Siempre
he concebido España como un espacio de libertad, derechos y obligaciones en el
que el Estado debe ser garante de igualdad de oportunidades para que el estatus
social o económico de la familia de nacimiento de una persona no determine su
futuro. Creo que el futuro se tiene que construir a base de trabajo y esfuerzo,
bajo el colchón de seguridad que permiten las pensiones, la educación y sanidad
públicas, así como el sistema de la dependencia. En resumen, los cuatro pilares
del llamado Estado del Bienestar.
Por
eso me afilié al Partido Socialista hace casi 3 décadas, porque pensé que era
el instrumento más útil para defender la IGUALDAD entre los seres humanos,
concebida como igualdad de oportunidades y basada en un sistema de reparto en
que quien más aporta es quien más tiene, y quien más recibe es quien más lo
necesita. Así de simple de enunciar y así de complejo de garantizar.
Comprenderán
ustedes que, siendo la primogénita de una familia de seis hermanos y hermanas,
con una madre autónoma y un padre trabajador por cuenta ajena que trabajaba
todos los días de su vida, la cosa daba para lo justo. Mis padres trabajaban ‘como
mulas’ para ofrecernos las mejores oportunidades, pero estas no hubieran sido
posibles sin la educación y la sanidad públicas. Simplemente porque el trabajo
y el esfuerzo no son siempre sinónimo de riqueza.
Pues
bien, como decía, comprenderán ustedes que estaba abocada a ser una defensora a
ultranza de la igualdad de oportunidades, esas que me habían dado la
posibilidad de ser lo que soy, y entendí que había sido el Partido Socialista
el gran “constructor” de ese modelo en España, mi querido país.
Sigo
pensando igual, la edad no me ha hecho cambiar; creo en un modelo en el que
quien más aporta es quien más tiene, y quien más recibe es quien más necesita.
Y esto es aplicable a las personas y a los territorios. Más que nada porque
quienes pagamos impuestos y quienes recibimos servicios somos las personas. Por
eso, cualquier modelo tiene que pensar siempre en las personas.
La
pregunta sería: ¿Cómo se encaja esta idea si 3 pilares del Estado del Bienestar
dependen de las comunidades autónomas?
La
respuesta teórica es sencilla: con una financiación justa, suficiente y basada
en la equidad, por lo que introducir elementos como la ordinalidad como
condición sine qua non es disruptivo con el modelo que defiendo.
Ordinalidad proviene de orden, que en este contexto significa respetar el orden
en el que se contribuye para recibir financiación, es decir, recibe más quien
más aporta, no necesariamente quien más lo necesita. Y yo, señores y señoras,
por ahí no paso.
Esto
es dar en la línea de flotación de lo que defendemos quienes nos consideramos
socialdemócratas, por eso estoy con Emiliano García-Page en su defensa de un
sistema justo y garante de la igualdad de oportunidades de todas las personas,
con independencia de donde vivan dentro de nuestro país. Por eso, rechazo el
concepto de ordinalidad como condición previa.
Hay
quienes critican mucho a Page porque con este nuevo sistema Castilla-La Mancha
no sale mal parada, pero es precisamente esto lo que le da aún más legitimidad
para hablar, porque no lo hace desde el interés, si no desde la convicción de
que todas las personas tienen derecho a ser tratadas como ciudadanía de
primera, vivan donde vivan. Es decir, en defensa de la igualdad.
Recientemente he escuchado a nuestro presidente Emiliano García-Page decir: “me siento orgulloso de representar una tierra que invierte más en quienes son más vulnerables”. Lo decía a colación de nuestra magnifica posición en el ranquin de atención a personas mayores en residencias. Pues bien, esa frase me representa y, como a mí, creo que a la mayoría de castellanomanchegos y castellanomanchegas.
Blanca Fernández Morena
Vicesecretaria general de la Ejecutiva Provincial del PSOE de Ciudad Real
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Jueves, 15 de Enero del 2026
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