Deporte

“Paniagua fue una referencia para muchas generaciones”

Justo López, el alcazareño que escribió una biografía sobre el histórico jugador, repasa la trayectoria de un hombre que lo dio todo por el baloncesto

Carlos Moreno | Viernes, 1 de Mayo del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Justo López y Vicente Paniagua Justo López y Vicente Paniagua

El pasado 7 de marzo fallecía, a los 78 años de edad, Vicente Paniagua, el alcazareño que permaneció muchos años en la élite del baloncesto y que vivió grandes momentos de gloria con el Real Madrid. Su muerte fue un varapalo para el mundo del baloncesto puesto que hablamos de un hombre que permaneció ligado al deporte que amaba durante muchos años.  

Si hay alguien que puede aportar datos y valiosa información sobre la figura de Paniagua es el profesor de Educación Física Justo López, natural de Alcázar de San Juan, que llevaba años con una idea clara: poner en valor la trayectoria de Vicente Paniagua, escribiendo un libro sobre su vida. Aquella propuesta, iniciada en 2015, sufrió diversos retrasos —entre ellos el parón provocado por la pandemia—, pero finalmente vio la luz en 2021, en el pabellón que lleva el nombre del mítico jugador.

La relación de López con Paniagua se remonta a la infancia. Aunque les separaban siete años de edad, ambos coincidieron en el colegio de los Trinitarios y compartieron el ambiente baloncestístico de una ciudad que vivía con intensidad este deporte. 

Un talento que asomó pronto

Cuenta López, que nos ha recibido en su casa donde abunda el arte y los recuerdos de una familia muy ligada al deporte puesto que su padre fue futbolista profesional, Vicente ya veía jugar en Alcázar a otros pioneros de este deporte repartidos en diversos equipos locales como el Hércules, el Dinámico y especialmente Los Niños del Pireo, curioso nombre del equipo en el que jugaba su hermano Paco y algunos de sus primos. En esa época recuerda haber jugado su primer partido como infantil en aquellos torneos celebrados en la pista de la Plaza de España ante el Ayuntamiento, a las once de la noche y entrenado por Manolo Delgado, algo mayor que él. También Antonio Díaz-Miguel, el legendario seleccionador nacional, agrandó su figura en esos torneos antes de dar el salto al profesionalismo, haciéndose acompañar por figuras como Laso o Alfonso Martinez.  

“Desde niños lo veíamos jugar todos los domingos”, recuerda López, quien destaca que Paniagua ya era entonces la gran figura del Club Baloncesto Balmes, un equipo que llegó a disputar fases de ascenso a la máxima categoría. Destacaban en aquel gran conjunto jovencísimos jugadores como los hermanos Paniagua, Barrilero, Gelo, Mazuecos, Maldonado, los hermanos Peñuela, Leal y Micó, entre otros. En un partido amistoso que se disputaba con motivo de las ferias de la ciudad, Paniagua ofreció una actuación estelar frente al Fátima de Madrid. Su técnico, Manolo Villafranca, no dudó en  anotar su nombre en la libreta y ofrecerloj al Real Madrid.  Se convirtió en uno de los primeros jugadores de fuera de la capital en integrarse en la disciplina del club que lo inscribió en su segundo equipo puesto que solo contaba con 16 años.  

Años de gloria en el Real Madrid

En Madrid, Paniagua vivió una etapa de crecimiento y progresión constantes. Instalado lejos de su entorno familiar, volcó toda su energía en el baloncesto, aprovechando cada oportunidad que se le brindaba. Vivió primero en pensiones y más adelante, al entrar el círculo profesional, el club le sufragaría su estancia en un piso. “Cuando el equipo mayor necesitaba jugadores para sus entrenamientos, siempre recurrían a Vicente”. Su perfil destacó especialmente por su capacidad defensiva, hasta el punto de convertirse en un especialista en frenar a las grandes figuras rivales. “Era un secador de los mejores jugadores”, apunta López que recuerda su actuación ante Nino Buscató en la final de Copa que el equipo madrileño ganó al Joventut de Badalona y otros marcajes imperiales a jugadores como Escorial, Belov o Raga.

Durante trece temporadas en el Real Madrid (1964-1977), Paniagua formó parte de una de las épocas más brillantes del club. Su palmarés incluye diez ligas, nueve Copas de España y tres Copas de Europa, además de un título mundial de clubes. Estuvo en equipos que alcanzaron record de anotación y que aguantó largos periodos sin perder un solo partido.

Coincidió así con grandes leyendas del Madrid. Rafa Rullán,  Carmelo Cabrera, Brabender, Cliford Luyck, Walter Szczerbiak, Corbalán, Prada… también llegó a jugar con Vicente Ramos, que era uno de sus grandes  amigos. Un equipo añorado y recordado que dirigía Lolo Sainz. Pero también jugó con los de la anterior generación.  Incluso llegó a jugar con Burguess, que era un  americano muy peculiar también, que se enfrentó a Ferrandiz, Moncho Monsalve, Carlos Sevillano, que era el capitán y  una gran leyenda como Emiliano.

A nivel internacional, fue convocado en ocho ocasiones con la selección española que regentaba su paisano Antonio Díaz-Miguel, aunque el propio jugador consideraba escasa su participación debido a las dinámicas de la época en la que, casi obligatoriamente, tenían que ir los mismos jugadores del Real Madrid que del Barcelona.

Regreso a casa

Tras su etapa en el conjunto blanco, continuó su carrera en el Renfe de Ciudad Real y en el Quesos García Baquero de Alcázar. En los dos equipos coincidiría con una generación destacada de jugadores provinciales.  Más tarde, probó suerte como entrenador, aunque, según relata López, nunca se sintió plenamente cómodo en ese rol debido a la presión y a la gestión de grupo que conlleva.

Su vinculación con el baloncesto se mantuvo en diferentes facetas: entrenador, director deportivo, seleccionador regional y dirigente federativo. Incluso llegó a presidir la federación en un momento clave, coincidiendo con la reorganización territorial derivada de la creación de las comunidades autónomas, un proceso no exento de tensiones.

Paralelamente, Paniagua desarrolló una vida profesional fuera de las canchas, trabajando en el sector bancario y participando en actividades formativas como campus y clínicas deportivas. También tuvo incursiones puntuales en la docencia, colaborando en centros educativos, entre ellos el Instituto García Pavón de Tomelloso.

Más allá de su trayectoria deportiva, López subraya el lado humano del protagonista de su biografía. Lo describe como una persona cercana, dialogante y profundamente vinculada a su ciudad natal. “Siempre llevaba Alcázar en el alma”, afirma. Aunque reconoce que, como figura pública, no estuvo exento de críticas, destaca que fue ampliamente reconocido, recibiendo distinciones como la medalla de oro al mérito deportivo y el nombramiento como hijo predilecto de la localidad.

Ese  reconocimiento quedó también reflejado en vida con la dedicación del principal pabellón deportivo de Alcázar de San Juan, que lleva su nombre. Un homenaje permanente a quien, como concluye López, “fue mucho más que un jugador: una referencia para varias generaciones”.


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