Resoplando entra Ciri hoy en la cafetería. Con una mano se sujeta la boina, bien ajustada a la cabeza.
El viento ha emprendido una
cruzada contra las personas y los árboles, los mueve como muñecos de guiñol.
Me río al verlo y le comento
si se ha colocado a rosca el birrete ya que le roza el borde las cejas.
Ha tenido que repeinarse con
las manos una cabellera todavía abundante, el resultado es parecido al final de
una tormenta en un trigal.
Qué bien cae esta tarde el
café con leche bien caliente, nos entona en un santiamén y brotan al instante
las ganas de conversar. Miro al compañero goloso abrazando con los dedos la
magdalena y le comento:
—Ciri, ¿has tenido la
experiencia de ver como normal algo que al
principio te sorprendió y que con el tiempo y las repeticiones se convirtió
en rutinario y como establecido de antemano?
—No termino de captar lo que
quieres decirme, pon un ejemplo, por favor —responde mi amigo limpiándose las
manos en una servilleta con la inscripción: “Nada nuevo bajo el sol”.
—Imagínate que instalan un puesto de churros en la plazoleta de tu
casa, los primeros días te sorprendería, la observarías, la visitarías, eso
seguro… pero transcurrido un tiempo, por resultarte habitual, te habrías
acostumbrado a su presencia.
—Ya te entiendo. Se trata de
algo que al ser repetitivo, pierde la novedad —responde Ciri con gestos de
pensador.
—Lo has comprendido
perfectamente. Ahora dime si estos dos titulares te parecen normales —conecto
el móvil busco la página del periódico digital La Voz de Tomelloso y se la
muestro: “Tomelloso se moviliza contra el cáncer con la inauguración del
Rastrillo Solidario de la AECC”. “El
Café Solidario de Manos Unidas abre en Tomelloso la LXVII Campaña contra el
hambre”.
Fija la vista con las “gafas
de leer” y responde:
—Totalmente normales, yo
añadiría que muy elocuentes y certeros, su sola lectura te da una idea de la
noticia, cosa que no pasa en otros diarios digitales, donde el periodista marea
la perdiz sin explicar nada.
—Pues no te deberían parecer
“normales” —lo incito con voz tajante.
Mi amigo detiene la taza en
el aire presta para el trago, me mira de reojo con el empeño de descubrir qué
le estoy ocultando; se toma unos segundos, disfruta del sorbo y responde con
calma:
—Ilumina esta mente obtusa,
oh gran maestro de las ciencias arcanas, y saca del atolladero con tu verbo
fluido —apunto está de iniciar la risa, pero se contiene a duras penas.
—El asunto es muy serio y
triste. Los titulares son como los has definido, en eso estoy de acuerdo, pero
vete al mensaje que están dando: Una Asociación y una ONG removiendo a las
personas y sus conciencias para conseguir sus objetivos de modo altruista: Mantener
viva la lucha contra el cáncer apoyando la investigación. La otra, unir a las
personas para erradicar el hambre en el mundo; ya sesenta y siete años.
—Ciertamente, así es. Sigo
sin comprender el porqué siendo repetitivo se hace normal como me indicabas
hace un rato.
—A donde quiero que
lleguemos es a observar que nos parece normal concienciar a la sociedad en la
investigación para la salud, del mismo modo que para erradicar el hambre en el
mundo, cuando esos dos objetivos estaban recogidos en la Declaración Universal
de los Derechos humanos.
—No había relacionado nunca
estas ideas. ¿Podrías aclararme más?
—Con mucho gusto te recuerdo una cita histórica: El día diez
de diciembre del año 1948 en una Asamblea General de las Naciones Unidas
celebrada en París, se hizo la declaración que ha sido importantísima para la
Historia de la Humanidad y que es materia de enseñanza en la asignatura de
Ética en institutos, además de iluminadora en muchas constituciones sociales.
—Conforme vas hablando voy recordando
esos detalles —expresa como para sí mismo haciendo memoria el compañero.
—Son treinta enunciados que
recogen los derechos básicos e inalienables de cualquier ser humano, sin
importar raza ni religión ni credo político, por eso se llaman “universales”.
Te recuerdo el que me parece más apropiado en el caso que nos ocupa, se cita en
el nº 25. NIVEL DE VIDA DIGNO: Salud, alimentación, vivienda y
vestimenta. Más claro imposible. Son los gobiernos de cada nación los
responsables directos de que estos derechos humanos se cumplan, de tal modo que
relegar esas obligaciones a Asociaciones y ONGS es una de las mayores
injusticias que pueden sufrir los ciudadanos.
—Te añado que es digna de
alabar la labor de esas personas voluntarias poniendo trabajo, ideas, ilusión y muchas ganas de
hacerlo bien en favor de sus semejantes.
—Coincido contigo, querido
Ciri, y completo, es hora de que no veamos como normal lo que es obligación en
justicia de los gobernantes. Que haya
quienes los sustituyen, como ocurrió en los siglos XIV y XV con el surgimiento
de las hermandades, ahora casi exclusivamente religiosas, no minimiza la
responsabilidad que conllevan.
Se silencia mi amigo
meditando este tema tan importante. Mueve la cabeza asintiendo, creo que
reafirmando lo que piensa, me mira como pidiendo mi consentimiento y dice:
—Se me ocurre que podemos
repetir lo que hemos hecho otras veces, donar cada uno a las entidades
mencionadas el coste de nuestra merienda añadiendo un pellizquito más de la
cartera.
—No podría estar más de
acuerdo contigo y de nuevo te insisto con una de mis convicciones: “Para hacer
caridad, exigir justicia”.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Sábado, 7 de Febrero del 2026
Sábado, 7 de Febrero del 2026
Sábado, 7 de Febrero del 2026
Sábado, 7 de Febrero del 2026