Tomelloso

Manuel Fuentes: “Este reconocimiento pone el broche a una etapa de mucho esfuerzo, ahora toca seguir trabajando”

La Voz habla con el ingeniero tomellosero que recibió en fechas pasadas la medalla Juan López de Peñalver de la Real Academia de Ingeniería

Francisco Navarro | Miércoles, 25 de Febrero del 2026
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A sus 40 años, Manuel Fuentes ha sido distinguido con uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un investigador joven en España. Ingeniero aeronáutico, doctor en Ingeniería Aeroespacial y fundador de Cisneria Engineering, su trabajo ha contribuido a optimizar sistemas complejos como el transporte aéreo y ferroviario.

Nacido en Tomelloso, Manuel Fuentes estudió Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Madrid y se doctoró en Ingeniería Aeroespacial en la misma institución. Su tesis, centrada en la planificación y gestión de operaciones en logística del transporte, le valió importantes reconocimientos nacionales e internacionales.

Fundador y director de Cisneria Engineering, empresa especializada en herramientas de optimización para la toma de decisiones, ha recibido el Premio Joven Investigador del Congreso de Ingeniería del Transporte (2018), el Premio Abertis y el Premio Innovación Aeronáutica en 2021, además del Premio a la Mejor Iniciativa Empresarial en Alcalá Emprende. El pasado 3 de febrero sumó a esa trayectoria la medalla Juan López de Peñalver de la Real Academia de Ingeniería. En 2022 fue el Pregonero de la Feria y Fiestas de Tomelloso

—¿Qué ha supuesto para usted esta distinción?

—La verdad es que me hizo una ilusión tremenda. Para mí, desde luego, es un honor enorme. Lo considero el clímax en lo científico-técnico, probablemente es a lo máximo a lo que podía aspirar por edad y por dedicación. Ahora estoy centrado puramente en la empresa, así que lo veo como un broche muy agradable para cerrar simbólicamente esta etapa a mis cuarenta años.

—¿A quién le dedica la medalla?

—Se la dedico a mi familia, que me ha apoyado siempre. Al final, sin su apoyo, todo esto no se hubiera dado.

—Desde fuera, su trabajo puede parecer casi inalcanzable para quienes no dominamos las matemáticas…

—Entiendo que se vea así, pero yo soy simplemente un profesional que ha consagrado su vida a esto. Si me ponen a hacer otra cosa completamente distinta, probablemente no tendría ni idea. Esto es cuestión de dedicarte a ello, estar muchos años trabajando, muchas noches sin dormir.

—Usted comenzó queriendo dedicarse al espacio, pero terminó especializándose en optimización del transporte…

—Sí, mi especialidad eran los vehículos espaciales, que era lo que me gustaba de niño. Pero conseguí una beca y descubrí el mundo de la optimización. Me picó el gusanillo y pensé que ahí podía aportar mi granito de arena.

—¿En qué consistió exactamente su tesis?

—Desarrollé modelos matemáticos. Uno para optimizar la asignación de maquinistas en redes de cercanías ferroviarias y otro para la asignación de aeronaves, es decir, decidir qué avión concreto tiene que llevar a cabo qué vuelo, respetando necesidades de mantenimiento, restricciones operativas… Por ejemplo, si una aeronave no tiene aire acondicionado adecuado, no la puedes enviar a determinados destinos en verano. Todo eso se mete en lo que yo llamo una “batidora” de variables y al final da el plan óptimo.

—¿Y qué se consigue con esa planificación?

—Reducir el consumo de combustible, reducir emisiones, reducir el overbooking —que es una práctica habitual en las aerolíneas— e intentar minimizar la propagación de retrasos. Porque el transporte es un sistema muy complejo. Si una aeronave llega tarde, el siguiente vuelo también lo hace, y eso puede afectar a tripulaciones, conexiones… se genera un efecto en cascada importante.

—Es decir, que detrás de un retraso hay mucho más de lo que parece.

—Claro. Puede ser meteorología, pero también una mala planificación de posiciones en aeropuerto, por ejemplo. Dos aeronaves que salen casi a la vez pueden bloquearse en maniobra. Hay múltiples fuentes de retraso y luego todo se propaga.

—Hay un momento clave en su trayectoria: su estancia en el MIT.

—Sí, durante esa estancia se firmó un contrato entre la universidad y la empresa que financiaba la investigación. Ahí empezó todo. Cuando regresé fue cuando creé mi empresa, Cisneria Engineering, para aplicar ese conocimiento e intentar mejorar el transporte aéreo desde el ámbito empresarial.

—Como experto en planificación del transporte, le tengo que preguntar por la histórica reivindicación ferroviaria de Tomelloso. ¿La ve factible?

—Es una pregunta interesante y compleja. Yo participé en un vídeo de apoyo a una Proposición No de Ley porque creía que debía hacerlo. Si hablamos de alta velocidad, sinceramente no le veo mucho sentido, aunque me duela decirlo. Yo creo que debería encontrarse una fórmula para que exista una conexión, a poder ser sin ramal. Hay muchos estudiantes, jubilados e industria en el pueblo que se beneficiarían. Creo que, como mínimo, debería hacerse un estudio riguroso para considerarlo. Tomelloso y Argamasilla de Alba lo merecen.

Un recuerdo personal

Antes de concluir, Manuel Fuentes añade unas emotivas frases, “me gustaría dedicar unas palabras a un amigo muy cercano que falleció recientemente. Perdí a uno de mis mejores amigos desde la adolescencia, probablemente el más cercano en los últimos años. Jesús David, también de Tomelloso. Quería tener un recuerdo para él, para su familia y para el resto de amigos de nuestro grupo”.

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