Antes que el verso comience, ya se escucha la lluvia. No como tormenta, sino como una lenta, respiración del cielo sobre la tierra dormida.
Amanece despacio en la tierra callada, el cielo va suspirando su pena mojada. Las nubes se juntan en un lento vaivén, y el campo despierta soñando también.
Hay un canto gris sobre el horizonte, con un murmullo dulce bajando del monte. La mañana avanza sin prisa ni voz, dejando en el aire un silencio de Dios.
El viento acaricia las flores dormidas, las hojas se mecen tranquilas, rendidas. Y el cielo, tan grande, parece llorar gotitas de sombra que quieren cantar.
Todo respira calma, misterio y verdad, las nubes negras que cubren el sol como un viejo abrazo de invierno y farol. Yo miro a lo lejos, sin decir apenas nada, porque existen amaneceres que hablan de paz aun vestidos de gris.
Y ojalá nunca se apaguen los cielos sinceros ni el canto sencillo de los aguaceros. Porque también la sombra, florece cuando aprende a amar y florece despacio al volver a empezar.
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Viernes, 29 de Mayo del 2026
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