Opinión

Nuestra vida debe estar animada; por el dominio de sí y la modestia

Víctor Corcoba Herrero | Domingo, 8 de Febrero del 2026
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Nadie me negará que las legumbres, sean un alimento noble, con un enorme potencial para reforzar nuestros andares. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y reconstituyentes, que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas”.

Hay que bajarse de los pedestales mundanos, si en verdad queremos ascender, purificarnos y transformarnos; sustentando y sosteniendo ese inherente poema perfecto, que todos añoramos mar adentro. La cuestión no es nada fácil, es cierto; requiere de nosotros un espíritu de servicio, a través del cultivo de los frutos del verso y la palabra, que salen del corazón y no tanto de los labios. Quizás sea saludable, dejarnos llevar por nuestros latidos internos, previo escucharnos mutuamente con paciencia y moralidad. Tampoco podemos seguir engañándonos, vertiendo mentiras que nos entierran en vida, de modo desesperante. Necesitamos ser más afables con nosotros mismos y más bondadosos con los demás. Será un buen complemento de sabiduría alcanzada.

Reconozco lo difícil que es el dominio de uno mismo a la hora de transitar por este mundo tan injusto, en demasiadas ocasiones. Ojalá aprendamos a desprendernos de lo mundano, para abrazar el tesoro de la inspiración del verso; pues, sólo así, reconquistaremos el hallazgo de lo que somos y la verdad de lo que hemos de conjugar, con la gracia de sentirnos amados y queridos entre sí. Quizás lo podamos descubrir en las legumbres, un alimento noble con enorme potencial de aliento, para reforzar la seguridad alimentaria a nivel mundial. Justamente, en estos días y a raíz del éxito cosechado con motivo del Año Internacional de las Legumbres en 2016,  de cuya celebración se encargó la FAO y que, aún ahora se encumbró mucho más esta festividad, por parte de la Asamblea General de la ONU

A mi juicio, la celebración de esta fecha (el 10 de febrero), no sólo representa una oportunidad única para sensibilizar a la opinión pública sobre las legumbres y el papel esencial que desempeñan en la transformación hacia unos sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos y sostenibles con miras a una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás. Pero, junto a esto, que me parece muy significativo para repensarlo, yo igualmente añadiría, el papel trascendental de las mujeres rurales en la producción y distribución de alimentos a través de mecanismos cooperativos que, primordialmente, encuentran su fundamento y valor en el amor al prójimo y en el trabajo mancomunado del cooperativismo. 

Nadie me negará que las legumbres, sean un alimento noble, con un enorme potencial para reforzar nuestros andares. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y reconstituyentes,  que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas. En consecuencia, son todo un referente a considerar; porque su propia atmósfera es capaz de unirnos y de reunirnos, alrededor del calor hogareño, desarmando además la envidia, que por lo general hace a las personas indignas. Por ello, es de agradecer a ese olvidado mundo rural que, aunque el suelo sea pobre, ellos continúen sembrando semillas en abundancia para poder obtener cosechas modestas.

Mi aplauso hacia estas gentes que repueblan los poblados olvidados de simientes, que se afanan por cultivar la tierra sin dañarla, de manera que podamos participar sus frutos, pensando no sólo en nosotros mismos, sino también en las generaciones que nos sucederán. Aparte de que, consumir dietas saludables, debería ser un derecho universal. Marchemos juntos con ilusión. Imitemos los actos buenos de esos habitantes del campo que no renuncian a su misión, a pesar de los mil pesares que soportan con el cambio climático y con la egoísta actitud de los avasalladores. Apreciemos su trabajo de reanimarnos solidariamente, ya que todos formamos parte de la casa común, donde debe haber sitio para todos, sin descartar a nadie. Seamos vigorosos y resilientes, pues, como las legumbres.

 

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