El periodismo también puede ser un acto de escucha. Y eso
fue lo que ocurrió el pasado lunes en el Taller de Alfabetización de AFAS,
cuando nuestro compañero Francisco Navarro cambió el teclado o la libreta por
la cercanía. Allí surgió una conversación sencilla y profunda sobre algo que a
todos une, la Feria de Tomelloso.
No hubo prisas ni titulares impostados. Se evocaron churros,
música, luces, recuerdos compartidos y una ilusión sincera por verse reflejados
en las páginas (virtuales en este caso) de un periódico.
La feria que vive en cada uno
Isabel, Ramón, Belén, Mari Luz, Antonio Madrid, Matilde,
Julio, Pilar, Ana Belén, Vicente Díaz y Vicente Márquez hablaron con el
periodista de lo mejor —para cada uno— de la feria.
Francisco lanza la pregunta, “¿Qué es lo que más te gusta de
la feria?”, y las respuestas empiezan a brotar con naturalidad. “Cuando se
encienden las luces, ya sabes que empieza lo bueno”. O también, “a mí me gusta
pasear y ver a la gente, saludar, sentir el ambiente”.
Hay quien piensa en los conciertos, “dile al alcalde que traiga
a Bisbal”, o en los regalos, esos que se guardan como un tesoro. La pólvora,
cómo no, también está presente en las respuestas, ese sonido que anuncia que la
feria no tiene vuelta atrás. Hay quien coincide en que lo importante es el
bullicio y ver a la gente pasar sentados en un banco.
Por supuesto, la ofrenda a la Virgen —vaya momento— o ir a
ver las actuaciones de la plaza. El reencuentro, ver a los amigos, las procesiones,
ir al baile del vermut. En fin, a todos y todo ese momento mágico en el que el
pueblo parece latir al mismo ritmo (aunque alguna haya preferido no hablar al
micro).
Cada respuesta es distinta, pero todas forman una misma
historia.
El periodismo como puente
Pero antes, Navarro contó en qué consiste su trabajo
mostrándoles la grabadora, el micrófono, la cámara. Sus herramientas. Y leyó un
relato escrito para la ocasión, “Siete días llenos de magia”, que recoge el leitmotiv
de la tarde, la feria, la pólvora, los churros, la música… y, sobre todo, las
personas.
El taller, que semana tras semana desmenuza literatura,
poesía y narrativa junto a autores del grupo En Notas Violetas, se convirtió
en una improvisada redacción, donde las palabras nacen de la vida cotidiana.
Una tarde para recordar
La conversación fluye, se ríe, se pregunta, convirtiendo la
tarde en algo especial. Como colofón, Ramón entrega a Francisco un regalo
cargado de significado: un autorretrato del periodista pintado por él mismo. Un
gesto sencillo y enorme a la vez.
Nada de esto sería posible sin el impulso constante de María
José López y Teresa Paraíso, que dinamizan el taller y lo sostienen cada semana
con dedicación y cariño.
Porque hay historias que no necesitan grabadora. Basta con
saber escucharlas.
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Jueves, 29 de Enero del 2026
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