Pienso con
frecuencia en todo lo que va “olvidando” la vida, que “vuela” con tantos y
tantos átomos “escondidos”… En estos
días (hoy con trajín de muchedumbres), de celebración de la esperanza de una
vida eterna, —cargada, en ciertos casos y aspectos, de boato y fiesteo
jaranero…, — mi madre, en actitud de rezo, imprecaba a su dios para que no
fuera indiferente a las penas y angustias que sufría la gente donde “el mal
destino los había puesto…”. Evocaba, en aquel espacio de plácida conciencia,
pero de mucho sufrimiento, donde no se podía esquivar nada, “que la vida daba
pena, pero se tenía que sobrevivir salvando obstáculos, la realidad del mundo y
la dignidad”. En aquella lentitud confusa de la existencia, en la entonces
aldea de Ruidera, el poder sembrar, libremente, un pequeño hortal en una franja
de vega o cortos surcos de secano en la ladera de un cerro, (con permiso de los
amos del agua, la tierra, el aire…) hacía más llevadera aquella existencia que
tanto oprimía… En mi padre, con su cuerpo molido, no se desvanecían sus ideas
de soldado-cabo en África, al otro lado del tiempo ya, que para mí era
imposible medir, en el “lado” de mi espacio-tiempo… A veces parecía un contable
cansado, pero con una emoción inexpresiva escribía en papelotes de una libreta,
repasaba y hojeaba otros papeles, como buscándole un sentido a los hechos de la
existencia… Guardaba alguno en la cartera y otros en los baúles, que yo luego
despotricaba y escamoteaba… Escribía con una caligrafía que a mí me resultaba
imposible discernir… Cómo y cuándo se “adiestró” en aquel “arte”, si en tiempos
de su infancia, en Ruidera sólo había frases en el aire… Yo creía que aquello
eran escribanías de abdicación de su vida…Creía que eran diálogos “quebrados”…;
hasta que un día recibí documentos y el libro “MORIR EN MARRUECOS”, escrito por
Mariano Velasco Lizcano, merecedor de un “premio”, que nunca le supimos dar…, y
prologado magníficamente por Héctor Campos Castillo, que tanto apoyo nos ha
dispensado…
Aquí las
siguientes “crónicas agrarias”, copiadas de apolillada página del periódico
ABC, de 24 de Marzo del año 1936, sacadas,
hace muchos años, de un baúl: “… Continúa la protesta por la roturación de
majadales. Fechado en Coria y firmado por D. Hermenegildo Simón, recibimos
el siguiente telegrama, que dicho señor dirigió al ministro de Agricultura: “No
obstante los decretos de V. E. de 3 y 14 del actual y la circular del
gobernador de la provincia, en la dehesa Ceballosa, del término municipal de
Torrejoncillo, se siguen roturando los majadales. De llegarse a sembrar lo que
ahora se rotura se quedan inutilizados los aprovechamientos de los pastos altos
y bajos de toda la provincia.
Ruego a V. E. tenga a bien disponer que los inspectores de Reforma agraria comprueben personalmente la veracidad de los hechos relatados, así como que los mismos determinen qué ha de hacerse con el ganado lanar, vacuno, cabrío y de cerda, que hacen el aprovechamiento de las mencionadas fincas. Participo a V. E. que no obstante ser ciertos los hechos relatados en mis telegramas del 2 y del 7 del actual, desde el día 20 me encuentro en la cárcel de este partido.”. Protesta por la selección de yunteros. Fechado en Fuenteobejuna, y firmado por el Sr. Navas, presidente del Sindicato Autónomo de Acción Obrera, recibimos el siguiente telegrama, copia del dirigido al ministro de Agricultura: “En nombre del Sindicato Autónomo de Acción Obrera, ponemos en conocimiento de V. E. que la selección de yunteros se hace con arreglo a listas caprichosas, no dándose nombre alguno. Un afiliado a este Sindicato, que agrupa verdaderos yunteros, ha tenido que entregar parcelas a barberos, industriales y gentes sin yunta.”.
Solicitud de
mi padre al Comandante General de Ceuta, el año 1922, en plena guerra en
África.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Lunes, 6 de Abril del 2026
Martes, 7 de Abril del 2026