Reconozco que tengo un
desvarío, o quizás un deseo que roza el friquismo, un sueño descabellado que de
vez en cuando me asalta al recorrer las calles de la ciudad donde resido. Y,
aunque cada vez veo menos televisión, me gustaría que hiciesen un documental
sobre la vida cotidiana en las ciudades, de sus ventajas y sus carencias, de
cómo son sus barrios y sus espacios de ocio. De sus personajes singulares que
seguramente en nada se parecen a los famosos de renombre que entrevista el
reportero Jordi Évole en su programa.
Imagino que esta idea
descabellada viene a cuento porque el periodista de vez en cuando hace
comentarios sobre algunas poblaciones de su Cataluña natal que, supongo, tienen
contextos parecidos a mi ciudad.
Aunque de un tiempo a esta
parte el enfoque de su programa se reduce a personalidades que ya conocemos, en
muchas ocasiones el éxito de la cuota de pantalla o la frustración dependen
mucho de la popularidad del entrevistado, pero me gusta el formato y su calidad
técnica. Por eso desearía que apostase por el anonimato de los vecinos de
algunas de estas ciudades y la idiosincrasia de aquellos que las habitamos, las
disfrutamos o sufrimos, que de todo hay. Y sobre todo, para mostrar este
escaparate tan diverso.
Se supone que los que ejercemos el sufragio con
criterio y valoramos este derecho pretendemos elegir a los aspirantes más
competentes para que nos gobiernen, sopesando que sus propuestas sean viables y
que sus promesas tengan un mínimo de lógica. Pero, desgraciadamente, desde hace
bastante tiempo estamos abocados a votar a candidatos con escaso liderazgo, con
poco carisma e incluso mediocres; a este proceder tan difícil de rebatir se le
llama popularmente elegir por demérito. Porque ante cada nueva convocatoria, y
al comprobar las listas o contrastar los currículos de los aspirantes, es más
complicado decidir, al menos los primeros puestos o con mayores posibilidades
de salir elegidos.
También es una realidad que, salvo excepciones, los
índices de participación cada vez son menores. Por lo tanto, y teniendo en
cuenta a los que no pueden votar junto a los que se abstienen, que son muchos,
es importante acertar y no echar la moneda al aire como si después no tuviesen
consecuencia los resultados.
Quizás por generación, muchos de nosotros pensamos
que el nivel de la clase política antes era mayor, y no solo en nuestro país,
porque ese demérito que definía al principio también puede aplicarse a los
dirigentes que gobiernan en otras
naciones o a nivel mundial. Pero esa añoranza no puede ser una excusa, los
tiempos son diferentes y seguro que necesitamos otros líderes ante los nuevos
retos. También dicen en muchos foros que los políticos están mal remunerados,
porque la empresa privada ofrece mayores posibilidades ante determinados
perfiles.
Así y con todo, nada es determinante, seguro que
hay muchos servidores públicos -la gran mayoría- que ejercen su tarea en
función de su motivación personal al servicio de los ciudadanos. Y otros, que
evidentemente los hay, solo aspiran a medrar y mantener un cargo que
difícilmente podrían conservar en el sector privado.
Dicho todo esto, es manifiesto que los ediles más
cercanos al ciudadano son aquellos que rigen nuestras ciudades porque, de su
acertada o nefasta gestión, dependen la
resolución de las dificultades o preocupaciones que nos ocasiona la
convivencia, regidores que pueden dictar ordenanzas para acceder a una mayor
calidad de vida.
Hay muchos factores, características y
peculiaridades a tener en cuenta para gobernar una ciudad como pueden ser su
historia, sus raíces, sus tradiciones, su entorno geográfico, su demografía, la
idiosincrasia de sus residentes, sus planes urbanísticos, su tejido industrial,
agrario o social. Por eso, los designados e investidos para tal fin deberían
analizar los múltiples factores, datos o circunstancias que confluyen en una
población, evaluar para acometer los proyectos que tratan de mejorar las condiciones
de los residentes.
También es importante diferenciar el tipo de ciudad
o pueblo. No es es lo mismo administrar una gran ciudad que una pequeña aldea o
pedanía. Además, hay que tener en cuenta si la villa tiene un largo origen
histórico o es una ciudad moderna creada al amparo de otra gran urbe o capital.
En relación a cualquier entorno nunca son positivos
factores como la pobreza, la falta de recursos, la ausencia de infraestructuras
o el déficit de servicios. Igualmente, y aunque pensemos de manera ingenua que
la globalización, la diversidad o la multiculturalidad van a ser útiles para la convivencia, la
realidad es que, sin una economía solvente, esos procesos por sí solos no
contribuyen al entendimiento. Otra cosa distinta es la interculturalidad,
cuando hay una intención de participar desde cada grupo en un proyecto común,
entonces es más fácil la integración.
Estos elementos tan importantes para que una sociedad esté engrasada y no chirríe no solo afecta a la integración de los inmigrantes, con sus costumbres y sus lenguas tan diferentes. También se necesita que la población autóctona o de origen acoja y acepte en sus círculos o hermandades a los nuevos vecinos que llegan de otras ciudades o regiones del mismo país. Esta mezcolanza de personas e intereses es muy compleja y hace falta mucho trabajo social para incorporar tanta diversidad, sobre todo en las ciudades que han crecido mucho y deprisa a la sombra de las grandes metrópolis. Otra cosa distinta quizás sea el ámbito rural, espacios donde el anonimato no es tan evidente y esos procesos son más fáciles porque son más transparentes y de menor dimensión.
Es notorio que en las poblaciones más pequeñas suele haber una relación más directa con los miembros del gobierno municipal, además la cercanía de unos y otros facilitan la gobernanza. Por eso, y si no hay grandes inconvenientes, los elegidos suelen permanecer varias legislaturas en el cargo.
Ese trato o comportamiento es menos habitual en las
grandes poblaciones, donde el vértigo diario o el anonimato dificultan esa
cercanía. A veces sucede que los candidatos ni siquiera son de la ciudad, ni
viven en ella. "Paracaidistas" que utilizan los partidos con
personajes de renombre para atraer al votante o para premiar la fidelidad del
candidato con su grupo político. Resulta conveniente que los líderes que optan
a gobernar estas ciudades muestren carisma y capacidad de gestión en justo equilibrio;
deberían saber mandar, sí, pero también mostrar disposición para delegar o
confiar en su equipo. Por eso en los entornos rurales esa simetría es más
sencilla de conseguir.
En muchas ocasiones el desconocimiento del
ambiente, la necesidad de resolver problemas urgentemente y sobre diferentes
materias consiguen que se administre de forma precaria, poniendo parches, sin
hacer las valoraciones correspondientes y sin tener en cuenta muchos de esos
factores referidos anteriormente, como son la previsión y la reflexión.
Se gobierna a golpe de calendario, de ocurrencia y
copiando eventos que empiezan a ser repetidos en casi todos los consistorios, a
veces alguien tiene una nueva idea, las menos, pero generalmente casi todas
esas celebraciones o actos son apenas una pose o una fotografía tratando de
sumar votos.
Tampoco ayudan a la gobernabilidad a efectos prácticos el exceso de burocracia, los múltiples formalismos y los enrevesados reglamentos. Se trata de informes que demoran la acción porque, en definitiva, el ciudadano y algunas cuestiones son apremiantes y necesitan soluciones rápidas.
Teóricamente la ordenación garantista de los
consistorios está bien planteada, dos poderes condenados a entenderse. Los
cargos políticos con sus anhelos y propósitos, a veces descabellados o
interesados, frente a los funcionarios de la administración local con
habilitación de carácter nacional encargados de ejercer los diferentes
controles. Del grado de armonía y fluidez entre las propuestas y la correcta
fiscalización para evitar corruptelas depende en gran parte del éxito de una
corporación tan cercana al vecino.
Recorro la ciudad poco a
poco y percibo dos zonas muy diferentes, ese Yin y Yan que intuyo o me
persigue.
Asociados al casco viejo se
construyeron en la década de los setenta y ochenta del pasado siglo nuevas
barriadas. Urbanizaciones caóticas donde, aún hoy, se aprecia una evidente
falta de planificación. En aquellos años del desarrollo y el éxodo rural las
prisas y la precipitación fueron el motivo recurrente para iniciar la
transformación de la villa.
Ha pasado el tiempo y la
especulación del suelo sigue vigente. Sin embargo, no sabría qué tipo de
obstáculos hay para conseguir reordenar el suelo urbano de esa parte de la
ciudad, y así, poder edificar en los solares y casas en ruinas que, aunque
salteados, son como islas del pasado. Supongo que las ordenanzas de los planes
urbanísticos chocan con las pretensiones de los propietarios. Pero a poco que
des una vuelta por el centro la sensación que se percibe es la decadencia y el
deterioro. Es más, a veces, en algún recoveco algunos sintecho tratan de
construir un precaria chabola.
Por otro lado, en las
nuevas zonas se elevan multitud de torres conformando un par de grandes
avenidas, como si la ciudad se dividiese en dos, distritos determinados por su
estatus económico o por la edad media de los residentes.
Pero el paseo por un parque, una parada del tranvía o algunos rincones concretos me reconcilian con el desarrollo y el progreso. Postales contradictorias de una ciudad sin equilibrio evidente y difícil de gestionar.
Los últimos desplazamientos
migratorios han conseguido que todas las grandes urbes se parezcan, son
ciudades babel donde convivimos multitud de razas, lenguas y culturas. Pero no
solo a nivel de personas, también el capitalismo y las multinacionales han impuesto
sus franquicias en tiendas y comercios como señas de identidad.
Vayas donde vayas todo se
parece. Menos mal que la arquitectura y el paisaje aún no han sufrido ese
asalto. Pero tiempo al tiempo, que tratando de simplificar o abaratar, hay
construcciones tan precarias como deprimentes, edificaciones que pretenden ser funcionales
y colectivas pero, sobre todo, son antiestéticas con el entorno.
¡¡Menudo reto hay por
delante si tratamos de solventar este desaguisado!!. Un enrevesado desafío de
difícil solución.
Aunque en defensa o
disculpa de sus regidores afirmo que, por su complejidad, no deber ser un
cometido sencillo como muchos podríamos pensar pero, a pesar de todo, y aunque
criticar resulta lo más fácil, siempre
hay que intentarlo.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Jueves, 9 de Abril del 2026
Jueves, 9 de Abril del 2026
Viernes, 10 de Abril del 2026
Viernes, 10 de Abril del 2026
Viernes, 10 de Abril del 2026