En una excelente información que firma Raquel Bonilla, el periódico La Razón aborda en su suplemento ATUSALUD la gran revolución que ha supuesto la cirugía robótica, método que se implantó hace dos décadas y en el que se ha implicado de lleno el ginecólogo tomellosero, Pluvio Coronado Martín.
Por su interés, y el protagonismo de Coronado, reproducimos esta información. El próximo miércoles tendrá lugar en el Clínico San Carlos un evento conmemorando este aniversario
Con los nervios propios de la primera vez y la emoción a flor de piel, como si fuera la noche del 5 de enero y los Reyes Magos estuvieran a punto de cruzar la puerta de casa, el Hospital Clínico San Carlos de Madrid recibió en junio de 2006 el regalo más preciado que podía esperarse por aquel entonces gracias a la Fundación Esther Koplowitz: el robot quirúrgico Da Vinci. Aquel obsequio significó un hito, pues convirtió al centro madrileño público en pionero nacional y gran referente en el empleo de la cirugía robótica de la sanidad española.
Ahora, dos décadas después, con el aplomo que aporta la experiencia acumulada, el suplemento A TU SALUD ha podido «colarse» en las entrañas del quirófano del Hospital Clínico San Carlos de Madrid en el que duerme el fascinante robot Da Vinci –ahora en la versión Xi, mucho más moderna que aquel modelo estándar que llegó en 2006– conociendo la vivencia de los doctores Jesús Moreno, jefe del Servicio de Urología; Pluvio Coronado, jefe de la Unidad de Oncología ginecológica, y Rocío Anula, cirujana colorrectal.
Los tres forman parte de la primera generación de cirujanos obligados a «meterse en todos los charcos», impulsados por el entusiasmo que implicaba sentirse unos «privilegiados» al vivir en primera persona la revolución tecnológica de la cirugía que fue liderada por el profesor Jesús Álvarez Fernández-Represa y la doctora Elena Ortiz.
«Yo soy el Da Vinci»
Con el pulso algo tembloroso por la responsabilidad del momento, el profesor Represa y la doctora Ortiz tuvieron la oportunidad de «pilotar» esa nueva herramienta por primera vez el 3 de julio de 2006. A esa intervención liderada por Cirugía General le siguió Urología. «Recuerdo que al primer paciente que operé de una prostatectomía radical robótica, sus hijos le hicieron una camiseta en cuya espalda se podía leer ‘‘Yo soy el Da Vinci’’. Fue todo un acontecimiento para el hospital», rememora el doctor Moreno con una sonrisa.
Los primeros pasos no fueron sencillos. «Estuvimos tutorizados por profesores extranjeros, porque en España prácticamente no había ninguna experiencia con esta técnica. Por ejemplo, colocar los brazos del robot para cada intervención exigía la presencia de un ingeniero, Enrique Egea», evoca el doctor Moreno. Unos inicios que también vivió a partir de 2007 el doctor Coronado, quien recuerda cómo «esos brazos del robot se movían de una manera menos fluida que ahora, lo que exigía tener la intervención mucho más pensada». Eso sin olvidar que «mover aquella plataforma suponía una odisea, porque ahora ya tiene ruedas. Fuimos pioneros en ‘‘buscarnos la vida’’ para lograr la simbiosis con la máquina, a pesar de que tuvimos que lidiar también con muchos detractores que nos tachaban de ‘‘locos’’ porque decían que no hacía falta un robot así para operar bien», revive el doctor Coronado.
Potenciar la maestría del cirujano
Esos «benditos locos» han demostrado con el tiempo que la maestría del cirujano es esencial, por supuesto, pero que es capaz de multiplicarse con una buena herramienta. Y con creces, tal y como demuestran las cifras de cirugía robótica que maneja el Hospital Clínico San Carlos de Madrid: 4.013 intervenciones en dos décadas, logrando la implantación progresiva en seis servicios quirúrgicos con 80 tipos de procedimientos diferentes. En concreto, la prostatectomía radical es el procedimiento robótico más frecuente, seguida de la histerectomía maligna y la resección anterior baja. Así, Urología acapara el 56,9% del total de intervenciones, seguido de Cirugía General (21,7%) y Obstetricia y Ginecología (18,4%), sin olvidar la Cirugía Pediátrica, la Torácica y la Otorrinolaringología, especialidades que van aumentando el empleo de esta plataforma.
No es para menos, pues las ventajas de la cirugía robótica respecto a otras técnicas son numerosas: para los profesionales ofrece una visión tridimensional del campo quirúrgico mediante una óptica de alta definición que lo cambia todo, ya que aumenta el campo de visión respecto de la cirugía por laparoscopia, que solo ofrece visión bidimensional. «Esto supuso un antes y un después, pues se traduce en intervenciones mucho más precisas y seguras, con una mayor comodidad a la hora de operar, lo que reduce el riesgo de equivocarse», confiesa el doctor Moreno. Y así lo ratifica el doctor Coronado, quien insiste en que «nos permite meternos en lugares recónditos. Con él nos atrevemos a ir más allá».
En concreto, el cirujano maneja los brazos y pinzas articulados del dispositivo transmitiendo los movimientos de sus manos y dedos al instrumental, posibilitando un amplio grado de libertad de acción y mayor precisión al eliminar cualquier tipo de temblor, especialmente en intervenciones que requieren una disección minuciosa o en lugares de difícil acceso.
Beneficios para el paciente
Los beneficios que logra el cirujano son importantes, por supuesto, pero más aún lo son las ventajas que obtiene el paciente. «La cirugía robótica permite hacer un abordaje a través de mínimas incisiones, lo que supone estancias hospitalarias más cortas, menor sangrado por adherencias entre tejidos y dolor postoperatorio, además de la reducción del riesgo de infecciones y una recuperación más rápida. Todo esto significa mejorar su calidad de vida, por lo que, aunque sientan algo de miedo cuando se les cuenta cómo será la operación, la experiencia suele ser muy positiva, explica la doctora Anula.
Buena prueba de ello es la vivencia de Rafael Castejón, especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Santa Elena de Madrid, quien hace apenas unas semanas dejó su bata de cirujano para convertirse en paciente. «Tras el diagnóstico de un cáncer de próstata, el doctor Moreno me aconsejó operarme con cirugía robótica. Mi experiencia ha sido fantástica, porque apenas estuve un día y medio hospitalizado. Volver a casa tan pronto me ayudó en la recuperación, hasta el punto de que en menos de un mes estaba de vuelta en el trabajo», detalla el doctor Castejón.
Estar «a merced» de un robot ha levantado mucha curiosidad entre los allegados del doctor Castejón, «pero yo sabía que no podía estar en mejores manos. El Da Vinci es solo una herramienta. Lo más importante es la calidad humana del cirujano. La empatía y la humanidad siguen siendo lo más decisivo cuando te toca sentarse al otro lado de la consulta», confiesa.
Ahora, con la tercera generación de cirujanos ya formados y a la espera de que pronto llegue el flamante Da Vinci 5, aquellos pioneros que arrancaron la aventura en 2006 «hipotecando» su vida, echan la vista atrás con una mezcla de orgullo y extenuación: «Fue una oportunidad muy emocionante y, por suerte, la supimos aprovechar», asevera el doctor Moreno.
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Lunes, 22 de Junio del 2026
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