Opinión

Vino light, ¿salvavidas del sector o sacrilegio vinícola?

Alejandro García-Gasco Alcalde | Jueves, 30 de Abril del 2026
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El sector del vino en toda España, así como en el resto de países productores, atraviesa una de las tormentas perfectas más desafiantes de su historia. Entre una crisis de rentabilidad y un mercado global cambiante, ha surgido una cifra que es esperanza y mandato a la vez: el consumo de vinos de baja graduación alcohólica ha crecido un 18%.

Fue uno de los más marcados debates de la reunión que mantuvimos ayer en el Grupo Trabajo Vino del Copa-Cogeca; y nos hace plantearnos una serie de cuestiones que, en otro momento, nos habrían parecido descabelladas.

Pero claro, para que este crecimiento no sea un espejismo, el sector europeo debe dejar de mirar hacia otro lado; llevamos mucho tiempo diciendo que necesitamos medidas estructurales y decisiones valientes. Estamos en una carrera contrarreloj; países como Nueva Zelanda, por ejemplo, así como otros países, han tomado el liderazgo de este segmento con un éxito más que patente. Europa no puede permitirse perder el tren por, entre otras cuestiones, un exceso de burocracia o condicionamientos legales, mientras la competencia internacional gana la partida.

Se entiende que, para que estos vinos sean percibidos como productos de valor, deben tener un amparo claro dentro de las Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas. Pero esto requiere, ante todo, un cambio de mentalidad en el viticultor. Porque tampoco queremos dejar de ser lo que somos ni renunciar a lo que tenemos.

Históricamente, el éxito se medía por la potencia y el grado de nuestro producto. Hoy el reto es técnico: obtener vinos con menos alcohol directamente desde el viñedo. El cambio climático, con su aumento de temperaturas, empuja hacia grados altos, y no basta con anticipar la vendimia de forma simplista; eso solo genera desequilibrios entre una acidez punzante y una falta de madurez fenólica. Una de las opciones es que los viticultores redescubramos nuestro oficio para lograr equilibrio y elegancia con menos grado, demostrando que la baja graduación no es sinónimo de baja calidad. La calidad en nuestros vinos la tenemos asegurada, así como el buen hacer y profesionalidad del sector.

Asimismo, uno de los pilares para conquistar al consumidor es la claridad en todos los sentidos; el consumidor moderno es exigente y cambiante; de ahí que sea imprescindible establecer un etiquetado diferenciador que permita distinguir dos realidades distintas: por un lado los vinos de baja graduación natural, es decir, aquellos que, gracias a un manejo magistral del viñedo y la enología, logran un grado moderado manteniendo toda la estructura y complejidad del terruño.

Por otro lado, los vinos parcialmente desalcoholizados, aquellos que han pasado por procesos tecnológicos (como columnas de conos o membranas) para retirar el alcohol tras la fermentación.

Ambas opciones tienen su mercado, pero el consumidor debe saber qué hay en su copa, qué le ofrecemos y que él disfrute este producto de calidad. La transparencia es la única vía para que el mensaje calidad cale en los nuevos segmentos de población que buscan alternativas al consumo sin dejar de optar por el vino.

Entendemos que Europa debe aprovechar la reforma de la PAC y facilitar y agilizar los plazos, porque no podemos asfixiar la innovación en trámites administrativos, mientras el mercado demanda respuestas inmediatas y otros países se aprovechan.

La crisis del sector no se solucionará solo bajando los grados, pero ignorar un crecimiento del 18 % sería un error clarísimo. El vino de baja graduación viene a complementar el catálogo de lo que ya hacemos, así como a amortiguar la caída del consumo tradicional.

El sector europeo tiene la obligación moral y económica de adaptarse a este cambio con agilidad. Si logramos unir la protección de nuestras D.O. con una normativa ágil y un etiquetado honesto, el vino seguirá siendo el protagonista de nuestras mesas, adaptándose, como siempre ha hecho, a los tiempos que corren. El prestigio no se mide en grados, sino en la capacidad de emocionar al consumidor sin perder la esencia de la tierra.

Alejandro García-Gasco Alcalde, responsable de Vino de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos

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