Lo que empezó como una idea casi improvisada ha terminado
convirtiéndose en uno de los espacios culturales más activos de la comarca. La Librería
Kalifornia, en Argamasilla de Alba, y la Asociación Cultural Bombo
han logrado en apenas dos años y medio reunir a miles de lectores, organizar
encuentros literarios y traer hasta la localidad a autores reconocidos. Al
frente está Manu Becket, librero, gestor cultural, podcaster, actor de
doblaje, fotógrafo y firme defensor de que la cultura solo tiene sentido cuando
se comparte.
—La pregunta es obligada. ¿Cómo se le ocurre abrir una
librería en un pueblo de La Mancha?
—Siempre digo que la idea no es solo mía. Más de 6.500
personas han pasado por Kalifornia en estos dos años y medio, y estoy
seguro de que muchas han pensado alguna vez en montar una librería. La
diferencia es que yo la llevé a cabo. Hubo un momento en que estaba sin trabajo
y alguien me dijo: “Se te da bien hablar, te gusta vender, te encanta contar
historias, ¿por qué no eres librero?”. Al principio me pareció imposible, pero un
mes después estaba abriendo la librería.
—Kalifornia no es solo una librería, también está la
Asociación Cultural Bombo.
—Sí, forma parte del mismo universo. Kalifornia nació
primero y después, junto a Alba Cantón y Sergio Herro, de la editorial
Itineraria, creamos Bombo, una asociación cultural que trabaja a nivel
nacional. La idea es llevar la cultura a sitios pequeños, a lugares que muchas
veces no aparecen en los circuitos habituales.
—El nombre de la asociación es muy de esta tierra…
—No es casual. El bombo era refugio de pastores, y
para nosotros simboliza eso mismo, la cultura como refugio. Y Kalifornia tiene
como símbolo una golondrina porque leer te da libertad, te da alas para
imaginar.
—Estar en Argamasilla y tan cerca de Tomelloso, donde hay
varias librerías, ¿no supone una dificultad añadida?
—Al contrario. Una gran parte de nuestros clientes son de Tomelloso, diría que cerca del ochenta por ciento, y también viene gente de Villarrobledo, Alcázar, Manzanares o Cinco Casas. No competimos, nos complementamos. Además, siempre digo que no es lo mismo una librería que una papelería, y dentro de las librerías cada una tiene su personalidad.
—Por Kalifornia han pasado autores muy conocidos…
—Sí, pero no buscamos solo nombres grandes. Es verdad que
han venido personas como Máximo Huerta, Nieves Concostrina, y volverán
algunos de ellos, pero también invitamos a autores que empiezan, como Marta
Boronat o que tienen menos visibilidad. Traer a alguien muy conocido sirve
para atraer público. Cuando vino Concostrina, hubo unas cuatrocientas personas,
y eso permite luego organizar otros encuentros con autores menos conocidos como
Pablo Cerezal o Vilbeta Niebla. Al final, lo importante es dar
altavoz a quien no lo tiene.
—Uno de los eventos más llamativos es el Carnaval de las
Letras.
—Sí, nació casi por casualidad. Coincidieron varios autores
el mismo fin de semana y decidimos llamarlo así. La primera edición funcionó
muy bien y la segunda ha triplicado lo que esperábamos, lo que demuestra
que la gente tiene ganas de cultura cuando se hacen cosas distintas.
—También defiende la cultura desde lo colectivo. ¿Es
posible la cultura independiente?
—Independiente, no. La cultura nunca puede ser
independiente, siempre es colectiva.
Otra cosa es de donde venga el apoyo o la financiación. No es lo mismo publicar
con una editorial pequeña que con un gran grupo, pero todo depende de lo que
quieras hacer.
Yo siempre digo lo mismo, no es igual querer ser escritor que querer ser
escritor famoso. Son caminos distintos.
—Hoy muchos lectores se guían por recomendaciones en
redes sociales.
—Tiene su parte buena y su parte mala. A nivel económico
ayudan mucho, porque hay libros que se venden solos cuando los recomienda
un influencer. Pero también hay gente que recomienda desde la pasión y otra que
lo hace buscando fama. Lo importante es tener claro qué quieres, hablar de
libros o ser influencer.
Las librerías, digamos de proximidad juegan un papel
fundamental. Comprar por internet —y esto lo decimos nosotros— es cómodo, pero estos
establecimientos forman parte de la vida de los pueblos. El librero
recomienda, conoce a la gente, crea comunidad. Eso no lo puede hacer una
pantalla. Si queremos que haya cultura en nuestro medio tenemos que
sostenerla entre todos, porque la cultura, igual que los bombos de piedra
de La Mancha, solo se mantiene en pie cuando cada pieza cumple su función.
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Miércoles, 25 de Marzo del 2026
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