el Senado el 12 de abril (se ve aquí: https://www.youtube.com/watch?v=FRwRxGdavmI  ). Si la tendencia actual continúa, en  2.025 dispondremos de un 50% menos de diesel, que aumentará mucho de precio.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) ya lo advirtió en 2018 en su informe anual: el crecimiento de la demanda de petróleo (hasta 102 millones de barriles por día) coincide con  la disminución de la producción pronosticada para 2025 (86 millones de barriles por día). Aunque se añada el petróleo de esquisto de EEUU solo se sumarán 6 millones de barriles por día y no compensará la diferencia. Esto presagia un mercado petrolero perturbado en los próximos años. O sea, gasolina, diesel, queroseno, plásticos y abonos derivados del petróleo serán mucho más caros.

Ya se está produciendo escasez de Plásticos y el consiguiente aumento de precio. Materias primas esenciales empiezan a escasear: el Fósforo, imprescindible para la fabricación de determinados abonos agrícolas, también está en declive; el Litio, el Cobalto y el Níquel corren suertes parecidas. Los precios del Cobre y del Hierro han superado sus respectivos máximos históricos. La Arena, que tarda miles de años en formarse a través de la erosión, se está acabando en el mundo, dificultando la reposición de  playas arrasadas y generando problemas futuros para la construcción; el gas Helio, esencial para la refrigeración de escáneres y Resonancias Magnéticas se agota en un par de décadas.  Las resinas Epoxi, que se utilizan en la construcción de aviones, automóviles o bicicletas  aumentan escandalosamente de precio debido a su escasez. Coca-Cola ha debido pintar sus latas de manera diferente, porque determinados pigmentos de color que se extraen del petróleo también  escasean. Las fábricas de automóviles de medio planeta han tenido que reducir turnos por la escasez de microchips, debida a una gran sequía en Taiwan (la simple fabricación de un microchip necesita más de 130 litros de agua (y una sola fábrica de Intel produce millones de chips al mes).  En 2019, en el planeta circulaban ya más de 1.420 millones de vehículos: 1.060 millones de coches de pasajeros, 363 millones de vehículos comerciales.  El Caucho está subiendo de precio por el agotamiento de los árboles productores y la acumulación que ha hecho China. Estas materias primas industriales y agrícolas, junto a Madera, Maíz y Soja, sin olvidar  Estaño y Paladio, están alcanzando niveles de precios récord: la escasez de combustibles fósiles encarece las materias primas que necesitan petróleo para su extracción y procesado.

Conclusión: Si queremos mitigar los efectos de la crisis climática y prepararnos para un mundo de cierta escasez habrá que reducir la cantidad de energía fósil que utilizamos. La escasez de energía  y la descarbonización sacudirán profundamente los sistemas industriales y agrarios, así como nuestro estilo de vida, basados en la abundancia de combustibles fósiles. Ningún sector escapará a la transformación.

EL DESARROLLO TECNOLÓGICO NO NOS SALVARÁ

Durante demasiado tiempo hemos pensado que más tecnología y más mercado, satisfarían todas las necesidades de la humanidad. Nos hemos lanzado a un consumismo que erosiona nuestras condiciones biofísicas de existencia, sin hacernos felices. Ahora sabemos que, a partir de un determinado umbral, el aumento del PIB y el aumento de la sensación de bienestar ya no están correlacionados. En cuanto a la anunciada ola tecnológica digital, difícilmente simplificará nuestros problemas, al contrario, los avances tecnológicos están siendo destructivos para el empleo.

De modo que vamos a tener más problemas y menos energía para solventarlos. Mientras nuestros dirigentes no expliquen esto claramente a la ciudadanía será difícil encontrar soluciones aceptables, eficaces y adecuadas.

Hay que invertir masivamente en energías renovables, en aislamiento de los edificios, en eficacia energética, en agroecología, en movilidad sostenible…  pero  no se pueden  ignoran las cuestiones más molestas. Teniendo en cuenta el consumo energético, el impacto negativo sobre el clima, sobre la biodiversidad y la salud humana… ¿Qué actividades y producciones concretas deben reducirse necesariamente? Los expertos pronostican que transporte, turismo, aviación y automoción serán los más afectados. También la ganadería bovina. Una parte de la agricultura deberá dedicarse al mantenimiento y protección de los ecosistemas.

LOS MUY RICOS TENDRÁN QUE PAGAR MÁS IMPUESTOS Y EMITIR MENOS CO2

Puesto que el objetivo es reducir las emisiones de CO2 drásticamente, los gobiernos  tendrán que tener en cuenta que quienes más CO2 emiten son los que tienen más ingresos. Cuando se tiene más dinero, se tienen más casas, más grandes, mayores necesidades de calefacción, se viaja más y se compra más. Para evitar el desastre planetario habrá que estimular a los ricos para que consuman menos energía y contribuyan pagando más impuestos, como recomienda el FMI y como está poniendo en marcha el presidente de EEUU, Joe Biden.

Greenpeace propone prohibir por ley la remuneración de los accionistas de las empresas cuyas actividades sean nocivas para el clima. El Parlamento europeo prepara legislaciones climáticas que penalizarán, económica y legalmente, las actividades que perjudiquen al clima y aumenten las emisiones de CO2. El Partido Verde alemán, que puede cogobernar tras las próximas elecciones federales de este septiembre, ha hecho de esta idea su principal argumento político: combinar protección del clima con justicia social.

EL IMPORTANTE PAPEL DE LOS EMPRESARIOS

Pero no son sólo los políticos. En una reciente encuesta de la Universidad de Nueva York  sobre 1.188 empresarios y altos directivos de las 100 mayores empresas de EEUU, sólo el 1% comprendía el problema climático y medioambiental al que se enfrenta la humanidad; no entendían en que podría la catástrofe climática afectar a sus empresas. Empresarios y altos directivos van a necesitar formación acelerada sobre los peligros del cambio climático y las limitaciones energéticas.  Además tendrán que invertir en descontaminación, reducción de emisiones de CO2 y ahorro de energía de sus empresas. Por solidaridad, pero también por egoísmo: si no comprenden la magnitud del problema y no toman medidas para reducir consumo energético y emisiones de CO2 a sus negocios les irá muy mal.

EL PAPEL CRUCIAL DE LA CIUDADANÍA

Hay cosas que podemos hacer cada uno por nuestra cuenta: los españoles emitimos una media anual de 7,6 toneladas de CO2 por persona, cuando el objetivo fijado en los Acuerdos de Paris es de 2 toneladas (dato interesante: de media cada coche emite aproximadamente 150 kg de CO2 por cada 1.000 Km recorridos, que cada cual haga sus cuentas. En España circulan alrededor de 30 millones de vehículos de gasolina y, sobre todo, diesel).

Pero hay otros cambios estructurales que la sociedad, la ciudadanía, debe exigir: desinvertir en combustibles fósiles para crear una potente red de ferrocarril, que integre a la mayoría de localidades; dejar de realizar compras a las empresas que no reduzcan sus emisiones de forma verificable y ayudar a las empresas que sí lo hagan; potenciar la instalación de colectores fotovoltaicos en viviendas y edificios públicos;  cambiar procesos de fabricación y prácticas agrícolas que consumen mucha energía o fitosanitarios procedentes del petróleo; aislar térmicamente los edificios; cambiar los viajes peninsulares en avión por el tren; incentivar el uso de bicis y del transporte público en vez del coche…

Consumir menos es como la vejez, algo que inevitablemente va a llegar. Nadie lo deseamos, pero si se organiza bien, puede  no ser desagradable... Nuestra vida va a cambiar, no necesariamente a peor, pero sí con menos viajes, menos coches, menos artilugios innecesarios y menos consumo de energía. Pero esto no tiene por qué ser malo: en una calurosa noche de verano sentarse al fresco con los vecinos puede hacernos más felices que tragarnos 4 episodios de una serie de Netflix, con el aire acondicionado a toda pastilla. Las sociedades occidentales estamos consumiendo en exceso bienes innecesarios. Dejar de consumir cosas innecesarias es como dejar de fumar: es bueno.

Ante el importante paro estructural que viene, políticos, grandes empresarios, economistas y sesudos pensadores proponen instaurar Una Renta Básica Universal (RBU: entregar dinero sin condiciones a todos los mayores de edad). Ensayos de este tipo se experimentan  en Oakland y San Francisco (California), en Alemania y en Corea del Sur. Finlandia tuvo su propia experiencia durante 2 años. Otros plantean reducir la semana laboral a 4 días, incluso bajarla a 15 horas a la semana. Pero de todo esto hablaremos en próximas entregas de El trilema de las 3 Es

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