El 14 de junio, Antonio Linares hará el paseíllo en la plaza
de Tomelloso para enfrentarse a seis toros de Alcurrucén. Solo. Diez años
después de su alternativa, el matador tomellosero cierra un ciclo con el gesto
más exigente que —a nuestro juicio— puede llevar a cabo un torero, una
encerrona en casa. No la vive Linares como un homenaje ni como una celebración.
Lo siente como una deuda de gratitud con el pueblo que le ha acompañado desde
el principio, en los buenos días y en los malos.
A una semana de la cita, conversa con La Voz de Tomelloso
sin prisa y sin poses. Habla con tranquilidad, sin artificios, de lo que
significa ponerse solo delante de seis toros en tu propia plaza, ante tu gente.
—Este 14 de junio se cumplen diez años de su alternativa
y se enfrenta a seis toros en su plaza. Cuando presentó la corrida dijo que era
el momento de devolver a Tomelloso todo lo que le ha dado. ¿Qué tiene esta
tarde para que la viva así?
—Más que una fecha concreta, esta corrida es el reflejo de
todo el camino recorrido. Son diez años de alternativa, pero realmente llevamos
dieciséis años peleando en este mundo. Cuando uno mira hacia atrás y recuerda
los sacrificios, los kilómetros y a todas las personas que han estado ahí,
especialmente en los momentos difíciles, entiende que no ha llegado solo.
Tomelloso siempre me ha apoyado y siento que esta tarde es una manera de
devolverle todo ese cariño.
—En la presentación dijo una frase que ha llegado mucho a
la gente: «Esta tarde no es mía, es del pueblo». ¿Siente que hará el paseíllo
como Antonio Linares o como el representante de toda una afición?
—Yo seré el que se ponga delante de los toros, pero la tarde
es de todos. Mi familia, los aficionados, los amigos, las empresas, las
instituciones... mucha gente ha puesto su granito de arena para que este
proyecto salga adelante. El día 14 estaré solo en el ruedo, pero sentiré que
detrás viene empujando todo un pueblo. Por eso digo que esta tarde no me
pertenece a mí.
—Han sido diez años de matador, con triunfos, lesiones,
sacrificios y muchas horas de trabajo silencioso. Si el Antonio Linares que
tomó la alternativa pudiera hablar con el de hoy, ¿qué le diría?
—Le diría que ha merecido la pena. Que todo el esfuerzo, las tardes malas, las lesiones y los momentos en los que parecía que las cosas no salían tenían un sentido. Siempre he sido muy terco y nunca me permití tirar la toalla. Cuando amas esta profesión, vivir sin torear es muy difícil. Mirando atrás, me siento un privilegiado por haber convertido en realidad muchos de aquellos sueños.

—¿Y al revés? Si aquel Antonio Linares que tomó la
alternativa en Pedro Muñoz pudiera hablar con el torero que dentro de unos días
se encerrará con seis toros en Tomelloso, ¿qué le diría?
—Seguramente me diría que tenga cuidado, porque ya son diez
años más en el cuerpo. Pero también creo que estaría tranquilo al verme llegar
hasta aquí. Físicamente me encuentro muy bien, me preparo mucho y la
experiencia ayuda. Lo que no ha cambiado es la ilusión ni las ganas de luchar.
Cuando uno lleva esto dentro, cada vez que se viste de luces vuelve a sentir la
misma responsabilidad y el mismo respeto.
—Torear seis toros en solitario exige una preparación
física extraordinaria, pero muchos toreros dicen que el verdadero reto está en
la cabeza. ¿Cómo se prepara psicológicamente para una tarde así?
—Los días previos siempre hay nervios. Es tu tierra, está tu
gente y quieres estar a la altura de una responsabilidad tan grande. Pero me
pasa una cosa curiosa, cuando llego al patio de cuadrillas y hago el paseíllo,
todo cambia. Es como si la mente se colocara en su sitio y solo existiera el
toro que tienes delante. Ahí desaparecen las dudas y los nervios y aparece esa
entrega absoluta que necesita un torero.
—Podía haber elegido una ganadería más cómoda, pero ha
apostado por Alcurrucén. ¿Por qué era importante que esta cita no tuviera
concesiones?
—Al principio incluso pensamos en ganaderías todavía más
duras, como Miura o Vitorino. Pero también queríamos que fuera una corrida con
opciones de triunfo y que el público disfrutara. Alcurrucén está atravesando un
momento muy bueno y creo que reúne el equilibrio perfecto entre la exigencia
que requiere una tarde así y el espectáculo que merece la afición.
—Hace unos días, Juan Romero escribía en La Voz de
Tomelloso una frase muy bonita: «Seis toros, seis historias y un solo
hombre frente al destino». ¿Se vive una encerrona como una sola corrida o como
seis historias distintas?
—Cuando leí esas palabras me emocioné mucho. No sabía lo que
Juan iba a escribir y, sinceramente, me puso el vello de punta. Son frases que
salen del corazón y eso se nota.
En cuanto a la encerrona, cada toro tendrá su propia
historia, porque cada uno será distinto. Pero al final creo que todo se
resumirá en una sola tarde. En esos seis toros estará reflejado todo lo que
hemos vivido durante estos años, el esfuerzo, las caídas, los triunfos y el
agradecimiento a toda la gente que ha estado a nuestro lado.
—Ha llevado el nombre de Tomelloso por muchas plazas y
nunca ha escondido de dónde viene. Además, sigue haciendo vida normal en el
pueblo. ¿Le ha beneficiado esa cercanía?
—A mí siempre me ha gustado ser transparente y estar cerca
de la gente. Trabajo aquí, hago vida aquí y creo que eso es lo natural. Lo
profesional no tiene por qué separarte de tus vecinos. Yo soy de Tomelloso y
estoy orgulloso de serlo.
—¿Es esta la plaza donde más cuesta dominar las
emociones?
—Sin ninguna duda. Muchas veces he dicho que me pesaba menos torear en Las Ventas que hacerlo aquí. En Tomelloso están mis amigos, mi familia y la gente que me ha visto crecer. Ellos son los que te mantienen vivo durante tantos años y, cuando llega una tarde como esta, sientes una responsabilidad enorme. Con la experiencia aprendes a manejar esas emociones, pero nunca desaparecen.
—Siempre se dice que el miedo nunca desaparece en un
torero. A pocos días de esta cita, ¿qué espacio ocupa el respeto y qué espacio
ocupa la ilusión?
—El respeto siempre está ahí y creo que es necesario. Son
seis toros para uno solo y sabes que cualquier detalle puede cambiar la tarde.
Piensas en la responsabilidad, en el calor, en la presión, en que cualquier
percance puede condicionarlo todo. Pero por encima de todo está la ilusión.
Cuando llega el momento de salir a la plaza, el torero deja de pensar en esas
cosas y solo quiere triunfar.
—Durante la presentación comentó que un festejo así será
difícil de repetir en la tauromaquia actual. ¿Cree que estamos ante una tarde
histórica para Tomelloso?
—Ojalá vengan muchos toreros detrás y puedan vivir algo
parecido, pero ahora mismo es complicado. Que salga un torero local, tome la
alternativa, aguante tantos años como matador y además se encierre con seis
toros en Tomelloso es algo muy difícil. Por eso creo que esta es una tarde
especial y que el pueblo la va a recordar durante mucho tiempo.
—El Ayuntamiento, la Diputación, las empresas locales y
muchos aficionados se han volcado con este proyecto. ¿Ha sentido durante estos
meses que el pueblo entero está caminando con usted hacia el 14 de junio?
—Sí, sin ninguna duda. Lo hemos sentido desde el primer
momento y, conforme se acerca la fecha, todavía más. Muchísima gente me llama
para preguntarme por las entradas o simplemente para decirme que allí va a
estar. El Ayuntamiento nos ha ayudado mucho, la Diputación ha sido un apoyo
fundamental y las empresas del pueblo han hecho un esfuerzo importante para que
esto salga adelante. Cuando ves esa implicación piensas que algo se ha hecho
bien durante todos estos años.
—El empresario ha dicho que esta es una corrida propia de
una plaza de segunda. ¿Puede esta encerrona servir también para reivindicar su
sitio dentro del escalafón?
—No te pone automáticamente en tu sitio, pero sí reaviva una llama. Es un paso más y puede abrirte puertas en otras plazas. En toda España puede haber diez o quince encerronas al año y en localidades como Tomelloso son muy pocas. Una tarde así siempre tiene repercusión.

—Además de torero, tiene un negocio y una familia. ¿Eso
hace todavía más difícil mantener una carrera profesional?
—Claro. Tengo mi trabajo, mi familia y las preocupaciones
que tenemos todos. Después tienes que sacar tiempo para entrenar, para tentar y
para viajar. Cuando llega una oportunidad hay que estar preparado y no se puede
escapar. Los últimos años han sido muy buenos y eso ha sido gracias al esfuerzo
y a sacar tiempo de donde muchas veces parecía que no lo había.
—Cuando termine la corrida, más allá de las orejas o de
los trofeos, ¿qué tendría que pasar para que Antonio Linares se fuera a casa
pensando que ha merecido la pena?
—Lo primero, que no haga aire —dice entre risas—. Calor
seguramente pasaremos, pero eso forma parte del toreo. Lo que de verdad quiero
es que los toros den opciones y que la gente se vaya a casa con la sensación de
haber vivido una gran tarde. Yo sé que voy a dejarme todo lo que llevo dentro.
Si cuando termine la corrida el público piensa que Antonio Linares ha cumplido,
que ha hecho los deberes y que lo ha dado todo por su pueblo, para mí habrá
merecido la pena.
Antes de despedirse, Linares recuerda que dos semanas
después de la encerrona tiene otra cita importante: el Día de la Provincia,
con los seis matadores de toros en activo de Ciudad Real, en la corrida de
despedida de Víctor Puerto.
—Será otra tarde muy bonita y muy especial. Creo que nunca
se ha hecho algo así en la provincia y allí, como siempre, también estará
representado el nombre de Tomelloso.
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