Opinión

Capacitar a todas las familias; para que nadie tiemble de frío

Víctor Corcoba Herrero | Domingo, 31 de Mayo del 2026
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El futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario”.

Nuestro principal deber es hacer comunión y comunidad, generar vínculos y tomar el aire de los sueños compartidos. Sin calor de hogar, nada somos, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Cualquier ser pensante, que se sienta solo en el planeta, es un ser que tirita de crudeza. Es cierto, que el lazo que nos une como auténtica familia, no tiene porque ser de sangre, sino de respeto y de alegría mutua. Rara vez los miembros de un mismo linaje crecen bajo el mismo techo. Esto nos demanda a ser más corazón que coraza. La vida nos requiere implicación; por tanto, ser progenitores es un viaje lleno de estima, de desafíos y de aprendizaje sin fin. De ahí, la importancia de empoderar a todas las genealogías para que puedan ir hacia adelante.

Ciertamente, nos requerimos conjuntamente, ya sea para el desarrollo de habilidades, para dar autoridad o permiso, o para ganar fuerza o autonomía. Ser antecesores justos, es el trabajo más importante del mundo, yo diría que el primordial. Sin embargo, aún muchos ascendientes no disponen del tiempo y tampoco del apoyo preciso, para estar con sus retoños. En efecto, la implicación de los padres es vital para el bienestar y la salud integral de los niños, incluso para su éxito académico. Será benigno, por consiguiente, continuar ahondando en nuevos marcos normativos de protección a las familias, que permitan entornos más favorables a la savia hogareña, incorporando la perspectiva de género, reconociendo y protegiendo la diversidad de modelos de convivencia conyugal.

Una mejor conciliación laboral y familiar, debe ser una cuestión social prioritaria en cualquiera de los rincones del orbe, a la vez que impulsar la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En consecuencia, la financiación de servicios y programas sociales de protección a la parentela, así como la atención a la pobreza infantil, la considero más esencial que nunca, cuando todo se disgrega y se divide, por esa falta de comprensiva concordia y exceso de egoísmo. Por desgracia, la lógica individualista y mercantil del intercambio interesado tiende a violentar incluso el ámbito de las relaciones interpersonales, volviéndolas falsas y frágiles, mientras que sería bienhechor afianzar lo contrario, que los valores de la estirpe humanizasen el mercado.

Es evidente que el futuro de la humanidad pasa por el tronco humanitario, no por ser una sociedad competitiva, donde parece que únicamente los briosos y los ganadores merecen vivir; como si tan sólo las estructuras económicas e institucionales, fuesen lo prioritario. Ojalá aprendamos a reprendernos, a valorar y a reconocer en las personas un valor cardinal, el del amor de amar amor, por encima de cualquier sistema de producción en masa, que lo único que hace es esclavizarnos y corrompernos. Quizás sea saludable despertar, asociarse y oírse, evitando nuevas concentraciones de poder dominador, que para nada tienen en cuenta el enlace entre la docencia y la decencia del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las filiaciones de llevar una vida digna.

Son los ciudadanos los que deben contar, cada uno de ellos y sus proles. Y en este sentido, tampoco podemos perder la esperanza de trabajar unidos en pos del bien colectivo, lo que significa tener un proyecto compartido. Ser hijo de unos buenos patriarcas, ¡qué gran riqueza es! Unos sensatos predecesores valen por cientos de maestros. No podemos descuidar el uso de nuestras herramientas afectivas. Esto no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia el sentido natural. Precisamente, creo que urge la labor de un equilibrio más ético, por ejemplo entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo con el que madura la conciencia, el rol de madres y padres por concebir un mundo más de todos y de nadie en particular. O sea, ¡humano!

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