Opinión

Acaparamiento de materias primas y artículos de consumo

Salvador Jiménez Ramírez | Martes, 18 de Enero del 2022

La tenencia, adquisición y requisa de manera excesiva de materias primas y artículos de consumo y uso habitual, por miembros de una sociedad, durante periodos de tiempo anormales, respecto a un consumo regular y normal, lo podríamos denominar como acaparamiento.

Memoria y aprendizaje del sujeto humano, han ido configurando (en una impresionante singladura) su pensamiento-comportamiento, en “paisajes” reales e irreales; adaptándose siempre a un hambre que debilitaba su existencia; creyéndola impuesta por Divinidades y así se iba  “acoplando” a su destino… Pero su necesidad de engullir, en cuanto tenía ocasión, lo impelían a  acaparar sustento y otros avíos, para llenar las “despensas” del chozal, de la espelunca o parapeto roquero; para hacerle frente a los ciclos de escasez y a las crudas invernadas… Todo se  “movía” (se “mueve”) sobre el estómago…

Aunque parezca una perogrullada y pese a la hipercooperación e hipersolidaridad, en ocasiones, del racional sujeto humano, (en no pocas circunstancias bastante insensato, tal vez porque que no haya otra alternativa) el avaro y mezquino acaparamiento, adquisición y tenencia de cantidades exorbitantes de materias primas y artículos diversos, de uso y consumo, ha sido una constante desde tiempos prehistóricos hasta la actualidad.

Mediado el siglo XX, en épocas y circunstancias en las que el acaparamiento era excesivo, por existir un anormal e irregular abastecimiento, al alterarse los procesos y periodos de producción y distribución de artículos de consumo, los estados solían intervenir en dichos  procesos de producción y distribución; racionando los bienes,  con la finalidad de garantizar “el mínimo vital” a la población; siendo las clases más pobres, en las que nunca morían la esperanza y los sueños, las que se veían obligadas a reparar las tragedias de las carencias y del hambre; “tejiendo”, con frecuencia, diferentes ideales hasta en los “obradores” de sus trasfondos humanos. Las clases opulentas (también los especuladores) y aristocráticas de “nunca tocar”; al gozar de considerables volúmenes de dinero y poder, adquirían (y adquieren) y retenían determinadas mercancías para llenar sus “Despensas”, “Arcas” y darse el festín cuando el resto de la población lloraba sobre sus divinidades muertas… (Véase cuadro de la portada: “El desayuno de las Ostras”, de Jean François de Troy).

En las diferentes fases de la producción y comercialización, el acaparamiento suele ser habitual cuando un amplio sector de la sociedad, por las más variopintas causas, está dispuesto a pagar precios elevados por los artículos, mercancías… Productores, comercializadores, distribuidores y especuladores, acaparan “material” con la finalidad de obtener los máximos beneficios…: v. gr. actualmente test de autodiagnóstico-antígenos, mascarillas, geles etcétera.

Allá por el año 1939, ya se establecieron sanciones (sanciones paripé y discriminatorias a la hora de ponerlas en práctica) contra los precios abusivos en España; definiendo el Acaparamiento en las Leyes de la Jefatura del Estado.

Hacía poco tiempo que yo había dejado de gatear y en la pequeña aldea donde había nacido, el vecindario mal sobrevivía con los recursos de la caza y de la pesca, (recursos que guardaban y escondían en trojes, mechinales y laberintos con vueltas y revueltas, como un laberinto de Dédalo) “agenciados” subrepticiamente, y con limitadas cantidades de productos, fruto de cosechas que las familias sembraban “al tercio” y “a medias” en restringidos hortales propiedad de “status groups”, grupos  de prestigio o altas clases sociales, que controlaban todos los recursos,  propietarios de la tierra y del agua...  Entonces ya languidecía el Racionamiento establecido, (años 1940-51) para toda una amalgama de artículos alimenticios… La asignación  de materias primas a las industrias, también se intentaba controlar… Pero el pato lo seguía pagando “Juan Pobre”… Conforme aumentaban las producciones en España y se “abrían” las barreras del aislamiento, normalizándose las relaciones con el exterior, el Racionamiento se suprimió. Liberalizado el comercio y la economía, el Acaparamiento también decaería; aunque los precios de las materias primas continuaron al alza y las actuaciones políticas e intervención estatal apenas si resolvieron las deficiencias de las clases más humildes; beneficiándose, una vez más, las estructuras sociales elitistas…

                                                                                         X

Con objetividad un tanto imperfecta; no obstante poniendo una íntima delicadeza, recuerdo cuando mi tía Pepa; doliéndole su sino por el que, según ella, su solitaria y desventurada vida había sido predestinada, me contaba cuando iban a espigar a los campos ajenos y cambiaban en la panadería el poco candeal obtenido por un “zato” de pan… Y narraba que se escondían en el monte y en la vega cuando los “Delegaos del Trigo” estaban de francachela en la aldea. Con su pálida angustia me decía que “La Juliana la Panaera”, le tiraba con desprecio, en el cesto, el cantero de pan de La Ración que le correspondía… Con el cansancio de no parar de inventarse fe y milagros, en el silencio de su soledad, besaba el mendrugo de pan, al sacarlo de un cesto, siempre vacío de cosas inútiles… Sintiendo sus hondos sentimientos, sin pensamientos de odio ni de envidia, mi tía, obviando cosas de la vida, dolorosamente, para ella incomprensibles, fijaba en mi consciencia su sencilla y honesta filosofía: “Si no fuera por el miedo al hambre y a la pobreza a Dios no le rezaba nadie”. “Unos mueren de ahítos y otros de comer poquito”. “Y las Leyes las cocieron, como cuecen el pan de la ración”.

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