La Voz en reflexión

El tren se queda otra vez en palabras

Carlos Moreno y Francisco Navarro | Viernes, 22 de Mayo del 2026
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Este jueves, en las Cortes de Castilla-La Mancha, uno de los refranes más repetidos por la sabiduría de los agricultores de Tomelloso, el de “Por mucho trigo, nunca es mal año” se quedó en una ironía amarga. El popular adagio sostiene que la abundancia, cuando se trata de bienes o de oportunidades, jamás perjudica. Pero el pleno del 21 de mayo de las Cortes de Castilla-La Mancha demostró que el exceso de mociones, de proposiciones y de discursos puede acabar resultando estéril. Al menos para Tomelloso y Argamasilla de Alba.

Las tres fuerzas políticas con representación en el Convento de San Gil, nada menos, llevaron iniciativas “para la integración y conexión a través de una nueva infraestructura ferroviaria” de ambas localidades. Un mismo punto del orden del día reunía propuestas de VOX, PP y PSOE en torno a una reivindicación histórica que, sobre el papel, parecía capaz de concitar un consenso incontestable. Fueron 32 los diputados asistentes en la sesión de jueves, la ausencia de un parlamentario socialista —no sabemos las razones— complicó la aritmética de la Cámara.

Podría pensarse que, con semejante despliegue parlamentario en favor del tren, el resultado estaba garantizado. Pero ocurrió exactamente lo contrario ya que ninguna de las tres iniciativas prosperó. Hubo reproches cruzados, acusaciones de incoherencia, referencias a contradicciones territoriales y apelaciones a agravios históricos. Mucha dialéctica y poco avance. La política es el arte de buscar puntos de encuentro ante los temas importantes, algo que parece que está muy lejos de ser una realidad en los tiempos que corren.

Fran Barato, por el PSOE, acusó al PP de mantener posiciones contradictorias sobre el ferrocarril según el territorio del que se hable y llegó a plantear una resolución conjunta basada en el acuerdo unánime del Ayuntamiento de Tomelloso. Nacho Redondo, desde el PP, recordó que la comarca lleva décadas esperando respuestas reales y reprochó a los socialistas que rechazaran en las Cortes regionales una propuesta similar a la que apoyaron en la Diputación de Ciudad Real. Luis Blázquez, por VOX, criticó tanto al Gobierno regional y nacional como a los grandes partidos por “utilizar políticamente” una reivindicación histórica y calificó de “incomprensible” que una comarca estratégica continúe sin conexión ferroviaria.

Poco o nada se puede objetar al fondo de las propuestas. Las tres defendían, con distintos matices, algo tan elemental, como que Tomelloso y Argamasilla de Alba dejen de ser una anomalía ferroviaria en pleno siglo XXI. Todas reclamaban estudios, planificación, integración en la red estatal y conexiones con los corredores existentes. Cambiaban las formas y los enfoques, pero no el objetivo.

Los tres diputados que subieron a la tribuna defendieron sus posiciones con solvencia. Lo hicieron con argumentos razonables y con una idea común de fondo, resulta injustificable que dos localidades de este peso demográfico, económico y social sigan fuera del mapa ferroviario. No sabríamos decir quién ganó el debate parlamentario. Seguramente porque visto el resultado da bastante igual.

Quien sí perdió fue la ciudadanía de Tomelloso y Argamasilla de Alba.

Las victorias dialécticas en política suelen tener escaso valor para quien espera soluciones concretas. El ciudadano no necesita discursos brillantes, ni mociones redactadas con precisión quirúrgica, ni cruces de acusaciones convertidos en titulares pomposos. Necesita acuerdos. Necesita hechos. Necesita que, alguna vez, los partidos entiendan que hay reivindicaciones que deberían situarse por encima de las siglas. Ya pasó en el Ayuntamiento de Tomelloso y en la Diputación de Ciudad Real, a pesar de que no hubo declaración institucional en la institución provincial. No es tan difícil llegar a acuerdos.

Este jueves habría sido más útil un consenso sobrio y discreto que tres iniciativas distintas condenadas desde el principio al choque partidista. Menos brillantez parlamentaria y más voluntad de entendimiento.

El tren no entiende de colores políticos. La ausencia del tren, tampoco.

La próxima vez que sus señorías quieran pedir ferrocarril para Tomelloso y Argamasilla, tal vez deberían hacerlo juntos. Los ciudadanos hace mucho tiempo que comprendieron algo que la política todavía parece que a veces es incapaz de asumir, separados podrán ganar debates; unidos tendrían alguna posibilidad de ganar el tren.

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