“Los
caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por
la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz
dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una
sociedad que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma
de egoísmo y de aislamiento”.
Nuestro tránsito por aquí abajo requiere de un espíritu
universal, apoyado en una mejor comprensión mutua y en una amistad verdadera,
con abecedarios desinteresados, que contribuyan así a reconstruir una atmósfera
más armónica, donde todos nos podamos sentir hermanados, a unos vínculos de
entrega y generosidad. Desde luego, el mejor gobierno no lo imprime la
dominación, sino el servicio, la mano extendida y el abrazo permanente. Nos
merecemos, por tanto, otros lenguajes más del alma que del cuerpo; que sean el
preludio de una nueva era, en la cual todos nos requerimos, para que se
promueva la maduración de la cohesión comunitaria y del bien común. De lo
contrario, continuaremos con el calvario de la divergencia y del rechazo a
cooperar unos con los otros.
Las trágicas evidencias de estas riadas de dolor y muerte,
tienen que cesar de inmediato. Hemos venido a conciliar posturas y a
reconciliar latidos, no a truncar existencias, ni a destrozar sueños de
esperanza, como si la convivencia humana fuese el escenario de un videojuego.
La inhumanidad es manifiesta, nadie considera a nadie; y, aunque los
trabajadores sanitarios, las instalaciones y las ambulancias están protegidos
por el derecho internacional humanitario, el ataque es permanente, sin
miramiento alguno. Hoy más que nunca, necesitamos recursos de todo tipo, sobre
todo acompañamiento para seguir auxiliando a las personas que lo necesitan;
ante el cúmulo de hechos violentos y de absurdas contiendas, por todos los
rincones del mundo.
La cruel realidad de un orbe globalizado, nos llama a
repensar situaciones, conciliando
actitudes. Desde luego, debemos cesar en los enfrentamientos, antes que la
derrota de la humanidad sea real, con la consabida sed de quietud que tenemos, poniendo
fin a la prepotencia, a la exhibición de la fuerza y al desinterés por el
derecho. Por desgracia, en demasiadas ocasiones, las batallas comienzan en
nuestro propio círculo familiar. Sin duda, uno ha de aprender ya no sólo a
reprenderse, también a ser indulgente consigo mismo, porque nos conviene la
relajación antes que el rigor de su aplicación en las cosas que debemos hacer.
No hay mejor virtud, que aprender a interrogarnos a nosotros mismos, para poder
amarnos y poder amar a los demás.
En efecto, la vida no es fácil para nadie. Uno tiene que
ser muy auténtico para darse cuenta de esto. Indudablemente, el mantenimiento
de la concordia entre corazones, comienza con la autosatisfacción de cada
pulso, poniendo la inteligencia al servicio del níveo amor. Dejemos, pues, de
fabricar armas. Admitamos con el místico ánimo nuestro andar, y aunque hallemos
pozos en nuestros pasos, vertamos siempre una sonrisa en cada aurora. Los
caminos se allanan, defendiendo la savia, abrazando la verdad, trabajando por
la justicia. El signo más evidente lo notaremos en nuestro interior, con la paz
dentro de nosotros. Cumplamos nuestra pertenencia entonces; ya que, una sociedad
que se nombra humana ella misma, quiere decir que rechaza toda forma de egoísmo
y de aislamiento.
Ojalá aprendamos a ver una fiesta en todos los caminos
planetarios. Lo sistémico es la mayor riqueza que podemos aglutinar los
mortales, a los que se nos llena la boca de absurdos caudales que nos están
deshumanizando por completo, mientras
aún no hemos ejercitado la sana relación, sustentada y sostenida en
saber perdonarse, aparte de saber compadecer al análogo. Tremendo contraste el
nuestro, con el pedestal de don dinero como cardinal, el cual nos impide
reencontrarnos y reconocernos. Al fin y al cabo, hay que ser honestos, no para
los otros por el qué dirán, sino para estar en alianza con nosotros mismos.
Únicamente, así, podremos ser una escuela de irradiación, que no nace de la fortuna
ni de la dominación, sino del compartir, del respeto y de la alegría de caminar
unidos.
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Domingo, 12 de Abril del 2026
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