Economía

Virgen de las Viñas elaborará en Tomelloso más del 5 % del vino de España tras la fusión

La integración con Vinícola de Tomelloso y San José consolida un gigante agroindustrial con casi 300 millones de kilos de uva, más de 3.000 socios y una facturación cercana a los 100 millones de euros, reforzando el liderazgo empresarial del cooperativismo

Francisco Navarro | Domingo, 15 de Marzo del 2026
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La cooperativa Virgen de las Viñas Bodega y Almazara afronta una nueva etapa tras culminar la fusión con Vinícola de Tomelloso y Bodega San José, una operación que la sitúa en el entorno de los 300 millones de kilos de uva y la convierte en la mayor cooperativa vitivinícola de primer grado del mundo, con un peso que supera el 5% de toda la producción de vino nacional.

El proceso de integración comenzó a lo largo de 2025, cuando se iniciaron los contactos entre las tres entidades con el objetivo de ganar dimensión, reducir costes y mejorar la capacidad de comercialización en un mercado cada vez más competitivo. La operación fue ratificada por los socios en la Asamblea General celebrada el pasado 28 de febrero, culminando así una estrategia empresarial orientada a reforzar la posición del cooperativismo de Tomelloso dentro del sector vitivinícola nacional e internacional.

Desde el punto de vista económico, la nueva estructura permite concentrar producción, optimizar infraestructuras y aumentar el poder de negociación, especialmente en exportación, donde la cooperativa obtiene ya alrededor del 60 por ciento de sus ingresos, tanto en vino a granel como embotellado.

Resultados sólidos y una estructura financiera saneada

Los datos presentados en la Asamblea General reflejan la fortaleza de la entidad. La cooperativa cerró la última campaña con una facturación de 95,6 millones de euros, lo que la sitúa como la que más volumen de negocio genera en vino dentro de Castilla-La Mancha. Durante el ejercicio se abonaron 75,8 millones de euros a los socios por la cosecha, manteniendo así uno de los principales objetivos del modelo cooperativo, que es garantizar rentabilidad al agricultor.

El balance anual se cerró con un beneficio cercano a los 310.000 euros y con un capital neto superior a 62,6 millones, cifras que, según explicó el presidente Rafael Torres Ugena, evidencian una situación financiera totalmente saneada. A ello se suma una inversión de 11 millones de euros en 2025, destinada principalmente a modernización industrial y mejora de las instalaciones, lo que permite afrontar el crecimiento con garantías.


En el apartado laboral, la cooperativa mantuvo una plantilla media de 132 trabajadores, superando el centenar de empleados fijos durante todo el año y duplicando el número en época de campaña, lo que confirma su papel como uno de los principales motores de empleo del sector agroalimentario en la comarca.

Más producción, más superficie y mayor peso en el mercado

La integración con Vinícola de Tomelloso y Bodega San José supone incorporar alrededor de 30 millones de kilos adicionales de uva, ya que cada una de las cooperativas fusionadas elaboraba entre diez y doce millones por campaña. En términos de superficie, la operación añade unas 2.000 hectáreas a las aproximadamente 21.000 hectáreas con las que contaba la cooperativa matriz, elevando el número total de socios por encima de los 3.000 viticultores.

Con esta dimensión, la nueva entidad representa aproximadamente el 8,4% del vino producido en Castilla-La Mancha, el 11,5% del mosto regional y más del 5% del vino de toda España, cifras que la sitúan como un actor de referencia dentro del sector. Este volumen no solo refuerza su posición comercial, sino que le permite tener mayor capacidad de interlocución ante administraciones, organizaciones agrarias y grandes compradores internacionales, un factor clave en un mercado cada vez más concentrado.

Un modelo cooperativo con gestión empresarial

Uno de los aspectos más destacados del proceso de fusión es que se ha llevado a cabo manteniendo el equilibrio económico entre las entidades y respetando su identidad. Aunque la administración se centraliza en Virgen de las Viñas, se conservarán las marcas de las cooperativas integradas, como Lienzo, Tomillar o Torre de Gazate, y continuarán operativos los centros de recepción de uva en Vinícola de Tomelloso, San José y Arenales de San Gregorio.

Esta fórmula permite mejorar la eficiencia sin perder la cercanía con los agricultores, facilitando la descarga de la cosecha y respetando el trabajo histórico de cada entidad. Según defendió Torres, las fusiones deben realizarse con rigor, analizando infraestructuras, capital social y capacidad productiva, para garantizar ventajas reales para todos los socios.

Innovación y valor añadido como estrategia de futuro

La nueva dimensión empresarial permitirá acometer proyectos que hasta ahora resultaban más difíciles. Entre las próximas inversiones figura la construcción de un almacén inteligente y la intención de incorporar un concentrador y desalcoholizador de vinos, una tecnología que responde a la creciente demanda de productos de baja graduación o sin alcohol en los mercados internacionales.


La cooperativa mantiene además su apuesta por aumentar el peso del vino embotellado frente al granel, una estrategia orientada a mejorar márgenes y reducir la dependencia de los precios internacionales. A ello se suma el impulso del enoturismo, que ya atrae miles de visitas al museo de arte contemporáneo, al museo etnológico y a las cuevas, así como la continuidad del certamen cultural, convertido en una de las señas de identidad de la entidad.

Un motor económico para Tomelloso y para el sector vitivinícola

La nueva Virgen de las Viñas se consolida como uno de los mayores proyectos agroalimentarios de Castilla-La Mancha y como un referente del cooperativismo moderno. Su tamaño, su solvencia financiera y su capacidad exportadora la sitúan en una posición estratégica para afrontar un contexto marcado por la incertidumbre internacional, el aumento de costes y la competencia global.

La fusión confirma una tendencia clara en el sector: solo las entidades con dimensión suficiente, gestión profesional e inversión constante podrán mantener la rentabilidad del viñedo. En ese escenario, la cooperativa tomellosera no solo crece, sino que se convierte en un ejemplo de cómo el cooperativismo puede transformarse en un gran grupo empresarial sin perder su base social.

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