“La vida humana no debe ser utilizada como una
mercadería más, el objetivo es hacer familia, impulsando la capacidad del calor
de hogar para hacer frente a situaciones difíciles o de crisis, poniendo en práctica el derecho
y el deber de arrimar el hombro”.
El mundo de las tinieblas
nos sobrecoge en cualquier esquina. No olvidemos que somos seres en camino, en
búsqueda para ese reencuentro con uno mismo y con los demás, aprendiendo a
sobrevivir en medio de un horizonte que no es fácil para nadie. Hoy más que
nunca, tenemos que acariciar con la mirada, que activar el acompañamiento a
tantos latidos abandonados o perdidos, para que se vuelvan a poner en pie y no
queden encerrados para siempre en la condición de atormentados, por la
deshumanización de sus semejantes. En efecto, los flujos migratorios siempre han
sido un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas
e interrogantes que suscita, lo que nos exige, mayor consideración hacia la
humanidad, empezando por desertar de voces que nos dividan.
Sin embargo, la oportunidad
como la supervivencia deben estar ahí, siempre a nuestro lado; y, tras la
desesperación por reconstruir un futuro esperanzador, la confianza entre análogos
jamás debe perderse. Cuando estas ocasiones no existen, la presión económica
puede hacer que la migración deje de ser una opción y se convierta en una
necesidad. Mejorar e impulsar el emprendimiento y la creación de empleo
decente, además de fortalecer los cauces de los sistemas alimentarios
mundiales, sobre todo en los territorios rurales, es vital Por otra parte, la
comunidad internacional, tiene que reforzar mucho más sus esfuerzos colectivos
en mejorar el apoyo a las misiones o remesas, mediante el fomento a un diálogo
entre instituciones, centrado en lo humano.
La vida humana no debe ser utilizada
como una mercadería más, el objetivo es hacer familia, impulsando la capacidad
del calor de hogar para hacer frente a situaciones difíciles o de crisis, poniendo en práctica el derecho
y el deber de arrimar el hombro. Ciertamente, el futuro es de la energía joven,
que debe afanarse por buscar herramientas, recursos y coyunturas, para forjar
su propio camino; pero también los mayores hemos de oírlos. Estos son los que sustentan
el porvenir con su experiencia, porque la vida no es sólo desarrollo
empresarial, es además avance humano, sin exclusión. Precisamente, la duda cesa,
con el cometido en comunión y en
comunidad. Así es como se consigue, levantar el sueño de reconstruir. En
consecuencia, la solidaridad universal es un hecho y un beneficio colectivo.
Tampoco podemos perder de
vista la cuestión de la inmigración irregular, un asunto verdaderamente
desolador en las situaciones en que se configura como tráfico y explotación de
personas, con mayor riesgo para mujeres y niños. Estos crímenes han de ser decisivamente
penados y castigados; mientras que una gestión regulada de los flujos
migratorios, que no se reduzca al cierre hermético de las fronteras, al
endurecimiento de sanciones, podría al menos limitar los peligros de caer como
víctimas del mencionado comercio. Desde luego, la ayuda humanitaria de ser
vates de unidad y acogida, es un salvavidas. La cuestión es cubrir servicios
esenciales, como la emergencia alimentaria, alojamiento, protección, salud y
educación. Sin estos recursos globales, todos estaremos hundidos.
La reciente meditación del
Papa León XIV, en su encuentro con los migrantes del centro “Las Raíces” de
Tenerife (España), justo en el día en el que la Iglesia celebraba la solemnidad
del Sagrado Corazón de Jesús, que es para los cristianos el amor misericordioso
e infinito de Dios, donde no hay distinción alguna y todo se congrega en el grupo,
viendo los rostros y escuchando sus testimonios, nadie puede permanecer
inmóvil. Sin dejar de lado, de dónde venimos y hacia dónde vamos, ahondemos en
nuestras cepas interiores, para que ninguna tormenta nos desmorone. Dejémonos mirar,
entremos en el propio pulso y hagamos pausa. Descubriremos, que la paz interior
y la sabiduría del hallazgo versátil, nos hace más tiernos y menos bárbaros.
¡Embellezcámonos, pues!
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Domingo, 14 de Junio del 2026
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