Tomelloso

Corocotta Teatro convence con una soberbia representación de “Ay, Carmela!”

Se clausura la Muestra Local de Teatro con un reconocimiento a todos los grupos participantes

Carlos Moreno | Viernes, 17 de Junio del 2022

Los cántabros de Corocotta Teatro convencieron al público del Marcelo Grande con una soberbia puesta en escena de “Ay , Carmela!”, una elegía de la guerra civil que sigue un hilo conductor parecido al de la película, pero no idéntico. Los actores protagonistas, María Alonso (Carmela) y Antonio González Camacho (Paulino)  se ganaron el jornal a base de un buen hacer  y mucho talento, demostrando que la línea que separa el teatro profesional del aficionado, a veces, es muy fina.

Lástima que tan buena representación no contara con un mayor respaldo de público. Las personas que estuvieron en el patio de butacas no llegaron al centenar, pero disfrutaron  con los actores, la trama y los efectos de sonido e iluminación de los técnicos.

Antes de la obra, el concejal de Festejos y Participación Ciudadana, Raúl Zatón, entregó un recuerdo a los cuatro grupos participantes en la XXIX Muestra Local de Teatro "José María Arcos" a Moral Teatro, Pan Pa' Hoy, Bakú y Platea.

“Ay Carmela¡” es la obra emblemática de esta compañía que la lleva representando ya dos décadas. En plena Guerra Civil española, Carmela y Paulino -artistas trovadores- sobrevienen yendo y viendo de un pueblo a otro con su espectáculo de variedades. Un día, mientras se dirigían a Valencia, la niebla y el cansancio les conducen por error a la zona nacional. Inesperadamente, se encuentran entre las tropas nacionales que acaban de tomar la villa de Belchite. Allí son hechos prisioneros y se ven obligados a improvisar una función teatral en honor a las tropas vencedoras. Su espectáculo nos sitúa en un tiempo cambiante y que siempre se repite. En un espacio donde se confunde lo vivo y lo muerto, donde convive el miedo y la rabia, la injusticia y la búsqueda de la supervivencia, donde el humor y la risa nos llevan de la mano hasta asomarnos a la estupidez de los hombres.

 Sobre esta trama, Sanchís-Sinisterra decide no tomar partido por un bando o por otro, sino por la inocencia. No inocencia entendida como candidez, sino entendida como la víctima última y siempre silenciada en cualquier guerra. La de todos los inocentes que sólo quieren hacer su vida en paz con sus vecinos. Respetando, sin juzgar, las ideas del otro pero que se ven atropellados por una vorágine de destrucción y de crueldad de la que no son responsables y que no alcanzarán a comprender nunca. Los tristes tiempos actuales así lo demuestran.


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