Opinión

Sorpresivo encuentro próximo a la antigua central hidroeléctrica de “San Alberto” de Ruidera

Salvador Jiménez Ramírez | Viernes, 4 de Febrero del 2022

Allá por el año 1878, Tomás Alva Edison, que le encantaba leer a Faraday, visitaba al profesor Barker, que le mostró una lámpara de arco voltaico; la primera que veía Alva… Al poco tiempo, tendría entre sus manos otra rudimentaria bombilla de Brush. Por entonces Moisés y Wallace G. Fermer habían conseguido que, entre diez y quince, lámparas alumbraran en serie… La lámpara incandescente comenzaba a “gusanear” en el cerebro de Edison; experimentando con alambres de platino y mezcla de iridio, pero  el dispositivo se fundía. Abreviando, el veintiuno de Octubre de 1879, “lució la primera bombilla eléctrica…”. Aguantó sin fundirse cuarenta y cinco horas. De seguido, Alva consiguió el vacío, impidiendo la oxidación y degradación del conductor, a causa de la acción de la atmósfera. El coste por bombilla, le costaba a Edison 1,25 dólares. El año 1881, se inauguraba la primera instalación “Edisoniana”. Enseguida logró máquinas que daban setecientas revoluciones por minuto. Y un cuatro de Septiembre de 1882, sábado por la noche, la corriente eléctrica pasaba, por vez primera, por cables, distribuyéndose la luz a los hogares; arredrándose, poco a poco el gas.

Referían mis progenitores, mi madre principalmente, que los abuelos Juan y  María Santos, solían “historiar” cosas vividas y vistas y otras que no…; dando “negro” y “blanco” en la “placa” del trasfondo humano, pareciendo explicar el mundo, junto al sosiego de la chimenea del mesón que “gobernaban” en la aldea de Ruidera que, a finales de siglo XIX se aposentaron en la Venta, como “huéspedes a pensión completa, los montadores alemanes de la Central de la Luz de Ruidera”.

El año 1893, once años más tarde del cableado eléctrico “Edisionano”, la aldea de Ruidera contaba con cincuenta y siete (57) vecinos. En el lugar nada se sabía de energía eléctrica y mucho menos de Centrales Hidroeléctricas… El verano de aquel año 1893, en el paraje de Las Lagunas de Ruidera “había gente extraña midiendo por los ríos, porque querían hacer una fábrica que funcionaría con agua…”. El periodista, naturalista y geólogo inglés Bogue Luffmann, “vagabundo” por la Ruta de Don Quijote, apuntaba en su libro “A vagabond in Spain”: “…, pequeña y vieja aldea, que parecía agacharse sumisamente a los pies del palacio. (…). Pasé la tarde en la orilla del lago observando sus constantes cambios, y luego, me uní  a una reunión compuesta por dos “guardias civiles” que venían de casa de Julián- (guarda rural de la zona)- y una pareja de ingenieros que estaban midiendo los niveles de los distintos lagos. (…) El ingeniero más joven, Angel Candelas, era un chico muy apuesto, alto…; (…) Esperaba casarse con una belleza de Guadarrama. (…) Al Alba, un anciano llamado Solanos,- (muy mentado por mis padres)- se ofreció como guía para llevarnos a la cueva de Montesinos”.

No se sabe con certeza cuando se pegaron las primeras azadonadas en el travertino, para construir la central hidroeléctrica de “San Alberto”… Se decía que el tal Solano si había tomado buena nota de las primeras peonadas…, y que las dieron una docena de jornaleros, el año 1894. En ciertos documentos, consta que la central entró en funcionamiento el año 1900, lo que no concuerda con los hechos reales; ya que el año 1905, (cuando la aldea tenía 280 habitantes) técnicos alemanes continuaban instalando la maquinaria, para aprovechar la concesión de 3008 litros por segundo.

El nombre de la industria se santificó en honor a Alberto Bosch y Fustegueras, alcalde de Madrid en la época 1885 y 1891. Alberto era licenciado en ciencias exactas e Ingeniero de caminos, Canales y Puertos, entre otros estudios… De la unión matrimonial Alberto y Elena Herreros nacerían Enrique Carlos y María. El trece de mayo del año 1900, Alberto Bosch murió en Madrid a consecuencia de unas fuertes fiebres palúdicas… Su hija María Bosch Herreros, un año después de la muerte de su padre, contrajo matrimonio con Francisco Rodríguez Sedano Lasuén; compañero de estudios de Enrique y buen amigo suyo y de su padre… Alberto Bosch dejó a Sedano el encargo de finalizar las obras de las centrales hidroeléctricas de “San Alberto”, “Santa Elena” y también “Miravetes” (que luego pasaría a manos De Julián Navarro); que Alberto había comenzado antes de fallecer…

Los cambios introducidos en la sociedad por la energía eléctrica, han sido tremendamente profundos… Hoy no se concibe la vida humana sin un consumo, sin límites, de electricidad.

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Es posible que, por alguna relación con los elementos; con cierta indisculpable salvajería, y traición a todo lo que nos rodeaba, los chiquillos guiados por no sé qué ilusión, ciertos días festivos o domingos, poníamos a prueba nuestra audacia y valor, arrimándonos, a escondidas, a la central hidroeléctrica de “San Alberto”, para ver cómo aquella impresionante y ruidosa maquinaria “hacía luz” para unas cuantas bombillas de quince vatios, (reguladas con un artilugio llamado “Ratón”) de las casuchas con las techumbres de carrizo… Aquello nos parecía un palacio fantástico o templo bajado del Sol, que abría una resplandeciente puerta hacia el futuro… Entonces, en el vecindario, aún no eran un recuerdo los candiles, (y algún Velón en la “Casa de los Señores”) que en la noche, alumbraban el “vagabundeo”, con balanceos de opresión y percances de los vecinos, deambulando por dependencias que parecían semejanzas de oscuros y profundos abismos…

Con picardía casi mágica, acechábamos cerca de la central, para ver donde dejaban los “centralistas” las bombillas que se fundían con frecuencia, para llevárnoslas a las casas de nuestros padres. Por más atención prestada, nunca supimos lo que hacían con aquellas “apagadas estrellas”… Un día, de manera sorpresiva, nos topamos con un “silo de casquillos”, excavado en el tobazo, donde los operarios de la central sepultaban las lámparas fundidas, en espera de poderlas reparar algún día… Hoy tratamos de “ver” a través de muchos olvidos, un tanto emocionados y sorprendidos. Cavilamos entre “arideces” de la vida, sin que sea seguro que todo tiene que ser así… Imaginamos con la alegría de sabernos apartados de todo y de todo recelosos…; pasando por el “telar” de nuestra consciencia una “corriente”, como pasa una corriente eléctrica entre gases… Estamos junto al “silo” de las primeras bombillas que lucieron en un ecosistema fluvial, que dio a luz; que alumbró las Centrales Hidroeléctricas del Alto Guadiana… El mismo ecosistema (y los “Cargos Humanos Superiores….) que les han dado sepultura.