“Todos
estamos en el pozo negro, pero algunos miramos al cielo, buscando nuestra
propia estrella y soñando dulcemente con el soplo de las ilusiones. Sigamos
esos pasos, los de la concordia, aunque nos pongan zancadillas a diario.
Aplacarse y donarse es la gran tarea humanitaria pendiente”.
Es cierto que quien espera, puede caer en la desesperación;
pero siempre es mejor viajar lleno de sueños, aunque sea un riesgo que hemos de
correr, que caminar sin ansia, pues sería como morirse en espíritu. Lo
sustancial radica en activar los latidos, convirtiendo el pulso en una comunión
de sinceros abrazos, para poder transformar las ofensas en clemencia, el
sufrimiento en consolación y los sanos propósitos de perseverancia en obras
caritativas. De hecho, la misma naturaleza que nos acompaña y acompasa, tiene
un estilo sorprendente que debe forjarnos a hacer pausa, al menos para
reflexionar e iluminar las conciencias de ese bondadoso innato sentido natural,
para que podamos gestar un porvenir que nos vincule y fraternice en calor de
hogar.
Hay nubes, pero también claridades; como igualmente hay
penas sobre un cielo azul, pero además un poema de anhelos, dispuesto a
esclarecer la noche para renacer en un esplendoroso día, contra nuestra
desolación. Desde luego, hay que levantarse siempre y renacer cada jornada, con
la confianza repuesta y la expectativa cargada de positivismo. La indiferencia
no es humana, somos gente de palabra y corazón, a ejercitar con el prójimo. Con
ellos y por ellos, hemos de palpitar de modo perseverante en la entrega de un
nosotros; además de hacerlo, por los injustos, para que modifiquen sus
actitudes y encuentren la paz. Entre tanto, con la certeza de que ya nos hemos
globalizado, nos resta hermanarnos a la vida que somos y al verbo que
conjugamos, como latido de benevolencia.
Cultivemos el esfuerzo cada instante, sin que nadie quede
fuera de juego. El mundo es de todos y de nadie en particular. Lo que no puede
suceder a estas alturas del camino, que se pongan en riesgo los servicios
esenciales o el sistema de alimentos, en cualquier parte del planeta, y siempre
afecte a los grupos más vulnerables. Demos albor a los que caminan entre
sombras y, la alegría, secará las lágrimas vertidas por doquier. No olvidemos
que todo se restaura por el auténtico amor, sin apenas hacer ruido alguno, pero
lleva consigo una existencia entregada. Sin exhibiciones terrenales, ni tampoco
intereses mundanos, dejémonos alimentar y alentar por esta unión de
percusiones. Luego, hagamos recogimiento y mantengamos la autocrítica; sólo
así, podremos discernir con sabiduría y prudencia.
Evidentemente, la visión contemplativa es esencial para
describir y descubrir, lo que está sucediendo en este orbe que nos atraviesa y
nos apresa con su abecedario de contrastes entre las tinieblas y la luz. Es
verdad, que de un tiempo a esta parte,
la violencia parece ser nuestro lenguaje. Con esta atmósfera de hostilidad en
el horizonte, desbordada por la polarización política, las presiones económicas
y sociales, la amplificación de la ira a través de las redes sociales y la
disminución de la confianza en las instituciones públicas, cuesta mucho
atenderse y entenderse; pues ya no se trata de una confrontación de ideas entre
análogos, lo cual es normal y forma parte de la diversidad, sino de una
verdadera lucha de identidades, no respetuosas con el pensamiento de los otros.
Ahora bien, que estemos preocupados y ocupados en salir de
la incertidumbre y del miedo, no debe significar que todo está hundido, también
en cada sollozo debe perdurar una expectativa, pues es la savia misma
amparándose. Todos estamos en el pozo negro, pero algunos miramos al cielo,
buscando nuestra propia estrella y soñando dulcemente con el soplo de las
ilusiones. Sigamos esos pasos, los de la concordia, aunque nos pongan
zancadillas a diario. Aplacarse y donarse es la gran tarea humanitaria pendiente.
Seguramente, entonces, nos reencontraremos mutuamente. Será, por distintas
sendas, pero ya no estaremos distantes, porque habremos sabido escuchar el
dolor ajeno y liberarnos interiormente del engaño de la intimidación.
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Domingo, 15 de Febrero del 2026
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