Nosotros dentro, ha aconsejado Ciri al juntarnos esta tarde de viernes. El ambiente en la terraza es agradable con temperatura cuasi veraniega, sin embargo la experiencia nos aconseja que, para charlar nuestros temas, es necesaria una cierta ausencia de ruidos.
Confirmo al compañero que la familia de ocupas ha desaparecido del patio y de la parra. Dos progenitores más cinco bebés-gorriones revolotean por los tejados y bajan a por comida y agua que no faltan, eso sí cuando no hay humanos en las cercanías. Le comunico también una característica rara que he observado, es el color rojo del pecho de uno de los padres y de algunos volantones.
Disfrutando mis noticias el amigo se siente más ancho que largo, os he referido que es uno de los mejores amantes de la Madre Natura, “como hay que ser”, me repite de vez en cuando. Al igual que con el café y la magdalena.
Por las trazas…. deja la cucharilla en su sitio, se limpia la posible miga o mancha de café, va a comentar algo interesante.
—Esta semana me he enfadado mucho por las declaraciones de Juan del Val.
—Con alta gente te codeas, Ciri, el mismísimo ganador del premio Planeta 2025. ¿Es que has coincidido con él en algún acontecimiento?
—Ha sido por las declaraciones que hizo el año pasado y este mismo ha vuelto a insistir sobre el elevado tanto por ciento de chicas y chicos que aprueban la PAU. Lo vi en el programa La Roca de la Sexta y en algún periódico digital más, como El Debate. En toda España más de un 94 %. Echaba pestes por la boca incluso calificándolo de: “Un examen de mierda ¿qué examen es ese que aprueba todo el mundo?” Y otras lindezas descalificadoras.
—No te lo tomes muy en serio, amigo. Sabes que hay mucha gente, incluidos famosos, que cuando tienen un micrófono o una cámara delante pontifican sin el menor pudor sobre cualquier tema, que se ponga sobre la mesa, además con intencionalidad de “ex cathedra” y si se trata de un político o influencer, ya ni te digo.
—Por respeto a tantas chicas y chicos, al profesorado de infinidad de institutos debería haber tenido más cuidado con las palabras, dice él mismo que es escritor por lo que debería saber usarlas.
—Querido Ciri, escritor sí es, puesto que ha recibido bastantes premios, no puedes negarlo.
—Posiblemente este señor, incluido la gente que piensa así, es que no sean parado a informarse detenidamente.
—De total acuerdo, llevo muchos años en la enseñanza y he visto cómo no todos los alumnos/as se presentan al examen de PAU. Muchos quieren hacer algún módulo o grado y se decantan por ahí. Los que intentan entrar en la universidad deben alcanzar o sobrepasar las notas de corte que se exijan para cada especialidad.
—¿Esas notas como se calculan?
—Se tienen en cuenta las calificaciones del Bachiller y las del examen propiamente dicho, de la primera parte se toma el 60% y de la segunda un 40%. Para sacar un diez debe tener sendos “diez” en los estudios y en el examen PAU. Para sacar el 14, que han conseguido algunos, deben también someterse a Materias Voluntarias o Específicas, hasta cuatro asignaturas que estén relacionadas con la carrera que deseen estudiar, le sumarán los puntos conseguidos.
—Además no hay que perder de vista que esos chicos y chicas han estudiado mucho durante mucho tiempo y han tenido unos profesores y profesoras muy capacitados en sus materias correspondientes
—No te quepa la menor duda, Ciri. Puedo asegurártelo porque conozco bien el contexto, yo he sido uno de esos profesores y he colaborado en la preparación de muchos alumnos en las materias de Historia de la Filosofía, Latín y Griego.
—De ahí viene mi enfado. Con esas opiniones tan sesgadas menosprecian el trabajo, la lucha y el escuerzo de alumnos y familias para conseguir el sueño de sus vidas y, sus hijas e hijos, el futuro muy meditado además del dinero que deberán gastarse, a pesar de las becas tan cacareadas.
—Así es, querido amigo.
—También he oído el estricto marcaje que se les hace a los examinandos al entrar al aula, intentando evitar el posible plagio ayudados por sistemas de comunicación (teléfonos, relojes, auriculares, etc.)
—Cierto. Es que existen miles de trucos para hacer trampas en los exámenes, recuerda cuando tú y yo éramos alumnos.
—Sí —asiente el compañero con su risa contagiosa—. El truco más simple era escribir en la pizarra las fórmulas de Física o Química, las obras en Literatura…, se borraba suavemente y quedaban como en un segundo plano a la vista de la clase.
Nos reímos los dos con ganas recordando aquellos tiempos y nuestras pillerías.
—Ahora muchos escritores, secretarios, trabajos de estudios, no necesitan copiar. Simplemente se le pide a la IA. Necesitas carta de presentación, la IA te la redacta.
—Yo no manejo tal instrumento de internet nada más que para preguntar cosas que me surgen interesantes o para contrastar algo que dudo.
—Lo que ocurre es que enseguida se coge el plagio. Suponte un texto, relato o poema que te suena de haberlo leído o que te parece que no corresponde con el estilo del que firma. Pues con la función de copiar pegar, que sí utilizas, se lo presentas a la IA y te dice qué tanto por ciento ha sido elaborado por ella misma. Es más, si se ha plagiado de un autor famoso te señala el nombre y obra de la que se ha tomado la copia.
—O sea que puedo leer un texto cualquiera, artículo periodístico por ejemplo y quien lo firma sólo se lo ha encargado a la Inteligencia Artificial, pero no ha salido de su cabeza pensante.
Ciri se echa las manos a la cabeza entre incredulidad y asombro. Sale de su trance al oírme:
—Amigo te invito a un helado de turrón con sombra, de los que te gustan.
Mano de santo, ha vuelto a la realidad con la jovialidad que lo caracteriza.
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Jueves, 18 de Junio del 2026
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