Opinión

Gavillas y gavilleras

Joaquín Patón Ponce | Lunes, 9 de Febrero del 2026
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Si cualquier persona, hace cincuenta años, se diera un paseo por las inmediaciones de Tomelloso, es posible que observase, junto a las casas de campo y los bombos, unos montones de leña.

Acercándose un poco más, comprobaría que los montones estaban formados por cepas arrancadas de la tierra y sarmientos.

Las cepas estaban amontonadas de forma ordenada, formando un cuadrado. Los sarmientos, también colocados ordenadamente, formaban un cilindro.

Estos montones de leña apilada ordenadamente eran las “cinas” de cepas y de sarmientos. Los “pichuleros” no tenían más leña para calentar las casas de campo que estos restos de poda o de arranque de cepas viejas.

Si se observaba el campo, se podía ver, junto a un albergue bien cuidado, una cina de cepas y otra de sarmientos. Esto era señal inequívoca de que el propietario era un pichulero de nivel medio-alto.

Los agricultores de Tomelloso tenían bastante alejadas de la población casi todas sus propiedades. Con carros tirados por mulas, diez, quince o veinte kilómetros es una distancia muy grande. Es por ello que se vieron obligados a construir bombos donde refugiarse ellos y sus animales.

Tanto en invierno como en verano, un hombre que trabaja en el campo necesita alimentarse bien. Tuvieron que aprender a cocinar.

Esta tierra en la que se encuentra Tomelloso es dura y tiene un clima aún más áspero y extremado. Con una cina de cepas y otra de gavillas de sarmientos tenían que autoabastecerse para calentar la casa de campo y cocinar todo el año de quintería.

En la casa del pueblo, más de lo mismo: una gavillera y un montón de cepas partidas tenían que dar calor y fuego para cocinar todo el año. Tendremos en cuenta que los muros de la casa del pueblo eran de un grosor aproximado de 50, 60 ó 70 cm.

Las casas de los agricultores tomelloseros tenían casi todas bodega-cueva. Tras bajar quince o veinte escalones, en la mayoría de estas cuevas habían excavado una alacena en una de las paredes laterales.

En la alacena hacía una temperatura algo más fresca durante el tórrido verano manchego, la cual ayudaba en la conservación de alimentos.

Los gruesos muros de tierra aislaban de forma algo especial la vivienda del frío o del calor exterior.

Los bombos son una estancia fresca. En el cálido verano manchego, el termómetro, cerca de mediodía, sube con facilidad hasta 40 grados.

Bien, pues en el interior de estas (aparentemente toscas) construcciones hechas con piedra seca, el termómetro sube muy poco de los veinte grados en un día de verano.

Hemos visto cómo solucionaban los agricultores de Tomelloso el problema, no pequeño, de calentar en invierno y refrescar un poco en verano sus viviendas, tanto en el campo como en la población.

Además, ahora ya sabemos para qué servían los montones de gavillas y cepas que se hacinaban tanto en el campo como en la parte más interior de la casa en el pueblo.

Los gastos por los servicios anteriormente citados eran muy pequeños; tampoco era muy grande el recibo de la electricidad, pues con ocho o diez bombillas les bastaba para alumbrar la vivienda.

Sesenta años atrás, los agricultores tomelloseros, con tesón e imaginación, hacían llevaderas las duras condiciones de trabajo en esta parte de la llanura manchega. Este es, sin duda, uno de los lugares con condiciones climáticas más extremadas que se pueda encontrar.


Breve diccionario de palabras y expresiones tomelloseras que hay en este escrito

  • “Cina”: Esta debe ser un localismo procedente de “hacin ar”, que es hacer un montón de objetos colocándolos ordenadamente.
  • Gavillera: Solía estar ubicada en la parte más interior de la casa. Era una pequeña estructura en donde se colocaban, un poco elevadas del suelo, las gavillas que consumía la familia en un año.
  • Gavilla: Grupo de 15 o 20 sarmientos, colocados los troncos en un extremo y las puntas en el otro, atados en el extremo en que se encontraban los troncos con un sarmiento también, y en el otro extremo se le hacía una moña.
  • Pichulero: Pequeño o mediano agricultor tomellosero que tenía las propiedades más o menos justas para trabajar todo el año en sus tierras.

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