Tomelloso

Con motivo del 8 de marzo, un grupo de mujeres de Tomelloso visita dos cuevas

Han podido admirar estas joyas subterráneas en las calles Desengaño y Garcilaso

Carlos Moreno | Miércoles, 5 de Marzo del 2025
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Pablo Morales Caro ha enseñado este miércoles a un grupo de mujeres de Tomelloso la maravillosa cueva que conserva en su casa de la calle Desengaño. Denominada del Segundo Dios, por el apodo familiar, es una cueva auténtica, de la más pura ortodoxia tomellosera en la que da la impresión de que los vinateros trabajaron ayer mismo. La bonita historia se inició con los bisabuelos del actual propietario,  Alejandro Perales y Juliana Seco, aunque hay que retroceder todavía un eslabón generacional hacia atrás para toparnos con el tatarabuelo Hermenegildo Perales y Espinosa que era fabricante de aguardiente desde el año 1878. 

Han sido 25 mujeres las que han disfrutado de una visita organizada por el Área de Igualdad del Ayuntamiento de Tomelloso con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La concejala del área, Elena Villahermosa, y varias trabajadoras del Centro de la Mujer han coordinado una actividad que ha tenido como segunda parte la visita a la cueva de la calle Garcilaso donde han compartido un vino y un aperitivo.

Villahermosa ha considerado muy importante mostrar uno de los grandes tesoros de la ciudad. “Es un gran patrimonio de Tomelloso  que tenemos que visitar, cuidar y conocer, porque paradójicamente hay gente que siendo de Tomelloso no las conoce. Cada cueva tiene su propio encanto e historia, además de algún detalle que puede sorprenderte. Mucha gente que viene de fuera  se queda asombrada con estas construcciones que hicieron nuestros abuelos”

También ha estado presente el presidente de la Asociación de Amigos de las Cuevas de Tomelloso, Jesús Andújar, que ha aportado curiosos datos sobre las cuevas. “En la ciudad llegó a haber más de dos mil doscientas para la elaboración de vino. Se puede decir que cada agricultor tenía su propia cueva y fue algo que marcó un antes y un después. Cuando no existían las cuevas había que vender el vino en las tres o cuatro semanas que duraba la vendimia y con las cuevas se consiguió conservar el vino en unas buenas condiciones de temperatura, entre 14 y 18 grados, lo que permitió al agricultor vender su vino cuando más lo interesaba”.

“Actualmente, cuevas que se puedan visitar en Tomelloso hay unas doscientas. Todas requieren un mantenimiento  y ventilación para evitar que no se condense la humedad”, ha seguido explicando Andújar que ha puesto en valor el trabajo de picaores y terreras para construir estas joyas del subsuelo de la ciudad. “Las mujeres en Tomelloso han trabajado tanto como los hombres, ya fuera vendimiando, en las cuevas o en otras labores del campo como la siega o la poda”.


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