Este sábado hemos podido ver las labores de construcción de
una tinaja en la Cueva Orígenes, propiedad de Ángel Vela y Miriam Zafra. Allí
ha estado el último tinajero de la ciudad, José María Díaz Navarro, reviviendo
un proceso de lo más laborioso y curioso a la vez. Con el herramental de la
época, José María, Ángel Vela padre y el propietario han ido dando forma a la
tinaja de cemento.
Díaz nos ha explicado cómo se construían las tinajas de
cemento, que representaron ya una mejora de calidad con respecto a las de barro
que, a veces, reventaban y eran de un tamaño más pequeño. El tinajero conserva
intactos los útiles y aperos que utilizaba en el oficio. A pesar del paso del
tiempo, ofrecen la impresión de haberse utilizado recientemente.
Comienza enseñándonos una plataforma circular de madera con
unos radios que era donde se colocaban las formas que irían componiendo el armazón de la tinaja. Otro objeto indispensable era el denominado
árbol que se colocaba en el medio para dar soporte a unos tablones de madera
que servían de andamios a los tinajeros. Posteriormente, subían otro curioso objeto al que llamaban sol y que
servía para ir enganchando las formas con un alambre. Un alambre, algo más
fino, llamado caracol, servía para ir uniendo todas las formas, por abajo, por
el medio y por arriba. Una vez sujetas, se utilizaba otro alambre, de mayor
grosor, para reforzar la estructura. Empezaban por arriba y la última vuelta de
alambre se enganchaba abajo. Entre forma y forma había cuatro tiradores.
Una vez que estaba confeccionado el armazón, se colocaba en
la parte de abajo la pleita que algo más adelante fueron sustituidas por chapas,
de hecho ha sido este material el que han utilizado en la cueva Orígenes. El
siguiente paso del proceso era colocar las tablas, a modo de encofrado de
madera, que rodeaban con cuatro vueltas de alambre y tensaban con un martillo.
De este modo, el armazón de la tinaja quedaba totalmente sujeto. Así, quedaba
listo para que el oficial fuera enluciendo la tinaja, una labor que se hacía
por dentro. Se daban varios manos de mortero que era una mezcla de agua,
cemento y arena. José María guarda la medida: tres espuertas terreras de arena
y otras tres de cemento. Se requería suma habilidad para que la superficie de
la tinaja quedara totalmente uniforme.
José María nos ha mostrado también el curioso artilugio que
utilizaban para hacer las bocas de las tinajas, un aparato que giraba e iba
dando forma a la boca. Así se terminaba
una tinaja que necesitaría un tiempo de secado antes de entregarla al cliente.
“Normalmente hacíamos una al día, aunque si había prisas hacíamos una y media”, recuerda José María
que habla con nostalgia y emoción del oficio que aprendió de su padre y que
desempeñó durante tantos años. Buena parte de las cuevas que visitamos, llevan el
sello de estos tinajeros que realizaban de manera impecable un trabajo que
amaban y que tiene mucho que ver con la esencia y razón de ser de una ciudad
vinatera como Tomelloso.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Sábado, 21 de Marzo del 2026
Sábado, 21 de Marzo del 2026