“En
esencia, somos criaturas sociales. Por ello, es cosa noble estar predispuestos
a entendernos y a atendernos, a dar razón a todo lo que es justo”.
Necesitamos ganar confianza, entre pulsaciones diversas, a
fin de retomar vínculos sustentados en el amor y en lo verídico, aunque nos
duela. Nos lo acaban de indicar los astronautas de la Artemis II, justamente en
Naciones Unidas: “la humanidad es capaz de hacer cosas extraordinarias cuando
actúa junta”. En efecto, la unión
siempre hace la fuerza y la discordia la debilita. Sólo en un mundo, con una
ciudadanía más corazón que coraza, es posible la unidad. La sinceridad, pues,
al poder. Más vale vivir un minuto de vida honesta y franca, que mil años de
hipocresía. Subsiguientemente, es vital ahondar mar adentro, a fin de conservar
una tranquilidad y un equilibrio providencial, incluso en los períodos más
críticos, cuando todo parece hundido por nuestras propias miserias.
Ha llegado el momento, tenemos que despertar de los falsos
sueños mundanos, a pesar de nuestras debilidades. Querer hacerlo, es poder
realizarlo. Precisamente, la tripulación del Artemis II, que tuvo la dicha de
realizar el vuelo espacial tripulado más lejano de la historia, viajando más
allá de la cara oculta de la luna y regresando sanos y salvos a la tierra, tras
días intensos, exigentes e inspiradores; reavivaron, desde sus entrañas, el
sentido de la participación humana compartida en la exploración del espacio. Indudablemente,
somos seres en relación, que requiere de esa conciencia colectiva, más madura
en el discernimiento, al conjugar diversos horizontes. Desde luego, activar el juicio
de la verdad desde la bondad, nos acrecienta una escucha mutua y un análisis
universal.
En esencia, somos criaturas sociales. Por ello, es cosa
noble estar predispuestos a entendernos y a atendernos, a dar razón a todo lo
que es justo. La equivocación, inherente a toda acción humana, resulta cruel;
cuando se persevera voluntariamente en el error, floreciendo como algo
diabólico, lo que nos demanda sanación urgente. Sea como fuere, el orbe de la
nueva época global, como el mundo de los vuelos cósmicos y de las conquistas
científicas y técnicas, tampoco puede endiosarse. Lo expresan también muy claro
los astronautas, la experiencia más poderosa fue divisar el planeta, que
parecía pequeño, frágil, casi etéreo contra la vasta oscuridad, como algo
necesitado de protección. Es preciso y precioso, por tanto, que todos nosotros
nos encontremos y nos reencontremos en unidad.
Sí unirse es el comienzo de todo avance, reunirse es el
inicio que activa la cultura del abrazo leal, que es lo que nos hace cooperar y
colaborar contiguos; porque, además, la salud es la entidad armónica que da
valor a todos los años existenciales haciendo familia. No hay curación, sí nos
dejamos guiar por el afán dominador de un desarrollo inhumano a más no poder,
marcado y remarcado por graves injusticias, ante la falta de moral y ética que
nos deja sin respiración. Una civilización, con perfil puramente materialista
como la presente, se esclaviza ella misma con el penal de vicios y vacíos, que
colecta. En todo caso y, a poco que nos adentremos en los paseos vivenciales,
nos hallaremos con dramas que no pueden dejarnos indiferentes; son estos
espacios maltrechos, los que precisan cuidado.
El néctar viviente es un requerimiento natural; ya no sólo
corporal, también espiritual. De igual modo, que la vida dentro de la nave
espacial, -como lo recordaban los tripulantes de la misión-, nos advierte de la
implicación colectiva, también los que caminamos por aquí abajo, necesitamos
sentirnos custodiados y queridos por el sentido humanitario de solidaridad. Por
desgracia, nos mueve el interés mundano, que lo único que hace es disgregarnos,
con riadas de tensiones y oleajes de violencias. Lo cardinal es el respeto
hacia todo análogo. Dicho soplo, por ende, da aliento; y, como tal, tiene su
tacto como primera condición para saber vivir. Sin embargo, cuando los que nos
dirigen olvidan el rubor, los que nos doblegamos solemos perder la tolerancia. Toca
enmendarse, pues, cada aurora.
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Domingo, 3 de Mayo del 2026
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