Opinión

A los 60 años de la Cooperativa

Vicente Jesús Díaz Burillo | Martes, 12 de Octubre del 2021
Foto de Eduardo Martos Foto de Eduardo Martos

En octubre de este año se cumplen 60 años de la inscripción de la Cooperativa en el registro del Ministerio de Trabajo (por “la Cooperativa” todo tomellosero sabe que me refiero a la Cooperativa “Virgen de las Viñas”). Se cumplen, por tanto, 60 años de su fundación. Aquel momento se ha ido convirtiendo con el paso de los años, y con el crecimiento de la Cooperativa, en una fecha casi fundante en la historia reciente de Tomelloso. La Cooperativa no solo supone un referente económico para la economía local; la Cooperativa es, sobre todo, un símbolo. En aquel mes de octubre de 1961 se pusieron los cimientos de lo que en buena medida es hoy Tomelloso. Sirvan las líneas que siguen como homenaje a los que lo hicieron posible.


Uno de los recuerdos más vivos que tengo de mi abuelo transcurre en las viñas. En Riega, concretamente. Debíamos volver, por la zona en la que ubico la escena, de una viña que echaba muchos “bajeros”. Mi hermano, mi abuelo y yo íbamos camino del coche para regresar al pueblo. Mi abuelo llevaba su “azá” al hombro, un instrumento que doblaba en tamaño a las que cargábamos mi hermano y yo, y que siempre que la veíamos hacía que nosotros, adolescentes en aquellos años, nos miráramos y sonriéramos nerviosos, como dos creyentes de alguna religión antigua que miran sin permiso algún instrumento sagrado para la liturgia.

Recuerdo que mi abuelo sudaba. Llevaba el pañuelo de hierbas atado a la cabeza como lo puede llevar cualquier viñero de los que pintaba López Torres. Y recuerdo su gesto con media sonrisa, algo guasona, mientras soltaba un “y dónde están los santos, ¿ahí colgaos en el cielo? Quiá…”. No recuerdo de qué estábamos hablando. Supongo que de la muerte, o de los curas, o de los señoritos que se inventan vírgenes para comer a gusto en las romerías… El caso es que con los años he recordado aquella frase muchas veces. Representa muy bien esa metafísica de la tierra, esa religión sin dioses de los que, acostumbrados desde que nacen a mirar hacia abajo para trabajar, son conscientes de que es desde ahí, desde abajo, desde la tierra, y trabajando, de donde surge la riqueza, de donde surgen los pueblos. En Tomelloso hay muchos ejemplos.

                                                                *

En 1962, en el mes de julio de aquel año, llegó al Instituto Nacional de Colonización la solicitud de un préstamo por valor de 22.252.920 pesetas. Los "peticionarios" eran de Tomelloso. Estos querían hacer una obra, una bodega. Ya tenían el terreno para realizarla. Sería en el mismo término municipal de Tomelloso, en el camino de Pedro Muñoz, en un quiñón que por aquel entonces era conocido como la "Estación Vieja", y cuyas lindes correspondían, como se puede leer en el documento de petición, "al saliente, Sinforoso García; al mediodía, Eufemia Espinosa Serrano; Poniente, Alejandro Martínez; y norte, la Carretera de Socuéllamos". La decisión de adquirir ese solar se había tomado el 17 de enero de 1962, y el 28 de febrero de aquel mismo año, poco más de un mes después, se realizó la compra del solar descrito a doña Justa Rodrigo Navarro. El comprador, ya se podrá adivinar, no era otro que la Cooperativa del Campo Vinícola "Virgen de las Viñas", y, en su nombre, el presidente de la misma, D. Luciano González López.[1]

 Croquis de la bodega y el lagar presentado por la Cooperativa al Instituto Nacional de Colonización en su petición del préstamo para su construcción. Fuente: Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real.

La Cooperativa se había constituido como tal muy poco tiempo atrás. Su aprobación definitiva tiene fecha de 21 de octubre de 1961. En aquellos años era normal la creación de este tipo de entidades. Ya eran grandes cooperativas "La Daimieleña" de Daimiel, "La Invencible" de Valdepeñas, o "Ntro Padre Jesús del Perdón" de Manzanares. De hecho, la constitución de la tomellosera llegaba tarde en relación a las fundadas en el resto de la comarca. Existía, eso sí, una cooperativa previa en Tomelloso, "La oración del huerto", que funcionaba en este caso como almazara (fusionada desde 2009 con la bodega). Las cooperativas reunían a pequeños propietarios que de otro modo no podrían haber hecho frente a las necesidades de producción que el desarrollo de la industria exigía en aquel momento.

El crecimiento fue vertiginoso. En 1962, el año de la compra de los terrenos que ocuparía la bodega, la Cooperativa contaba con 114 asociados. Solo 5 años después, a finales de 1967, ya contaba con 980. De hecho, tras los primeros 5 años de existencia de la bodega tuvo que ampliar su capacidad de envase en "300.000 arrobas" (48.000 hl.).[2] La previsión en 1962 para construir la primera bodega era de 1.200.000 arrobas (192.000 hl.). El entusiasmo de los socios, su compromiso con la Cooperativa, se deduce de la asistencia a sus asambleas y la meticulosidad en el trabajo: a la Asamblea General celebrada el 4 de agosto de 1964 acuden 502 socios de los 508 con los que contaba en aquel momento.[3] En 1963, tras una visita del “veedor cooperativo” de Ciudad Real, este informa a su superior del funcionamiento de la Cooperativa: 

“… examiné la contabilidad de la Cooperativa, pudiendo comprobar que su funcionamiento es perfecto. Utilizan, en vez de un talonario de vales unas fichas en las que se ha de consignar el nombre del socio, kilos entregados en bruto, tara y número de orden. Aparte de los libros oficiales […] lleva un diario-borrador, una ficha de uva entregada por cada socio, y una serie de libros auxiliares «sistema kalamazó», como jamás lo hemos visto en ninguna de nuestras cooperativas, con una serie detallada de subcuentas, que en cualquier momento puede precisarse lo gastado, aun cuando sea muy insignificante el concepto”.[4]  

Los datos dan vértigo. En pocos años la cooperativa se convirtió en el motor económico de Tomelloso. Desde su constitución, hace ahora 60 años, la cooperativa ha cambiado el pueblo. No solo en lo referido a lo económico: ha cambiado su forma de trabajar, ha cambiado sus costumbres, ha cambiado el espacio, la geografía urbana y paisajística de Tomelloso. La Cooperativa ha hecho Tomelloso. Y lo ha hecho gracias al empeño de aquellos pequeños trabajadores que unieron sus esfuerzos hace poco más de medio siglo.

La historia es, muchas veces, la historia de los grandes nombres. Pues bien, aquellos primeros cooperativistas también tenían nombre. Se pueden citar algunos. Los de las primeras Juntas Rectoras: Luciano González López, presidente en 1961; Enrique Carrasco Álvarez, vicepresidente aquel mismo año; Lorenzo Lara Ortiz secretario también en aquel año; Juan José Navarro Jiménez, tesorero. Tenían nombre también aquellos primeros 114 socios que, en 1962, para pedir el préstamo al Instituto de Colonización para construir la primera bodega, tuvieron que declarar su patrimonio, ese con el que, en caso de no funcionar como se esperaba el proyecto, deberían hacer frente a la devolución del préstamo: Pedro José Valenciano Ortiz; Juan Antonio Ramírez Espinosa; Consuelo Burillo López; Fermín Aguado Castellanos...

Podría seguir citando nombres, todos humildes. No hay apellidos de raigambre. Debe haber, eso sí, motes, que son en el pueblo como los blasones que señalan los linajes. Todos en Tomelloso, con el paso de los años, si no socios nosotros mismos, hemos tenido familiares que lo han sido de la Cooperativa. En esos nombres comunes descansa la historia de Tomelloso. Ha sido su trabajo el que ha construido este pueblo y lo ha abierto al mundo. Citarles, contar sus historias, es contar la historia de Tomelloso.                                                        

                                                                               ⃰            

Mi abuelo, por cierto, se llamaba Vicente Díaz, "Herraura". Hijo de Esperanza, hermano de Jesús, Ramona y Aurelia, hasta su asociación a la Cooperativa producía el vino proveniente de las cepas de Diego López, la Hidalga o La Bodega “El sevillano” en la casa familiar. La Cooperativa cambió su forma de producir, de trabajar, de organizar y vivir el tiempo del campo. Le ocurrió lo mismo que a la gran mayoría de agricultores de Tomelloso. Cambió como cambió Tomelloso. Pero siempre fue viñero. Murió a los 72 años en un accidente de tráfico cuando volvía de las viñas. Desde ese día pertenece, como socio de la Cooperativa, como viñero, y como tantos otros, a ese panteón de santos laicos que con su sudor y mirando siempre a la tierra levantaron Tomelloso.


Vicente Jesús Díaz Burillo.

Universidad de La Laguna.


[1] “Expediente de ayuda para mejoras de interés local, colonización local y asistencia económico social, 1962”, Caja 300158, Archivo Histórico Provincial, Ciudad Real.

[2]Informe que emite el veedor que suscribe con ocasión de su desplazamiento a la localidad de Tomelloso”, 20 de febrero de 1967. Caja 101628, Informes de visitas a cooperativas. Archivo Histórico Provincial, Ciudad Real.

[3] “Informe que emite el veedor de cooperativa que suscribe con motivo de desplazamiento a Tomelloso”, 6 de agosto de 1964. Caja 101628, Informes de visitas a cooperativas. Archivo Histórico Provincial, Ciudad Real.

[4] “Inspección Cooperativa Virgen de las Viñas, 15 de febrero de 1963”. Caja 101628, Informes de visitas a cooperativas. Archivo Histórico Provincial, Ciudad Real. 

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