Tomelloso

Ángel Simón: “Chéjov sigue hablándonos con una claridad incómoda y necesaria”

El actor y director presenta este jueves "La farmacia de A. Chéjov" en el Auditorio López Torres, una propuesta escénica que cuenta con la participación de la actriz tomellosera Sonia Ruiz Parra

Francisco Navarro | Miércoles, 15 de Abril del 2026
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Ángel Simón no concibe el teatro como algo cerrado. Para él, cada función es un paso más dentro de un proceso de búsqueda. Este jueves vuelve a Tomelloso con La farmacia de A. Chéjov al Auditorio López Torres. Una propuesta que ya pudo verse en la ciudad en 2018, en el Café de la Glorieta, y que desde entonces no ha dejado de transformarse. En una conversación con La Voz, el actor, director y pedagogo desgrana las claves de un montaje vivo, su trayectoria y su estrecha colaboración con la actriz tomellosera Sonia Ruiz Parra.

Volver a Tomelloso

No es la primera vez que Simón presenta esta propuesta en la ciudad. Ya lo hizo en 2018, en un formato más íntimo, en el Café de la Glorieta. “Tengo un recuerdo muy bonito de aquella función. Era un espacio pequeño, muy cercano, y se generó algo especial con el público”, recuerda nuestro interlocutor. Desde entonces, como decimos, el espectáculo ha crecido, se ha transformado y ha incorporado nuevas capas. “Lo que se verá ahora no es lo mismo que en 2018. Ha habido un recorrido, una evolución, una maduración del material”, explica.

El regreso a Tomelloso, en un escenario como el Auditorio López Torres, supone también un paso más en ese camino, “volver con la pieza después de todo este tiempo tiene algo de cierre y de apertura al mismo tiempo”

Un Chéjov para hoy

Simón dialoga con Chéjov a través de un viaje escénico donde la risa convive con una cierta incomodidad. “El humor de Chéjov es una trampa: te hace reír para que luego te mires por dentro”, afirma. Le interesa especialmente esa capacidad del autor ruso para revelar lo humano sin subrayados. “No juzga a sus personajes, pero los expone con una claridad tremenda. Y ahí es donde nos reconocemos”, precisa,

El espectáculo se dividide en dos partes y tiene una duración aproximada de hora y media. La primera se compone de relatos y cartas de Chéjov, con un tono más ligero en apariencia, donde el humor y la observación de lo cotidiano marcan el ritmo, “es más fragmentaria, más cambiante. Ahí me permito jugar, entrar y salir de los textos, modificarlos”. No es una estructura cerrada, el propio actor reconoce que ese bloque evoluciona constantemente, “voy cambiando los relatos y las cartas. Es una parte muy viva, muy abierta”. Esa decisión responde a su manera de entender el teatro como un proceso más que como un producto terminado.

Frente a esa variedad, la segunda parte introduce un cambio radical, la célebre Conferencia sobre el tabaco. En ella, el personaje de Eudosio Ramírez Crec se dirige al público con la intención de impartir una charla, pero pronto la situación deriva hacia un terreno mucho más íntimo. “La segunda parte tiene otra densidad. Es un solo texto, un personaje que poco a poco se va desnudando”. Y es que, lo que empieza “como algo casi ridículo termina siendo profundamente humano, incluso doloroso”. Ese contraste define la arquitectura del espectáculo, “empiezas desde lo aparentemente pequeño, casi anecdótico, y acabas en preguntas mucho más grandes”.

Una escena de la obra (Foto de la Asociación Puentes)

El teatro como proceso vivo

Lejos de entender el montaje como algo cerrado, Simón lo plantea como un organismo en evolución. De hecho, tiene un objetivo muy concreto, “quiero hacer 121 funciones de este espectáculo. No es una cifra al azar: necesito ese recorrido para que la obra encuentre su verdadera profundidad”.

Para él, cada representación forma parte del proceso de escritura escénica, dado que “el teatro no se termina en el ensayo. Se termina —o se transforma— delante del público”, Esa concepción conecta con su manera de entender el oficio, más cercana a la investigación que a la exhibición, “cada función te coloca en un lugar distinto. Y ahí es donde el espectáculo empieza a respirar de verdad”.

La poética de lo esencial

En escena, la propuesta huye de artificios. Apenas unos elementos, un espacio compartido con el público y el actor como eje, “me interesa un teatro donde todo esté al servicio de la imaginación”.

Tal como recoge el planteamiento de la obra, el espectáculo se apoya en un dispositivo mínimo que permite que el cuerpo, la voz y la narración construyan las imágenes. Precisa Simón que “no se trata de mostrar, sino de sugerir. El espectador completa lo que falta, y ahí ocurre la magia”. Su trabajo bebe de disciplinas como el teatro físico, la máscara o la investigación vocal, “he pasado muchos años formándome en distintas técnicas, pero al final todo converge en algo muy simple: estar presente y escuchar”.

Una trayectoria de búsqueda

Desde su irrupción en el teatro profesional en 1999, Simón ha desarrollado una carrera marcada por la investigación y el aprendizaje continuo. Se ha formado en Madrid y en distintos países europeos, trabajando con figuras relevantes de la pedagogía teatral contemporánea.

Siempre ha entendido la formación “como algo permanente. No es una etapa, es una manera de estar en el oficio”. Ha trabajado con compañías nacionales e internacionales y ha abordado textos de Beckett, Pinter o Lorca, además de desarrollar sus propios proyectos.  Y todo ese recorrido “me ha ido llevando hacia un tipo de teatro más esencial, más directo”.

En 2005 fundó MU Teatro, un espacio de investigación escénica con el que ha desarrollado múltiples propuestas en distintos países. “MU fue —y sigue siendo— un laboratorio donde probar, equivocarse y seguir buscando”, recuerda.

El abrazo del oso

En los últimos años, su trabajo está estrechamente ligado al de la actriz Sonia Ruiz Parra, con quien ha impulsado nuevos proyectos. “Con Sonia hemos fundado la compañía El abrazo del oso, que nace de una necesidad muy clara de crear juntos”. Ambos han llevado su trabajo por distintos escenarios europeos, incluyendo propuestas vinculadas a la figura del poeta Félix Grande. “Hemos estado trabajando sobre su obra y la de su familia, Paca y Guadalupe, compartiéndola en distintos contextos. Ha sido una experiencia muy especial”, comenta.

La presencia de Sonia Ruiz en La farmacia de A. Chéjov refuerza esa complicidad artística. “Tenemos un lenguaje común, una manera muy parecida de entender el teatro, y eso se nota en escena”.

El teatro como experiencia compartida

Más allá del contenido, Simón reivindica el teatro como un espacio de encuentro en un tiempo marcado por la prisa y la fragmentación. Para él, el teatro “es uno de los pocos lugares donde todavía nos reunimos para vivir algo juntos, en presente”. Por eso, insiste en la importancia del espectador como parte activa, “no me interesa un público pasivo. Me interesa alguien que esté ahí, que participe, que complete lo que ocurre”. Y es que, esa relación directa es el núcleo de todo, “cuando eso sucede, el teatro deja de ser representación y se convierte en experiencia”.

Una invitación a mirarse

En última instancia, Simón entiende La farmacia de A. Chéjov como una invitación a detenerse y observar, ya que “Chéjov coloca un espejo delante de nosotros. Y no siempre es cómodo, pero sí necesario”.

Este jueves, en el Auditorio López Torres, ese espejo volverá a alzarse. Y, como ocurre con los grandes autores, lo que refleje tendrá mucho que ver con quien lo mire.


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