A sus 40 años, Manuel Fuentes ha sido distinguido con uno de
los mayores reconocimientos que puede recibir un investigador joven en España.
Ingeniero aeronáutico, doctor en Ingeniería Aeroespacial y fundador de Cisneria
Engineering, su trabajo ha contribuido a optimizar sistemas complejos como el
transporte aéreo y ferroviario.
Nacido en Tomelloso, Manuel Fuentes estudió Ingeniería
Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Madrid y se doctoró en Ingeniería
Aeroespacial en la misma institución. Su tesis, centrada en la planificación y
gestión de operaciones en logística del transporte, le valió importantes
reconocimientos nacionales e internacionales.
Fundador y director de Cisneria Engineering, empresa
especializada en herramientas de optimización para la toma de decisiones, ha
recibido el Premio Joven Investigador del Congreso de Ingeniería del Transporte
(2018), el Premio Abertis y el Premio Innovación Aeronáutica en 2021, además
del Premio a la Mejor Iniciativa Empresarial en Alcalá Emprende. El pasado 3 de
febrero sumó a esa trayectoria la medalla Juan López de Peñalver de la Real
Academia de Ingeniería. En 2022 fue el Pregonero de la Feria y Fiestas de
Tomelloso
—¿Qué ha supuesto para usted esta distinción?
—La verdad es que me hizo una ilusión tremenda. Para mí,
desde luego, es un honor enorme. Lo considero el clímax en lo
científico-técnico, probablemente es a lo máximo a lo que podía aspirar por
edad y por dedicación. Ahora estoy centrado puramente en la empresa, así que lo
veo como un broche muy agradable para cerrar simbólicamente esta etapa a mis
cuarenta años.
—¿A quién le dedica la medalla?
—Se la dedico a mi familia, que me ha apoyado siempre. Al
final, sin su apoyo, todo esto no se hubiera dado.
—Desde fuera, su trabajo puede parecer casi inalcanzable
para quienes no dominamos las matemáticas…
—Entiendo que se vea así, pero yo soy simplemente un
profesional que ha consagrado su vida a esto. Si me ponen a hacer otra cosa
completamente distinta, probablemente no tendría ni idea. Esto es cuestión de
dedicarte a ello, estar muchos años trabajando, muchas noches sin dormir.
—Usted comenzó queriendo dedicarse al espacio, pero
terminó especializándose en optimización del transporte…
—Sí, mi especialidad eran los vehículos espaciales, que era
lo que me gustaba de niño. Pero conseguí una beca y descubrí el mundo de la
optimización. Me picó el gusanillo y pensé que ahí podía aportar mi granito de
arena.
—¿En qué consistió exactamente su tesis?
—Desarrollé modelos matemáticos. Uno para optimizar la
asignación de maquinistas en redes de cercanías ferroviarias y otro para la
asignación de aeronaves, es decir, decidir qué avión concreto tiene que llevar
a cabo qué vuelo, respetando necesidades de mantenimiento, restricciones
operativas… Por ejemplo, si una aeronave no tiene aire acondicionado adecuado,
no la puedes enviar a determinados destinos en verano. Todo eso se mete en lo
que yo llamo una “batidora” de variables y al final da el plan óptimo.
—¿Y qué se consigue con esa planificación?
—Reducir el consumo de combustible, reducir emisiones,
reducir el overbooking —que es una práctica habitual en las aerolíneas— e
intentar minimizar la propagación de retrasos. Porque el transporte es un
sistema muy complejo. Si una aeronave llega tarde, el siguiente vuelo también
lo hace, y eso puede afectar a tripulaciones, conexiones… se genera un efecto
en cascada importante.
—Es decir, que detrás de un retraso hay mucho más de lo
que parece.
—Claro. Puede ser meteorología, pero también una mala
planificación de posiciones en aeropuerto, por ejemplo. Dos aeronaves que salen
casi a la vez pueden bloquearse en maniobra. Hay múltiples fuentes de retraso y
luego todo se propaga.
—Hay un momento clave en su trayectoria: su estancia en
el MIT.
—Sí, durante esa estancia se firmó un contrato entre la
universidad y la empresa que financiaba la investigación. Ahí empezó todo.
Cuando regresé fue cuando creé mi empresa, Cisneria Engineering, para aplicar
ese conocimiento e intentar mejorar el transporte aéreo desde el ámbito
empresarial.
—Como experto en planificación del transporte, le tengo
que preguntar por la histórica reivindicación ferroviaria de Tomelloso. ¿La ve
factible?
—Es una pregunta interesante y compleja. Yo participé en un
vídeo de apoyo a una Proposición No de Ley porque creía que debía hacerlo. Si
hablamos de alta velocidad, sinceramente no le veo mucho sentido, aunque me
duela decirlo. Yo creo que debería encontrarse una fórmula para que exista una
conexión, a poder ser sin ramal. Hay muchos estudiantes, jubilados e industria
en el pueblo que se beneficiarían. Creo que, como mínimo, debería hacerse un
estudio riguroso para considerarlo. Tomelloso y Argamasilla de Alba lo merecen.
Un recuerdo personal
Antes de concluir, Manuel Fuentes añade unas emotivas frases,
“me gustaría dedicar unas palabras a un amigo muy cercano que falleció
recientemente. Perdí a uno de mis mejores amigos desde la adolescencia,
probablemente el más cercano en los últimos años. Jesús David, también de
Tomelloso. Quería tener un recuerdo para él, para su familia y para el resto de
amigos de nuestro grupo”.
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