He leído estos días las declaraciones
del alcalde Javier Navarro en las que reprocha al gobierno regional el abandono
al que tiene sometida a nuestra ciudad, según su juicio (y el de su partido).
No es que me parezcan mal: ni
siquiera es mentira, al menos strictu sensu. Tampoco son impropias ni
mucho menos extemporáneas, porque se repiten cada cierto tiempo y es bien
sabido que un político profesional como lo es nuestro alcalde (el más
fotofílico de toda nuestra longeva democracia) aprovechará cualquier momento
para atacar al contrario y al tiempo entrar en campaña electoral, máxime cuando
resulta patente que este hombre no ha dejado de estarlo desde mayo del 23.
Pero ocurre que esta acusación
directa, genérica e indiscriminada, desde un ayuntamiento al gobierno de la
región, representa lo que debería ser y no es, lo cual lleva siendo un error
fatal desde hace casi treinta años y lo que, si no cambiamos las cosas,
acabaremos por pagar con mayor dureza.
Es evidente que Tomelloso viene
siendo discriminado. Hasta el punto de mandar a un Consejero a anunciar una
subestación eléctrica, consentir después un hurto perfectamente maquinado y
dirigido conscientemente desde donde siempre, y enviarnos después a todo un
Vicepresidente regional a convencernos de que la decisión es buena porque todos
formamos parte de “la gran comarca de La Mancha” aunque nosotros sólo seamos los
pagafantas. Pero declarar sin pizquita de vergüenza que “el PP es el único
partido que defiende los intereses de Tomelloso” cuando si nos descuidamos en
tiempos de Cospedal nos cambian el hospital por una nave para guardar melones,
es pasarse.
No. Se trata solamente de conocer
adecuadamente la situación, y trabajar en consecuencia. Sin equidistancias. Es
perfectamente admisible reconocer que el mal comportamiento de la JCCM
(Diputación incluida) con nuestra ciudad proviene de gobiernos socialistas en
su mayoría, simplemente porque han sido los mandamases históricamente. Pero es
innegable la mayor representatividad tomellosera que ha tenido el PP, tanto en
Toledo como en Madrid (senadores y diputados), sin que hayamos notado mejora ni
cambio en las aspiraciones locales.
Llevamos en esta ciudad treinta años
enredados en trifulcas partidistas que no sirven absolutamente para nada y nos
acercan (insisto) al momento de no retorno en que nuestra ventaja, que ya sólo
es demográfica, se vea superada. Tengo un mal presentimiento, y creo que el
tiempo se nos acaba entre cándidas comisiones por el tren, plataformas
inoperantes y riñas, muchas riñas. Mientras tanto, los de siempre a lo de
siempre: callar, y actuar. Asistimos a una enésima ampliación, esta vez
muchimillonaria, del hospital Mancha Centro, sospecho que la integración de
Alcázar en la línea AV de Jaén finalmente sí se producirá mientras nosotros nos
quedaremos fuera de red regional alguna, cualquier día llegará la financiación para
la plataforma intermodal que dará la puntilla a nuestro mejor posicionamiento
en carreteras y quién sabe si la tubería manchega y el Plan Especial del Alto
Guadiana no esconderán áridas sorpresas para nosotros. Quizás soy muy mal
pensado, pero es que tengo memoria.
Y además de memoria, creo que tengo
claras las cosas. Amigos lectores: nuestro déficit de servicios y nuestra
dependencia comarcal no son producto de la política de partidos, ni de la
maldad del PSOE ni del oportunismo del PP. Esta es una cuestión puramente
institucional con sólidas raíces históricas que se traduce en que,
independientemente de quien mande, los intereses de Alcázar priman sobre los
nuestros en Ciudad Real, Toledo y Madrid, y mucho más si como suele pasar confluyen
con ellos. Pero mientras unos consiguen resultados y además quedan bien, aquí montamos
teatrillos mientras sólo podemos hablar de inoperancia municipal, de insuficiencia
de medios, criterio y trabajo. Las diferentes corporaciones no han sabido, o no
han querido y quizás alguna con mayoría socialista no ha podido, enfrentar a
quienes desde hace treinta años nos hurtan servicios del hospital, nos
mantienen y nos mantendrán fuera de la red ferroviaria, desmantelan poco a poco
servicios ciudadanos como los de Seguridad Social y en definitiva nos quieren
dentro de “la gran comarca manchega” pero sólo como granero.
La historia y verdadera dimensión de
esta situación es larga y compleja, mucho más de lo que cabe en este artículo.
Si alguien está interesado, podemos comentarlo.
Pero no estamos afrontando correctamente la cuestión. Ningún gobierno
municipal al uso conseguirá nada, salvo quizás empeorar la situación, porque no
saben o no quieren abandonar ese inútil barro político en el que nos hacen
chapotear a todos. Existen acciones concretas que emprender, sólo unas pocas
como parte del ingente trabajo que habría que hacer dentro de un enfoque
(remarco que es fundamental) puramente institucional. Me consta que el alcalde
sabe de algunas de ellas, porque se las expuse yo, y no conozco avance alguno.
Tampoco me extraña.
Hacia finales de los noventa,
Tomelloso encaraba una magnífica situación para conseguir una dotación de
servicios digna. Creo que aquí no lo veíamos, pero puedo afirmar que en Alcázar
de SJ sí lo veían, porque yo trabajaba allí y hablaba con la gente.
Comprendieron lo que suponía, hicieron su trabajo, y en ello siguen.
La historia reciente ya no necesita
tanta memoria. Debimos consolidar nuestras oportunidades, pero la realidad ha
sido el retroceso, la pérdida y el desmantelamiento de lo existente, incluso. Y
aquí seguimos, en 2026 nada menos, asistiendo a operetas como la del pasado 21
de mayo en Toledo y sin enterarnos de nada.
No me molesta, créanme, lo triste y mísero de la situación. Ya nos tienen acostumbrados. Me molesta la sensación de responsabilidad, de ver que podríamos hacer y no hacemos, de que nos estén timando. Y ya se sabe que cuando a uno lo timan algo de culpa tiene.
Jesús González García
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Martes, 16 de Junio del 2026
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