Myriam M. Lejardi (Madrid, 1987) va a protagonizar un
encuentro literario este viernes en el Auditorio López Torres de Tomelloso. La
actividad abre las jornadas literarias que ha organizado la Biblioteca Municipal
con el título “Haz de la lectura tu crunch”. Se van a desarrollar durante todo
el fin de semana con el objetivo de acercar el mundo de los libros a los
jóvenes y fomentar su pasión por la lectura.
Myriam ha conquistado el panorama de la literatura juvenil
con su estilo fresco y versátil. Su trayectoria comenzó en el ámbito del
fanfiction, con Mortífago. En los últimos meses de 2020 publicó “Del amor y
otras pandemias”, cosechando un gran éxito entre el público. Le han seguido, “Prende
fuego a la noche” , “Cómo (no) enamorarse”, “Tres (no) son multitud”, “Hellfriend”
y “Misha Zhukov debe morir”, este 2025. Hablamos con la autora sobre su visión
de la escritura juvenil, los desafíos de conectar con el público adolescente y
su proceso creativo.
—El próximo viernes estará en Tomelloso en un encuentro
con jóvenes. ¿Cuál es el objetivo de esta cita?
—Voy a defender algo en lo que creo firmemente, la importancia de la lectura. Y
qué mejor que hacerlo con mis personas favoritas, que además es el público al
que me dirijo cuando escribo, los adolescentes y jóvenes de entre 16 y 18 años.
La convocatoria está pensada para ellos, y tengo muchas ganas de charlar,
escucharles y compartir.
—Como especialista en literatura juvenil, ¿qué debe tener
una historia para enganchar de verdad a los jóvenes?
—Lo primero es asumir, autores y editoriales, que los adolescentes son personas
muy listas y hay que tratarlos como tal. Pero, a la vez, hay que saber a quien
nos dirigimos. A veces se peca de condescendencia, y eso se nota. Ellos saben
detectar cuándo les hablan como si fueran tontos y lo rechazan. Hay que conocer
sus inquietudes y escribir desde ahí, siendo conscientes de que pueden entender
cualquier tema si se les presenta de la forma adecuada. La clave está en
hablarles de lo que les importa y hacerlo con respeto.
—Sus novelas han evolucionado desde mundos más
fantásticos a temáticas muy cercanas al día a día de los jóvenes, ¿cómo ha sido
ese salto?
—Ha sido de forma natural. Creo que alguien de 16 años puede leer La
Celestina y entenderla, pero es difícil que se sienta representado. En
cambio, si les hablas de cosas que les están pasando ahora —la búsqueda de su
independencia, las primeras decisiones vitales, las amistades que empiezan a
definirte o las primeras veces en el amor— conectas de otra manera. Para mí,
esa etapa en la que no eres ni niño ni adulto es fascinante y está llena de
conflictos interesantísimos para escribir.
—La literatura juvenil de antes solía tener un tono
aleccionador ¿cree que eso ha cambiado?
—Sí, afortunadamente. Antes, los libros juveniles iban casi siempre acompañados
de moralejas evidentes y un objetivo claro de formar al joven ideal. Ahora eso
está superado, o debería estarlo. Lo importante no es decirle al lector lo que
está bien o mal, sino crear historias que le hagan pensar y sacar sus propias
conclusiones. Otra cosa es tener cuidado con lo que se romantiza, como las
relaciones tóxicas, pero siempre dejando espacio a la reflexión.
—¿Recuerda el momento en que decidió dedicarse
profesionalmente a escribir?
—Fue algo gradual. Yo escribía desde hacía años y publicaba gratis en internet
mientras trabajaba como administrativa. Luego, tuve una lesión importante que
me tuvo de baja un año, aproveché el parón para escribir más y se empezaron a
abrir puertas. No fue un plan trazado, sino más bien una suma de circunstancias
que me llevaron a lanzarme a la piscina, aunque no supiera qué profundidad
tenía.
—¿Se siente afortunada de poder vivir de la escritura,
algo que no es fácil?
—Muchísimo. Es un privilegio, porque sé que la mayoría de escritores necesitan
otro trabajo para poder vivir. Cada día soy muy consciente de ello y no dejo de
agradecerlo.
—Se dice que para escribir bien hay que leer mucho, ¿qué
lugar ocupa la lectura en tu vida?
—Es fundamental. Me enfada cuando alguien que quiere dedicarse a escribir dice
que no lee. Leer es la base, la manera de aprender de otros, de entender los
tiempos de una historia, de mejorar como narrador. Y no solo leer libros:
consumir ficción audiovisual también ayuda a construir historias y a
desarrollar la mirada artística.
—¿Le ha tentado el mundo audiovisual?
Sí, y estoy muy contenta porque parece que hay proyectos en camino. Al final,
escribir guiones y escribir novelas es diferente, pero la esencia es la misma:
contar una historia y transmitir emociones. No creo que haya guerra entre lo
audiovisual y la literatura, al contrario, son aliados.
—¿Cómo valora el contacto directo con tus lectores en
charlas y encuentros?
—Es una de las cosas más bonitas de este trabajo. Al final, escribir es muy
solitario y estos encuentros te permiten ver a quién llega lo que escribes. No
es solo vender un libro, es hablar de creación, de historias y de lo que
significa escribir. Además, ese feedback es valiosísimo y siempre lo tengo en
cuenta.
—Por último, ¿en qué está trabajando ahora? ¿Algún
proyecto que pueda adelantarnos?
—Estoy con una nueva historia, diferente a mis dos novelas anteriores, que
tenían un formato de reality. Esta vez no va por ahí, pero creo que mantiene mi
sello. Todavía no puedo contar mucho porque ni siquiera lo hemos anunciado,
pero estoy muy ilusionada. Además, como decía, están surgiendo algunas
oportunidades en el ámbito audiovisual que ya veremos en qué quedan.
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Sábado, 29 de Marzo del 2025
Sábado, 29 de Marzo del 2025