Estos días estamos viendo
la abundancia informativa con que todos los medios de comunicación,
televisiones, prensa escrita, digitales y hasta las redes sociales están dando
la anunciada noticia de que la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda
Díaz Pérez, no será quien encabece las listas de las próximas elecciones
generales para aspirar a ser presidenta del Gobierno de España. Es una decisión
que muchos analistas políticos han considerado muy acertada, aunque la señora
Díaz no parece que haya logrado el consenso imprescindible de las restantes
fuerzas políticas cercanas a su ideología para liderar a quienes se sitúan a la
izquierda del PSOE.
Yo estoy de acuerdo en
aceptar que ella ha sido la mejor ministra
de Trabajo porque ninguna otra mujer ha ostentado en democracia tan alta
responsabilidad. Y sorprende que quienes así se manifiestan no hayan dicho
“ministras y ministros” igual que tantos comentaristas, empezando por
ella misma, que nos están dando la tabarra permanentemente con el lenguaje
inclusivo (los trabajadores y las trabajadoras, los enfermeros y las
enfermeras, los ciudadanos y las ciudadanas…)
Nuestra Constitución
así lo ordena
La Ley
Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres,
en su artículo 14 proclama el derecho a la igualdad y a la no
discriminación por razón de sexo. Pero esa igualdad es un principio jurídico
universal reconocido en diversos textos internacionales sobre derechos humanos,
entre los que destaca la “Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”,
aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en diciembre de 1979 y
ratificada por España en 1983.
Que nadie ponga en duda
pues mi aplauso a Yolanda Diaz por los importantes logros que ha conseguido
para quienes integramos la clase trabajadora española. Lo que yo pretendo decir
es que no estoy conforme con quienes han dicho que ha sido la “la mejor
ministra de Trabajo de la historia de nuestro país” o quien para mayor
precisión ha escrito que “Yolanda Diaz ha sido la mejor ministra de trabajo
de la democracia,” como si en ese Ministerio sólo hubiera habido mujeres.
Trataré de explicarme
mejor
No lo digo yo, lo dice la
Real Academia Española (RAE) porque
considera que el valor inclusivo del género altera artificialmente la
morfología del español y vulnera el principio de economía del lenguaje. Lo que
trae como consecuencia una confusión entre género gramatical y sexo biológico.
La alta institución que da brillo y esplendor a nuestro lenguaje afirma que los
sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no se usa solo
en referencia a los individuos de sexo masculino (valor específico), sino que
puede usarse también para designar la clase, es decir, a todos los individuos
de la especie, sin distinción de sexos (valor genérico o inclusivo): “Todos los ciudadanos mayores de edad
tienen derecho a voto”.
Pero, atención, porque la Real Academia Española entra más en detalle para que no tengamos duda de que quienes sostienen que la vicepresidente es la mejor ministra de trabajo de la historia de España lo hacen en el convencimiento de que en ese ministerio solo ha habido mujeres. Lo que justificaría tan gran alabanza; pero resulta que no es así.
Si se dijera que el
titular del Ministerio de Trabajo es el mejor de España, el uso inclusivo del
masculino no determina la oposición entre hombre y mujer. En cambio, el género
femenino es un término marcado y, por ello, se refiere en exclusiva a
referentes de sexo femenino. Así pues, concluye la RAE., para aludir a un grupo
mixto, con independencia del número de individuos de cada sexo que lo integren,
ha de usarse el masculino gramatical, que es la forma que puede abarcar a
todo el conjunto. Así, se dirá, por ejemplo, los alumnos para referirse a un grupo formado
por varones y mujeres, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos
varones.
Los tiempos cambian y
las personas también
Yo he sido Diputado muchos años, tanto en España como en el Parlamento Europeo y siempre que he intervenido en alguna Comisión o Grupo de Trabajo me he dirigido a los presentes respetuosamente diciendo: “Señores parlamentarios!”, y basta. Nunca se me habría ocurrido decir: ”Señores parlamentarios y Señoras parlamentarias”.
Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya
Abogado y periodista
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Lunes, 2 de Marzo del 2026