Deporte

Aquel mundial de Naranjito

Carlos Moreno | Viernes, 12 de Junio del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Selección de España en el Mundial 82 Selección de España en el Mundial 82

Hasta entonces, la trayectoria de España en los mundiales había sido discreta, tirando a mala; tampoco teníamos una selección de ensueño y el equipo no acababa de encontrar un patrón o idea de juego en los amistosos, pero teníamos la ilusión imparable de los quinceañeros y pensábamos que jugando en casa podríamos ser campeones del mundo como había hecho Argentina cuatro años antes, los ingleses en el 66, o retrocediendo mucho más en el tiempo,  Italia en 1934.

Ese lejano año 82 fue iniciando la cuenta atrás para el mundial y aquella vorágine futbolera que nos devoraba la alimentábamos ya en la sobremesa de los sábados con aquella inolvidable serie de dibujos animados que tenía a Naranjito como protagonista. En las historietas de la simpática mascota, vista con recelo al principio pero que se fue ganando al personal después,  se intercalaban los goles increíbles del jovencísimo Pelé en Suecia; aparecía el “maracanazo” de Uruguay en el 50, la clase de los húngaros en el 54  las diabluras de Garrincha en Chile; los goles del poderoso portugués Eusebio y las elegantes jugadas  de un joven Franz Beckenbauer en el de Inglaterra; el partido perfecto que hizo el Brasil del 70 en la final del Mundial de Méjico ante Italia; los  cambios de ritmo del genial Johan Cruyff en Alemania que no fueron suficientes para alzar la maciza Copa dorada; los goles de Kempes en el 78 que con tanta pasión narraban los locutores argentinos…De España no podían poner mucho; el gol de Zarra a los ingleses que nos valió el cuarto puesto …y más derrotas que victorias en esas cinco participaciones en fases finales.

Estábamos convencidos: nos tocaba ahora a nosotros hacer historia con un equipo, dirigido por José Emilio Santamaría,  en el que habitaba una amplia base de aquella histórica Real Sociedad de los Arconada, Alonso, Zamora, Satrústegui, López Ufarte, Uralde… que había ganado las dos últimas ligas, más los habituales de Real Madrid, Juanito, Santillana, Camacho; los del FC Barcelona con Quini y Urruti o el pujante Sporting de Gijón de entones. Me llevé  un disgustillo cuando supe que de la primera lista de 23 se descartaría un futbolista y, ¡vaya por Dios! fue el de mi equipo, el atlético, Quique Ramos, pero esa ilusión por el mundial en casa disiparía pronto el revés. 

Pero todo se torció desde el inicio para desesperación del grupo de amigos que nos juntábamos a ver los partidos, con la limonada y zurra que nos preparaba mi madre. Empezamos perdiendo el primero ante Honduras que logramos empatar con un dudoso penalti que López Ufarte tuvo que tirar dos veces; ganamos el segundo a Yugoslavia con aquel gol de currante de Saura y en el tercero ante Irlanda, nos valía hasta una derrota mínima para pasar de fase, y como amantes de las emociones, eso hicimos; perder, 0-1, en un partido desastroso que ya nos hizo augurar que no estábamos para nada en nuestro Mundial; sobre todo viendo el potencial que exhibían otras selecciones como la Italia de Rossi; el maravilloso Brasil de Zico,Socrates y Falcao; la exquisita Francia de Platini y la siempre fiable maquinaria alemana que comandaba Rumenninge. 

Precisamente, con los alemanes nos cruzamos en la siguiente fase. En aquel duelo que se jugó en el remozado Bernabéu apareció el juego más decoroso de los nuestros, pero los alemanes son siempre alemanes, y con su practicidad y poderío físico nos acabaron ganando, 1-2. Ya sin posibilidad de seguir escalando, despedimos el mundial con un triste empate a cero con Inglaterra. Y ahí sefueron al traste nuestros sueños de gloria.

 Con nuestra selección en la lona, poco nos importó ya lo de después con Italia cargándose Brasil y Argentina  en el llamado grupo de la muerte que jugó en Sarriá, la inolvidable semifinal de Sevilla de siete goles entre alemanes y franceses y la final que ganó Italia a los germanos con Sandro Pertini celebrándolo con manifiesto alborozo en el palco.

Al siguiente mundial en México, el panorama de los nuestros mejoró con Miguel Muñoz, pero los penaltis con Bélgica lo echaron todo por la borda; se alternaron luces y sombras con Luis Suárez y Javier Clemente en los de Italia, Estados Unidos y Francia; no hubo suerte, ni buenos arbitrajes, con Camacho en Corea  y la gloria estaba reservada para Del Bosque en Sudáfrica con ese mágico equipo que preparó y supo armar Luis Aragonés en el Europeo anterior. 28 años después pudimos restaurar el honor de Naranjito.


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