Opinión

El azúcar - La cara y la cruz del combustible que mantiene vivo nuestro organismo

José Manuel Ruiz Gutiérrez | Domingo, 7 de Junio del 2026
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La glucosa o también llamada vulgarmente azúcar es el combustible que alimenta cada una de nuestras células. Sin ella no podríamos pensar, movernos ni vivir. Sin embargo, cuando los mecanismos que regulan su utilización fallan, pueden aparecer problemas tan graves como la obesidad, la resistencia a la insulina o la diabetes. Comprender cómo funciona este proceso es una de las claves para cuidar nuestra salud.

Cada segundo de nuestra vida, miles de millones de células trabajan sin descanso. El corazón late, los pulmones intercambian oxígeno, el cerebro procesa información y los músculos permanecen preparados para responder a cualquier movimiento. Nada de esto sería posible sin una fuente constante de energía. Esa energía procede, en gran medida, de una molécula tan sencilla como imprescindible: la glucosa.

A menudo escuchamos hablar de ella asociada a términos como azúcar, obesidad o diabetes. Sin embargo, la glucosa no es una enemiga del organismo. Todo lo contrario. Es el combustible que permite funcionar a nuestras células y mantiene en marcha la extraordinaria maquinaria biológica que constituye el cuerpo humano.

El viaje de la glucosa comienza en el plato

La historia de la glucosa empieza mucho antes de que llegue a la sangre.

Cada vez que consumimos alimentos ricos en carbohidratos —pan, arroz, pasta, cereales, legumbres, patatas o frutas— nuestro sistema digestivo pone en marcha un sofisticado proceso de transformación.

La digestión comienza en la boca, donde las enzimas presentes en la saliva inician la descomposición de algunos almidones. El proceso continúa en el estómago y, sobre todo, en el intestino delgado, donde otras enzimas reducen los carbohidratos a moléculas cada vez más pequeñas. El resultado final de esta cadena de reacciones es la glucosa. Una vez obtenida, atraviesa la pared intestinal y pasa al torrente sanguíneo, elevando los niveles de azúcar en sangre, lo que los médicos denominan glucemia.

Esta subida no es una anomalía ni un motivo de preocupación. Es exactamente lo que debe ocurrir después de una comida. Nuestro organismo ha evolucionado para gestionar este fenómeno con extraordinaria eficacia.

La insulina: la llave maestra del metabolismo

Cuando la glucosa aumenta en la sangre, entra en escena una hormona fundamental: la insulina. Producida por el páncreas, su función consiste en facilitar que la glucosa abandone la circulación sanguínea y entre en las células para ser utilizada.

Una comparación sencilla ayuda a comprender su importancia.

Podemos imaginar la sangre como una red de carreteras por las que circulan miles de camiones cargados de combustible. La insulina sería la llave que abre las puertas de las fábricas donde debe descargarse esa energía.

Sin esa llave, gran parte de la glucosa quedaría atrapada en la sangre sin poder cumplir su función.

La insulina no solo regula los niveles de glucosa. También coordina numerosos procesos relacionados con el almacenamiento y el aprovechamiento de la energía. Por ello, muchos especialistas la consideran una de las hormonas más importantes del metabolismo humano.

Las mitocondrias: donde nace la energía

Una vez que la glucosa entra en las células, comienza una nueva etapa de su viaje.

A través de una serie de reacciones bioquímicas, es procesada hasta llegar a unas diminutas estructuras llamadas mitocondrias, conocidas popularmente como las centrales energéticas de la célula. Allí se produce uno de los procesos más fascinantes de la biología: La glucosa es transformada en ATP, o adenosín trifosfato, una molécula que actúa como moneda energética universal de los seres vivos.

Cada pensamiento, cada latido del corazón, cada respiración y cada movimiento muscular dependen de la energía almacenada en el ATP.

Aunque rara vez somos conscientes de ello, nuestro organismo está fabricando y consumiendo continuamente cantidades enormes de esta molécula para mantenernos vivos.

Cuando sobra energía

La naturaleza no suele desperdiciar recursos. Por eso, cuando el organismo dispone de más glucosa de la que necesita en un momento determinado, pone en marcha mecanismos de almacenamiento.

La primera reserva es el glucógeno, una especie de almacén energético formado por largas cadenas de glucosa.

El hígado y los músculos son los principales depósitos de glucógeno del organismo. Gracias a ellos podemos mantener estables los niveles de glucosa entre comidas o disponer de energía adicional durante el ejercicio físico. Sin embargo, esta capacidad de almacenamiento tiene límites. Cuando los depósitos de glucógeno están llenos y seguimos aportando más energía de la que consumimos, entra en funcionamiento una segunda estrategia.

La grasa: una reserva diseñada para sobrevivir

Desde el punto de vista evolutivo, la grasa corporal constituye una auténtica obra maestra de la supervivencia. Durante cientos de miles de años, nuestros antepasados convivieron con periodos de escasez alimentaria. En ese contexto, almacenar energía para tiempos difíciles suponía una ventaja decisiva.

Cuando existe un exceso persistente de glucosa, el hígado puede transformarla en ácidos grasos. Estos se almacenan posteriormente en forma de triglicéridos dentro del tejido adiposo. Dicho de forma sencilla: parte del exceso de energía acaba convirtiéndose en grasa.

No se trata de un fallo del organismo, sino de un mecanismo de protección extraordinariamente eficaz. El problema es que nuestro cuerpo sigue funcionando con un programa biológico diseñado para un mundo donde la comida era escasa, mientras que nosotros vivimos rodeados de abundancia alimentaria.

Por primera vez en la historia de la humanidad, muchas personas tienen acceso permanente a alimentos energéticamente muy densos y realizan, al mismo tiempo, niveles de actividad física mucho menores que los de sus antepasados. El resultado es una acumulación progresiva de reservas que rara vez llegan a utilizarse por completo.

Alimentación moderna y picos de glucosa

En los últimos años se ha popularizado enormemente el concepto de los picos de glucosa. Las redes sociales están llenas de mensajes que presentan cualquier aumento de azúcar en sangre como un peligro para la salud. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.

Los picos de glucosa después de comer son completamente normales. De hecho, el organismo está diseñado precisamente para gestionarlos mediante la acción coordinada de la insulina y otros mecanismos reguladores. Lo que realmente preocupa a los especialistas es la exposición frecuente y prolongada a niveles elevados de glucosa asociada a hábitos poco saludables.

Las dietas ricas en bebidas azucaradas, bollería industrial, harinas refinadas y productos ultraprocesados suelen favorecer respuestas glucémicas más intensas y repetidas.

Cuando esta situación se mantiene durante años, el equilibrio metabólico puede empezar a deteriorarse.

La resistencia a la insulina: el principio del problema

 

Uno de los conceptos más importantes para comprender la diabetes moderna es la resistencia a la insulina.

En condiciones normales, las células responden adecuadamente a la acción de esta hormona. Sin embargo, diversos factores como el exceso de peso, la acumulación de grasa abdominal, el sedentarismo o la predisposición genética pueden reducir progresivamente esa sensibilidad. La llave sigue existiendo, pero las cerraduras funcionan cada vez peor.

Ante esta situación, el páncreas intenta compensar produciendo cantidades crecientes de insulina. Durante años puede lograrlo con éxito. De hecho, muchas personas presentan resistencia a la insulina sin ser conscientes de ello porque sus niveles de glucosa permanecen todavía dentro de la normalidad. Sin embargo, llega un momento en que el páncreas ya no puede mantener indefinidamente ese sobreesfuerzo. Entonces los niveles de glucosa comienzan a elevarse de forma persistente y aparece la diabetes tipo 2.

Mucho más que una enfermedad del azúcar

Con frecuencia se define la diabetes como una enfermedad caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre. Aunque la afirmación es correcta, resulta insuficiente para comprender su verdadero alcance.

La diabetes es una enfermedad metabólica que puede afectar prácticamente a todos los órganos del cuerpo. La glucosa elevada de forma crónica daña progresivamente los vasos sanguíneos y favorece procesos inflamatorios que deterioran tejidos esenciales.

Los pequeños vasos de la retina pueden resultar afectados, comprometiendo la visión. Los riñones pueden perder capacidad de filtración hasta desarrollar insuficiencia renal. Los nervios pueden sufrir lesiones que provoquen pérdida de sensibilidad, hormigueos o dolor.

Ante estos procesos repetidos en el tiempo, aumenta significativamente el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares. Por ello, la diabetes constituye uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI.

Los remedios milagrosos que no existen

La preocupación por la glucosa ha generado una auténtica industria de consejos, dietas y remedios que prometen resultados sorprendentes. Basta navegar unos minutos por internet para encontrar recomendaciones que aseguran controlar el azúcar mediante agua con limón, infusiones especiales, especias exóticas o determinados suplementos nutricionales. La mayoría de estas propuestas contienen una pequeña parte de verdad mezclada con grandes dosis de exageración.

Mantener una buena hidratación es saludable. Algunos alimentos pueden influir modestamente en la velocidad de absorción de la glucosa. Ciertas estrategias dietéticas pueden ayudar a mejorar el control metabólico. Pero ninguna de ellas sustituye a los pilares fundamentales de la salud. No existen atajos capaces de compensar una alimentación desequilibrada, el exceso de peso o la falta de actividad física. La evidencia científica sigue apuntando siempre en la misma dirección.

Las claves para mantener una glucosa saludable

Afortunadamente, una gran parte de los problemas metabólicos puede prevenirse. Las recomendaciones que ofrecen los especialistas son conocidas desde hace décadas y continúan siendo plenamente válidas.

Mantener una alimentación equilibrada basada en verduras, frutas, legumbres, pescado, frutos secos y alimentos poco procesados. Reducir el consumo habitual de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas. Practicar actividad física de forma regular. Preservar la masa muscular mediante ejercicio de fuerza adaptado a cada edad. Dormir adecuadamente. Evitar el sedentarismo prolongado. Y, por supuesto, realizar controles médicos periódicos.

Muchas alteraciones metabólicas pueden desarrollarse durante años sin producir síntomas evidentes, se dice que la diabetes es una “enfermedad silenciosa”. Un simple análisis de sangre permite detectar problemas en fases tempranas y actuar antes de que aparezcan complicaciones.

Una lección de equilibrio

A mediados del siglo XIX, el fisiólogo francés Claude Bernard realizó observaciones que revolucionaron nuestra comprensión del metabolismo. Fue uno de los primeros científicos en demostrar que el hígado almacena glucosa en forma de glucógeno y la libera cuando el organismo la necesita.

Aquellos descubrimientos ayudaron a comprender una idea que hoy sigue plenamente vigente. "La constancia del medio interno es la condición de una vida libre e independiente", escribió Bernard.

La glucosa no es una amenaza ni un enemigo oculto en los alimentos. Es el combustible que permite funcionar a nuestro cerebro, nuestros músculos, nuestro corazón y cada una de nuestras células. El verdadero desafío consiste en conservar el delicado equilibrio que regula su utilización.

No existe un consenso científico que considere el azúcar una sustancia adictiva en sentido clínico. Sin embargo, numerosos estudios muestran que los alimentos ricos en azúcares añadidos, grasas y sal activan intensamente los circuitos cerebrales de recompensa. Esta estimulación puede favorecer patrones de consumo repetitivo y dificultar el control de la ingesta, especialmente en un entorno donde los alimentos ultraprocesados son abundantes y muy accesibles.

Para ampliar información

LIBRO: Ha sido para mí una buena guía, para elaborar este artículo, la lectura del libro: La revolución de la glucosa. Jessie Inchauspé. 2022 Ed. Diana

VIDEOS: Podcast - Glucosa, nutriente celular fundamental 

¿Qué pasa si dejas de comer azúcar por completo durante treinta días?

AUDIO LIBRO: La revolución de la glucosa (Salud natural):… de Jessie Inchauspé · Vista previa del audiolibro

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