Opinión

Enterramiento o sepultura antropomorfa excavada en el travertino cerca de las lagunas bajas

Salvador Jiménez Ramírez | Jueves, 4 de Noviembre del 2021

Andábamos recolectando bellotas, como aquellas que, una a una en el monte, cogiera Teresa Panza para la Duquesa y/o alguna que otra “setilla”, cardoborriquera  Pleurotus eryngii, cuando nos topamos con un resquebrajado y oblongo bloque de travertino, de geoestructura más compacta que otras formaciones tobáceas del Alto Guadiana, con una sepultura excavada de morfología antropomorfa; algo deteriorada ya. Travertinos sincrónicos de la zona, de igual cronología, han sido datados por procesos radiométricos (análisis radioquímico) de eventos del Cuaternario, que se basa en las alteraciones del equilibrio secular, dentro del mecanismo de desintegración y fraccionamiento del U-234, U-238, que, por emisión produce Th-230. Durante el precipitado o disolución de una concreción carbonatada, los isótopos de U, Th incluidos; los cuales deben permanecer en equilibrio en la roca original con más de quinientos mil años, se separan debido a su diferente comportamiento geoquímico. Mientras el Th es absorbido en minerales de arcilla o materia orgánica, después de un corto periodo de tiempo, el U permanece en solución en forma de complejos. Cualquier carbonato precipitado a partir de un tipo de solución como ésta, debe estar libre de Th, conteniendo solo isótopos de U. En el curso del tiempo, se forma de nuevo Th-230, por desintegración del U-234. Después de quinientos mil años, aproximadamente, se obtendría un nuevo equilibrio, si las condiciones ambientales no sufren alteraciones drásticas.

  Por los datos geoanalíticos, (anteriores) que en su día financió el Ministerio Federal de Investigación y Tecnología de la República Federal Alemana, sabemos que, la cronología de formaciones travertínicas del tramo fluvial medio de las Lagunas de Ruidera, se remontaría a los 250.000 años; coincidiendo con interestadiales como el Mindel- Riss. (Del libro El Río que pasa por mi Pueblo, de este autor). Pero el caso de la terraza fluvio-travertínica que nos ocupa, tal vez, rebasara esa antigüedad. En el sitio, por restos de un voluminoso Dolio o Dolium, (vasija o tinaja muy utilizada por los romanos para guardar líquidos y sólidos) y pequeños fragmentos cerámicos de terra sigillata romana, dispersos en superficie, el sepulcro o sepultura de un metro diez centímetro de longitud y veinticinco centímetros de anchura media, podría pertenecer a alguna villa o asentamiento tardorromano; donde se inhumó a una persona adolescente. El casual “encuentro” nos aportó una vívida perspectiva de, cuando las aguas puras “corrían” río abajo y la ilusión y las Narraciones Virgilianas, señalaban hacia los campos y hacia las estrellas…

 

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