El numeroso público que acudió este domingo al Marcelo
Grande premió a Tomillo’s Teatro con una calurosa ovación tras la
representación de “Votemos”, adaptación de la película de Santiago
Requejo dirigida por Cirilo Castro. Con una buena entrada —la platea
estaba prácticamente llena— los espectadores disfrutaron de una función que,
además de provocar continuas risas, dejó espacio para la reflexión sobre
asuntos tan actuales como la discriminación, la vivienda, el machismo o el
estigma de la enfermedad mental.
La propuesta de Tomillo’s partía de una situación cotidiana
llevada al extremo. Los vecinos de una comunidad se reúnen en el piso de Carmen
—que prácticamente se cae a pedazos— para votar un asunto aparentemente
rutinario, el cambio del ascensor, que ya ha llegado al final de su vida
útil. La democracia vecinal funciona y el relevo del elevador sale adelante sin
demasiados problemas. Pero el verdadero conflicto estalla cuando Carmen,
interpretada por Carmen Correas, anuncia que piensa alquilar el piso a
Joaquín, un compañero de trabajo que participa en un programa de integración
sociosanitaria porque padece una enfermedad mental.
Una comedia incómoda y muy reconocible
A partir de ese momento empiezan a aflorar los juicios de
valor, los tópicos, los prejuicios y la falta de empatía. Capitaneados por
Fernando —personaje al que Cirilo Castro dota del necesario tono de
“cuñadismo”—, varios vecinos comienzan a plantear preguntas capciosas y
claramente discriminatorias. Maite, interpretada por Conchi Araque;
Remedios, a cargo de Conchi Benito; y Lola, encarnada por Mari
Ángeles Villaescusa, ponen sobre la mesa el argumento de “la seguridad”,
mientras muestran sin pudor sus dudas sobre lo que consideran normal o
aceptable.
Con un planteamiento entre kafkiano y berlanguiano,
los vecinos pretenden incluso evitar el cambio del ascensor para destinar ese
dinero a pagarle el alquiler a Carmen y así impedir la llegada del nuevo
inquilino. La obra convierte entonces la comunidad de vecinos en un pequeño
microcosmos donde afloran miserias, contradicciones y dobles varas de medir.
Uno de los momentos más significativos de la representación
llega cuando Nuria, personaje interpretado por Rosa María Martínez,
confiesa que ella también padece una enfermedad mental. Una revelación que
cambia de inmediato la actitud de sus vecinos, que pasan a tratarla con una
condescendencia casi paternalista. “Me tomo dos pastillas por la mañana y ya
está solucionado. Quienes tenemos enfermedad mental solo queremos vivir una
vida normal”, les explica.
Ritmo ágil, personajes creíbles y un final inesperado
Con un ritmo agilísimo y un marcado tono de
comedia, Tomillo’s Teatro consigue que el espectador se divierta mientras
se reconoce, quizá demasiado, en muchas de las situaciones que aparecen sobre
el escenario. Tampoco faltan guiños al choque generacional,
especialmente en las sonoras discusiones entre Fernando y el joven Lucas,
interpretado por Justo Javier Díaz.
La compañía sabe encontrar el tono hilarante que
precisa la obra y todos los personajes resultan creíbles gracias a unas
interpretaciones solventes y muy bien ensambladas. En otros momentos,
“Votemos” se transforma en una sátira social cruel que obliga a pensar
al espectador sobre comportamientos que forman parte del día a día. Las
discusiones, los diálogos y las situaciones cómicas se suceden sin descanso
durante la hora y media de función hasta la aparición de Joaquín,
interpretado por Jorge del Olmo, y un final inesperado y merecidísimo.
El escenario, diseñado por la propia compañía, trasladó con
eficacia al público al deteriorado piso de Carmen, reforzando la sensación de
cercanía y encierro que exige la trama.
Al término de la representación, el público del Marcelo
Grande volvió a reconocer el trabajo de Tomillo’s Teatro con una larga
y calurosa ovación en otra destacada cita de la 33 Muestra Local de
Teatro.
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Lunes, 25 de Mayo del 2026
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