Lluviosa y fría está la
tarde víspera de la fiesta de San Antón, este fin de semana nos toca honrarlo y
celebrar su fiesta de hogueras y buenas compañías.
Trae Ciri una bolsa de papel
muy cuidada que deja obre la silla sobrante de nuestra mesa, imagino un elemento
para algún recado posterior al café. En la tarde fría de enero se percibe al
sol mantenerse unos minutos más. Esto me recuerda el refrán: “Para San Antón de
enero camina una hora más el arriero” o el otro “Para San Antón las cinco y con
sol”.
Hasta el café saluda más
alegre con el olor y el vapor extendido por la estancia. Mi amigo no
desaprovecha el momento, no quita ojo al servicio pulcro del camarero.
El encuentro marcha de buen
talante compartiendo la amistad que nos une y la confianza de poder expresar
sin componendas nuestras opiniones, estamos muy lejos de la polarización tan de
moda en nuestras sociedades del siglo XXI.
La bolsa que traía Ciri permanece
paciente en la silla hasta que terminada la magdalena, intenta abrirla,
pero detiene en el último momento el
gesto en su lugar, me comenta a modo de pregunta retórica:
—¿Me tomarías en serio si te
dijera que existen entes, mentalidades, modos de ser, que repiten su
encarnación en personas en distintas épocas y lugares?
—Claro que te tomaría en
serio porque eres mi amigo y los amigos se respetan siempre, aunque cambien de
ideas. A la vez pensaría que te has convertido al Hinduismo o Budismo.
—Continúo en la misma
religión de toda mi vida, aún así estoy convencido de que en nuestro mundo se repiten comportamientos en personas
y estas en sociedades con los mismos parámetros a mucha distancia temporal y local.
Ahora sí, sin mediar más
palabras Ciri acerca hacia él la bolsa de papel y extrae varios libros que
extiende por la mesa: “Tres pistoleros”, “Tributo a un cuatrero”
“Jinete solitario” “Herencia de plomo”.
Se me iluminan los ojos al
ver los títulos, conozco bien al autor: Marcial Antonio Lafuente Estefanía. He
leído infinidad de novelas suyas en mis tiempos jóvenes. Ciri aguanta el tipo
callado mirando alternativamente los libros y mi cara.
—Uno de sus personajes
famosos era un pistolero ¿te acuerdas de algunas características del
protagonista? —me pregunta.
—Desde luego que sí, te
enumero: Alto (unos “seis pies”, en ocasiones más), muy rápido con las
pistolas, altivo, enamoraba con una mirada electrificaste a las chicas, tomaba
parte en todos los “fregaos” propios y ajenos, siempre ganaba en los duelos con
forajidos o cuatreros, el que mejor imponía la ley, la gente se aparta a su
paso, andaba muy erguido, muy orgulloso, cuando fumaba encendía el fósforo con
un rasque seco en la pernera de pantalón.
—Vale, vale. Es Suficiente,
ya veo que has leído muchas novelas de Estefanía. Ahora si sintetizas esos
datos y los imaginas vivientes en un personaje de nuestro tiempo a quién te
recordaría —pregunta mi compañero con avidez de respuesta certera.
—Pues no sé…,
—Piensa, amigo: Oeste Americano,
personaje alto, muy presumido, amante de espectáculo de masas, altanero, quiere
imponer su ley, se cree gracioso con palabras y expresiones corporales… en
ocasiones ridículas.
—Ciri, ya caigo, no me digas
que es el individuo que estoy pensando —me asalta una carcajada incontenible
viendo la expresión del compañero y relacionando los epítetos referentes al
pistolero de Marcial Lafuente.
—Pues claro que sí, es la
personificación en la actualidad del personaje más temido y el más odiado por la gente de bien y de mal. Menosprecia
de obra y palabra, humilla, ridiculiza sin importarle quien. Se siente como
juez supremo dictando leyes a su antojo, saltándose las legislaciones de las
naciones. El denominador común de su actividad es el con junto de sus intereses
crematísticos. Este era ciertametne el motivo de la pregunta sobre la
reencarnación de comportamiento que te hice antes.
—Hay alguna diferencia
sustancial, —aclaro al amigo— los relatos de Marcial Lafuente era frutos de su
capacidad narrativa e inventiva junto a una imaginación prodigiosa y un trabajo
ímprobo durante toda su vida.
—Pues ahí esta lo
interesante que, a mi modo de ver, el comportamiento del personaje a que nos
referimos sin mentarlo quiere emular a aquellos protagonista del Lejano Oeste
del siglo XIX.
Qué imaginación tiene este
Ciri para inventar y sacar leche de una alcuza. Aunque bien pensado y
“salvandum salvandis”, es decir desechando lo innecesario podría haber muchas coincidencias
en su propuesta.
La presencia del camarero
con las copas nos desvíala conversación hacia los años antiguos y la fiesta de
San Antonio Abad, las luminarias, el “puñao” y mil recuerdos afincados en la
memoria.
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Sábado, 17 de Enero del 2026
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