Opinión

Twin Peaks: La televisión moderna nació gracias a esta serie

Luis Manuel Serrano Novillo | Martes, 12 de Mayo del 2026
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En los años 90 la televisión cambió tal y como la conocemos y todo gracias a un cineasta adelantado a su tiempo. Hablo de nada más y nada menos que de David Lynch, cuya serie cambió no solo los paradigmas de la televisión, sino también la forma de verla: Twin Peaks.

Esta serie, creada tanto por el propio Lynch junto con Mark Frost y con un reparto encabezado por Kyle MacLachlan, Sherilyn Fenn, Lara Flynn Boyle, Michael Ontkean, Ray Wise, Frank Silva, Michael J. Anderson, Carel Struycken, Joan Chen, Billy Zane, Sheryl Lee y con apariciones especiales de Laura Dern, Monica Bellucci, David Bowie y hasta el propio David Lynch. En el pequeño pueblo de Twin Peaks se halla el cadáver de la joven adolescente Laura Palmer y todo depende del agente especial Dale Cooper: resolver el asesinato y saber quién mató a Laura Palmer.

No soy gran fan de David Lynch. Sus pelis son muy bizarras y, en ocasiones, depende apagar el cerebro, como me pasó en su día viendo Lost Highway (Autopista Perdida), y con Twin Peaks me pasa algo parecido.

No negaré que, a nivel visual, me parece algo de otro mundo. El juego de colores, las actuaciones y la trama confusa para hacer pensar al espectador es algo que nunca había visto y, si pensabais que Dark ya era confusa, pues esperad a ver esto.

Respecto a la historia, no me gustaría destripar nada, más que nada porque no me enteré ni de la mitad, pese a que las dos primeras temporadas tienen sentido y se basan en resolver el misterio de encontrar al asesino de Laura Palmer. Hay capítulos que rozan, no lo ridículo, pero sí esa curiosa imaginación de Lynch y esos quebraderos de cabeza como son, por ejemplo, los sueños de Cooper, las extrañas conversaciones entre los distintos personajes y, cómo no, las escenas de las Logias. Para entender la serie hay que estar centrado en el mínimo detalle y, viéndolo en retrospectiva tras ver la tercera y última, todo encaja a su manera, sobre todo cuando regresas a capítulos de las dos primeras temporadas.

En cuanto a los personajes, lo cierto es que son los más icónicos que he visto en una serie. Empezando por el agente Cooper, es la mejor actuación de Kyle MacLachlan en toda su carrera, además de la de Fallout. Cooper es un investigador con mucha curiosidad y con una pasión por el café y la tarta de cereza. Podría seguir con Hawk, el propio personaje de Lynch, que va con sonotone y sirve de alivio cómico, e incluso con los personajes de las Logias y la propia Laura Palmer, pero me gustaría ahorrármelo para que lo descubráis vosotros.

Ahora que he mencionado un poco por encima de qué va la propia serie, me gustaría añadir cosas con spoilers, así que, si no la visteis o queréis volver a verla, salid de aquí y volved después.

Para cuando llegas a la mitad de la segunda temporada y se descubre quién mató a Laura Palmer, la serie pega un bajón de calidad y se vuelve predecible, a la par que da tramas a los distintos y variopintos personajes del pueblo, como es el caso de la trama de Audrey con John, interpretado por un jovencísimo Billy Zane.

Sin embargo, o más bien por suerte, Lynch volvió para dirigir el capítulo final y nos dejó locos. ¿Sabéis cómo termina la segunda temporada? “Nos volveremos a ver dentro de 25 años”. Pensad que era el año 1991/1992 y no os lo creeríais, pero Twin Peaks volvió en 2017 con una temporada final, esta vez escrita y dirigida por el propio Lynch y, si os lo preguntáis, no hay límites. Toda esa imaginación de su creador se plasma en su tercera y última temporada, dando capítulos que en ocasiones rozan lo bizarro.

Muchos piensan, yo incluido, que Los Soprano fue la serie que definió la televisión moderna. En parte es verdad, sobre todo porque nadie supera a Tony Soprano ni ese nivel de narrativa que nos dio David Chase allá por el año 99.

Los Soprano nos introdujo al antihéroe por excelencia y al personaje más complejo de la historia de la televisión, como es Tony Soprano. A partir de ahí muchos le han seguido, pero tras volver a ver Twin Peaks me doy cuenta de que, si David Lynch no hubiese usado el lenguaje cinematográfico ni nos hubiese dado al agente especial Cooper, quizá no hubiésemos tenido a Tony Soprano, a Walter White, a Don Draper, a BoJack Horseman e incluso a la familia Roy.

Twin Peaks no es solo una serie, es la serie por antonomasia. Demostró que también se podían contar grandes historias en la pequeña pantalla y usar todo el lenguaje del cine en formato pequeño. Lo que ocurrió después ya es historia: todas las grandes series que vinieron después no son más que la evolución de la propia tele.

Además, también ha tenido gran impacto en la cultura popular. Sin más dilación, el capítulo de Los Simpson de “¿Quién disparó al señor Burns?” tiene un segmento donde el jefe Wiggum tiene un sueño extraño y acaba metiéndose en la Logia Negra, con la música y Lisa hablando al revés, como en la propia serie.

Lo único que puedo lamentar es que el bueno de David Lynch ya no se encuentra entre nosotros, pero su legado permanece tanto en sus largometrajes como en esta maravilla de serie.

Solamente puedo decir que, si no la habéis visto, ¿a qué estáis tardando? El único consejo que os puedo dar es que os sentéis y disfrutéis y, de paso, apaguéis el cerebro porque, si no, lo más probable es que os dé una embolia.

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