No cabía un alfiler este viernes en El Rincón de
Alba. Y es que, cuando la cultura nade de la verdad y el afecto tiene una
extraordinaria capacidad para convocar a la gente. El espacio cultural de Alba
Ramírez se quedó literalmente pequeño en la inauguración de “La piscina”. Una
exposición surgida de los talleres On Acción!, los participantes han
convertido en imágenes el universo poético de La piscina del oeste, el
celebrado libro de la escritora Ágata Navalón.
El acto fue un encuentro entre la poesía, las artes
plásticas y las experiencias vitales de los integrantes del taller, miembros
del Club de Nadadores Especiales Los Delfines, cuyos recuerdos,
emociones y vivencias en torno al agua han tomado forma en una colección de
ilustraciones cargadas de sensibilidad.
Entre el numeroso público que abarrotó la librería se
encontraban la directora general de Asuntos Europeos, Nazareth Rodrigo,
el poeta Dionisio Cañas, artistas, familiares y numerosos amigos de la
cultura, que también participaron en una lectura colectiva de varios poemas del
libro.
Un proceso creativo que va mucho más allá del lienzo
La exposición —que se puede admirar hasta el 20 de junio— es
el resultado de un proyecto coordinado por la creadora e investigadora Clara
López Cantos, con la colaboración docente de la artista Patricia
Pedroche, dentro de la iniciativa “¡On Acción! Talleres de artes
plásticas y creación audiovisual para personas con discapacidad”.
Las obras, firmadas por Blanca Farosolo, Arturo Muñoz,
Alicia Olmedo, Carlos Gustavo Rodríguez, Alba Ruiz, María Paz Ropero y Daniel
Sánchez, revelan una mirada íntima y personal sobre ese universo acuático
que atraviesa los versos de Navalón.
La presidenta del Club Los Delfines, Inma González,
recordó durante su intervención que el verdadero valor del taller está en todo
lo que sucede antes de que la obra llegue a la pared. Habló del desarrollo
de habilidades motrices, de la capacidad de concentración y de la convivencia
que se genera entre los participantes.
«Muchas veces pensamos que están sujetando un pincel,
pero detrás hay mucho más. Ese gesto también ayuda a sujetar una cuchara o a
desarrollar autonomía en la vida diaria», explicó, agradeciendo el trabajo
de las monitoras y el compromiso de las familias.
Patricia Pedroche puso el foco precisamente en ese
camino creativo que el visitante no ve. «Lo que contemplamos aquí es solo la
punta del iceberg», señaló. Cada proyecto comienza con una aproximación
teórica —la ilustración, el collage o el retrato, entre otras disciplinas—,
continúa con bocetos y pruebas, y termina convirtiéndose en una obra definitiva
que representa a su autor.
«Creamos, nos manchamos y disfrutamos pintando.
Incluso limpiar los pinceles forma parte de la experiencia», comentó,
reivindicando el valor del proceso tanto como el del resultado final.
El agua como lugar de encuentro
Para Clara López Cantos, la conexión entre el
poemario y el Club Los Delfines surgió de manera casi natural. Explicó que cada
texto de La piscina del oeste propone una historia diferente y abre
la puerta a personajes y mundos distintos, una riqueza narrativa que invitaba a
ser interpretada desde las vivencias de los participantes.
«La piscina ocupa un lugar central en la historia de Los
Delfines. Es su punto de partida, pero también un espacio de encuentro,
aprendizaje y transformación», explicó la coordinadora, que definió el proyecto
como un diálogo entre la palabra escrita y la memoria personal de cada
artista.
La muestra se completa con una colección de marcapáginas
solidarios, diseñados dentro del propio taller, cuya recaudación se destinará
al Club Los Delfines, mientras que la venta de las obras beneficiará
directamente a sus autores.
«Este libro siempre pensé que era para nadadores»
Ágata Navalón, que no ocultó su sorpresa al descubrir
el resultado del trabajo realizado durante estos meses. «Siempre pensé que
era un libro para nadadores. Nadadores de río, de piscina o de mar»,
confesó la escritora, recordando la estrecha relación que ha mantenido con el
agua desde la infancia y cómo ese vínculo terminó convirtiéndose en literatura.
Navalón ya había adelantado al periodista sus sentimientos
al contemplar las ilustraciones, «han trabajado sobre el libro y es muy
bonito. Ellos son nadadores como la autora, así que todavía resulta más
emocionante». Explicó además que siempre había imaginado una edición
ilustrada de La piscina del oeste y reconoció que, al ver aquellas
obras, sintió que ese viejo deseo cobraba vida.
La escritora compartió varios poemas con el público,
invitando a los asistentes a participar en una lectura coral que devolvió a la
poesía su dimensión más cercana y colectiva.
La tarde concluyó con la presentación de los artistas y una
gran fotografía de grupo. Una imagen que resumía perfectamente el espíritu del
encuentro, una librería convertida en refugio, donde la poesía, el arte y la
inclusión encontraron un mismo lugar para nadar juntos.
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