Tomelloso

Hilario Martínez: “En lo cotidiano es donde están las emociones más intensas”

El joven cineasta tomellosero estrena “Lo que me falta por contarte”, un cortometraje íntimo y desnudo que podrá verse todos los jueves de febrero en Beat Wines

Francisco Navarro | Miércoles, 4 de Febrero del 2026
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Cualquier excusa es buena para volver a charlar con Hilario Martínez. Y si es un estreno, mejotodavía. El joven cineasta manchego —joven en edad, pero con una madurez poco común en su mirada y en su discurso— presenta “Lo que me falta por contarte”, un cortometraje rodado desde la esencia, sin artificios y con el corazón en primer plano —y que tuvimos la suerte de poder admirar—. Lo hará en Beat Wines, todos los jueves de febrero, entre las ocho y media y las nueve y media de la noche. Hablamos con él de cine, de emociones, de apagones y de la necesidad —siempre urgente— de hablar.

—“Lo que me falta por contarte” es un título muy sugerente. ¿Qué se esconde detrás?

—Es el último proyecto que he hecho en Toledo junto a Carmen Giménez y Lucía Moreno, las dos actrices protagonistas, y con Mario Gómez ayudándonos a nivel técnico. Pero, sobre todo, es un corto que me ha dado una lección muy grande. Me ha hecho volver al origen, a esa forma de rodar más libre, más instintiva, más honesta.

—¿Cuál es esa lección?

—Siempre recuerdo una frase de Manuel Martín Cuenca que escuché en el Festival de Cine de Toledo: “cada director tiene su forma de dirigir”. Durante mucho tiempo pensé que mi manera de trabajar —estar prácticamente solo, con alguien ayudando y las actrices— no era “correcta” porque no era lo convencional. Este corto me ha enseñado que lo convencional muchas veces no deja de ser una limitación.

—De hecho, el rodaje fue casi una declaración de intenciones, ¿no?

—Totalmente. Es un corto de 12 minutos rodado en un solo día, sin claqueta, sin storyboard, sin tecnicismos. Solo con un guion que era una herramienta, no una ley inamovible. Yo me he dado cuenta de que lo que me gusta es crear atmósferas, generar sensaciones en el momento del rodaje.

—¿Sigue el guion al pie de la letra?

—Para mí no es algo sagrado que no se pueda tocar. Hay gente que piensa que cualquier cambio va a estropear la historia, y yo creo justo lo contrario: lo importante es crear una sensación, porque la historia, al final, se va a contar igual.

—En este caso, tengo entendido que la historia parte de algo muy cotidiano…

—Exacto. Parece la historia normal de dos hermanas que se reencuentran, pero poco a poco se ve que hay mucho más detrás. Todo empieza con el apagón del pasado año. Dos hermanas que viven juntas, pero realmente no conviven. Cada una va a su bola. El apagón las obliga a parar, a hablar, a ayudarse. Y muchas veces eso es lo que nos falta: hablar.

—Su cine siempre tiene una carga humana muy fuerte, ¿no es así?

—Porque yo creo que en lo cotidiano está lo real. Ahí están las emociones más intensas. Cada uno vive las cosas dentro de su universo, y aunque las historias sean pequeñas, las emociones son universales. Da igual que no hayas vivido exactamente lo mismo: si ves una emoción sincera, conectas.

—¿Diría que su cine se acerca casi al documental?

—Sí, cada vez más. Me gusta narrar la verdad, contar cosas humanas, situaciones posibles. No soy de grandes historias enrevesadas. Mi juego está en llevar la ficción a lo más humano, lo más realista y lo más cotidiano.

—Ese camino también lo está siguiendo el nuevo cine español…

—Totalmente. Hay películas recientes que son retratos de situaciones, de momentos, y te dejan tocado. No hablan de grandes epopeyas, sino de emociones. Yo me nutro mucho de ese cine porque es el que me gusta.

—¿Estamos saturados de grandes historias imposibles?

—Un poco sí. Aunque a todos nos gusta desconectar con ciertas películas, estas historias pequeñas llegan al alma. Son como esas canciones atemporales, no mueren porque hablan de cosas que nos atraviesan siempre.

—El corto se proyectará en Beat Wines durante todo febrero.

—Sí, todos los jueves de febrero, de ocho y media a nueve y media de la noche. Puede venir quien quiera. Son doce minutos y ojalá sea una experiencia bonita. Me apetece mucho el feedback y creo que también se va a notar mi evolución, no solo mía, sino también el trabajo impresionante de Lucía y Carmen. Además, fue muy bonito descubrir que ya se conocían y que incluso habían interpretado a hermanas en teatro.


—Este tipo de proyectos no salen adelante solos…

—Para nada. Hay mucha gente detrás. Empresas que apoyan y personas como Mari Carmen Yñebenes, que fue profesora mía y siempre está ahí. Sin ellos, sin Beat Wines, El Café de la Glorieta, Verum, Mondema, Blume, La Bella Buhardilla, Keisho, el Estudio de Danza de Lidia Gorrachategui y Kopi los proyectos no salen adelante. Les debo muchísimo.

—¿En qué momento vital y creativo se encuentra ahora?

—Después de una racha complicada, tanto personal como artísticamente, estoy escribiendo un nuevo proyecto. Un largometraje. Drama, claro, eso no lo suelto. Historias cotidianas, vidas, cosas que duelen. Ojalá salga. Es un proceso largo, hay que vivir, escribir, buscar financiación… pero estoy ilusionado.

—¿Está contento con el resultado de “Lo que me falta por contarte”?

—Mucho. Quería salir de mi zona de confort, probar otro estilo: plantar la cámara y dejar que pasen cosas. Y lo he conseguido gracias, sobre todo, a la conexión con las actrices. Se creó una atmósfera preciosa. Estoy muy contento.

—Uno de sus trabajos más reconocidos es El fresco, con el que ganó el primer premio de Cultura Inquieta. ¿Qué lugar ocupa hoy ese corto en su trayectoria?

El fresco fue un antes y un después para mí. No solo por el premio, que evidentemente te da visibilidad y te anima a seguir, sino porque fue la primera vez que sentí que había contado algo muy mío y que eso había conectado con la gente. Era una historia muy sencilla, muy cotidiana, pero ahí confirmé que no hace falta irse muy lejos para emocionar, que lo importante es cómo miras lo que tienes cerca. Con el tiempo le tengo mucho cariño, porque fue el corto que me hizo confiar en mi forma de contar las cosas y en ese camino más humano y más honesto que sigo explorando ahora.

—Para cerrar, ¿algo que quiera destacar?
—Este año he sido jefe de producción en el Festival de Cine de Toledo y en el CIBRA, y voy a seguir trabajando en distintos proyectos, en diferentes roles. Y ojalá pronto pueda contaros más sobre ese largometraje.

Hilario Martínez

Cineasta y escritor nacido en Tomelloso, Hilario Martínez ha construido una obra marcada por la mirada íntima y el apego a lo cotidiano. Su cine, cercano al documental y alejado del artificio, indaga en las emociones contenidas y en los silencios que definen las relaciones humanas. Reconocido por cortometrajes como El fresco —primer premio de Cultura Inquieta— y No hay más, y por el largometraje Ginebra, su filmografía apuesta por un realismo honesto y emocional. Paralelamente, ha desarrollado una faceta literaria con las novelas Adiós (2021) y Un pequeño cineasta entre una lucha de gigantes (2022), donde prolonga las mismas obsesiones temáticas. Ha trabajado también en producción y gestión cultural, vinculado a festivales como el de Cine de Toledo o el CIBRA. Su obra confirma a un autor que filma y escribe desde la verdad, con la convicción de que lo pequeño también puede ser inmenso.


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