Ángel Simón no concibe el teatro como algo cerrado. Para él,
cada función es un paso más dentro de un proceso de búsqueda. Este jueves
vuelve a Tomelloso con La farmacia de A. Chéjov al Auditorio López Torres. Una
propuesta que ya pudo verse en la ciudad en 2018, en el Café de la Glorieta, y
que desde entonces no ha dejado de transformarse. En una conversación con La
Voz, el actor, director y pedagogo desgrana las claves de un montaje vivo, su
trayectoria y su estrecha colaboración con la actriz tomellosera Sonia Ruiz
Parra.
Volver a Tomelloso
No es la primera vez que Simón presenta esta propuesta en la
ciudad. Ya lo hizo en 2018, en un formato más íntimo, en el Café de la
Glorieta. “Tengo un recuerdo muy bonito de aquella función. Era un espacio
pequeño, muy cercano, y se generó algo especial con el público”, recuerda nuestro
interlocutor. Desde entonces, como decimos, el espectáculo ha crecido, se ha
transformado y ha incorporado nuevas capas. “Lo que se verá ahora no es lo
mismo que en 2018. Ha habido un recorrido, una evolución, una maduración del
material”, explica.
El regreso a Tomelloso, en un escenario como el Auditorio
López Torres, supone también un paso más en ese camino, “volver con la pieza
después de todo este tiempo tiene algo de cierre y de apertura al mismo tiempo”
Un Chéjov para hoy
Simón dialoga con Chéjov a través de un viaje escénico donde
la risa convive con una cierta incomodidad. “El humor de Chéjov es una
trampa: te hace reír para que luego te mires por dentro”, afirma. Le
interesa especialmente esa capacidad del autor ruso para revelar lo humano sin
subrayados. “No juzga a sus personajes, pero los expone con una claridad
tremenda. Y ahí es donde nos reconocemos”, precisa,
El espectáculo se dividide en dos partes y tiene una
duración aproximada de hora y media. La primera se compone de relatos y cartas
de Chéjov, con un tono más ligero en apariencia, donde el humor y la
observación de lo cotidiano marcan el ritmo, “es más fragmentaria, más
cambiante. Ahí me permito jugar, entrar y salir de los textos, modificarlos”.
No es una estructura cerrada, el propio actor reconoce que ese bloque
evoluciona constantemente, “voy cambiando los relatos y las cartas. Es una
parte muy viva, muy abierta”. Esa decisión responde a su manera de entender
el teatro como un proceso más que como un producto terminado.
Frente a esa variedad, la segunda parte introduce un cambio radical, la célebre Conferencia sobre el tabaco. En ella, el personaje de Eudosio Ramírez Crec se dirige al público con la intención de impartir una charla, pero pronto la situación deriva hacia un terreno mucho más íntimo. “La segunda parte tiene otra densidad. Es un solo texto, un personaje que poco a poco se va desnudando”. Y es que, lo que empieza “como algo casi ridículo termina siendo profundamente humano, incluso doloroso”. Ese contraste define la arquitectura del espectáculo, “empiezas desde lo aparentemente pequeño, casi anecdótico, y acabas en preguntas mucho más grandes”.
Una escena de la obra (Foto de la Asociación Puentes)
El teatro como proceso vivo
Lejos de entender el montaje como algo cerrado, Simón lo
plantea como un organismo en evolución. De hecho, tiene un objetivo muy
concreto, “quiero hacer 121 funciones de este espectáculo. No es una cifra
al azar: necesito ese recorrido para que la obra encuentre su verdadera
profundidad”.
Para él, cada representación forma parte del proceso de
escritura escénica, dado que “el teatro no se termina en el ensayo. Se
termina —o se transforma— delante del público”, Esa concepción conecta con
su manera de entender el oficio, más cercana a la investigación que a la
exhibición, “cada función te coloca en un lugar distinto. Y ahí es donde el
espectáculo empieza a respirar de verdad”.
La poética de lo esencial
En escena, la propuesta huye de artificios. Apenas unos
elementos, un espacio compartido con el público y el actor como eje, “me
interesa un teatro donde todo esté al servicio de la imaginación”.
Tal como recoge el planteamiento de la obra, el espectáculo
se apoya en un dispositivo mínimo que permite que el cuerpo, la voz y la
narración construyan las imágenes. Precisa Simón que “no se trata de
mostrar, sino de sugerir. El espectador completa lo que falta, y ahí ocurre la
magia”. Su trabajo bebe de disciplinas como el teatro físico, la máscara o
la investigación vocal, “he pasado muchos años formándome en distintas
técnicas, pero al final todo converge en algo muy simple: estar presente y
escuchar”.
Una trayectoria de búsqueda
Desde su irrupción en el teatro profesional en 1999, Simón
ha desarrollado una carrera marcada por la investigación y el aprendizaje
continuo. Se ha formado en Madrid y en distintos países europeos, trabajando
con figuras relevantes de la pedagogía teatral contemporánea.
Siempre ha entendido la formación “como algo permanente.
No es una etapa, es una manera de estar en el oficio”. Ha trabajado con
compañías nacionales e internacionales y ha abordado textos de Beckett, Pinter
o Lorca, además de desarrollar sus propios proyectos. Y todo ese recorrido “me ha ido llevando
hacia un tipo de teatro más esencial, más directo”.
En 2005 fundó MU Teatro, un espacio de investigación
escénica con el que ha desarrollado múltiples propuestas en distintos países. “MU
fue —y sigue siendo— un laboratorio donde probar, equivocarse y seguir
buscando”, recuerda.
El abrazo del oso
En los últimos años, su trabajo está estrechamente ligado al
de la actriz Sonia Ruiz Parra, con quien ha impulsado nuevos proyectos. “Con
Sonia hemos fundado la compañía El abrazo del oso, que nace de una necesidad
muy clara de crear juntos”. Ambos han llevado su trabajo por distintos
escenarios europeos, incluyendo propuestas vinculadas a la figura del poeta
Félix Grande. “Hemos estado trabajando sobre su obra y la de su familia,
Paca y Guadalupe, compartiéndola en distintos contextos. Ha sido una
experiencia muy especial”, comenta.
La presencia de Sonia Ruiz en La farmacia de A. Chéjov
refuerza esa complicidad artística. “Tenemos un lenguaje común, una manera
muy parecida de entender el teatro, y eso se nota en escena”.
El teatro como experiencia compartida
Más allá del contenido, Simón reivindica el teatro como un
espacio de encuentro en un tiempo marcado por la prisa y la fragmentación. Para
él, el teatro “es uno de los pocos lugares donde todavía nos reunimos para
vivir algo juntos, en presente”. Por eso, insiste en la importancia del
espectador como parte activa, “no me interesa un público pasivo. Me interesa
alguien que esté ahí, que participe, que complete lo que ocurre”. Y es que,
esa relación directa es el núcleo de todo, “cuando eso sucede, el teatro
deja de ser representación y se convierte en experiencia”.
Una invitación a mirarse
En última instancia, Simón entiende La farmacia de A.
Chéjov como una invitación a detenerse y observar, ya que “Chéjov coloca
un espejo delante de nosotros. Y no siempre es cómodo, pero sí necesario”.
Este jueves, en el Auditorio López Torres, ese espejo volverá a alzarse. Y, como ocurre con los grandes autores, lo que refleje tendrá mucho que ver con quien lo mire.
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Viernes, 17 de Abril del 2026
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