La tarde se ha calentado sin
tiento ni medida, 38 grados así sin conmiseración alguna; hablamos de temperatura tomada a la sombra,
porque al sol se superan los cuarenta y muchos.
Las gafas con cristales
polarizados y el sombrero de palma sirven a Ciri de trinchera defensiva contra
los rayos, semejantes a los de Zeus encolerizado.
La cafetería nos regala un oasis que para sí lo
quisieran los tuareg. Por miedo a la calorina los clientes se retrasan hasta
próximo el crepúsculo. Nosotros, fieles a los momentos valiosos como degustar
unos cafés con magdalenas en un ambiente amistoso, sonorizado con charla de
tema interesante, nos hallamos presentes.
Comentan entre ellos los
tres vecinos de costumbre que hoy el verano y sus temperaturas se hacen más
llevaderas gracias a los aparatos refrigerantes como los aires acondicionados o
el mismo frigorífico. El compañero atento al comentario, oído no escuchado.
Ciri es “averiguador”, ya lo sabéis queridos lectores y lectoras, a veces se
pasa, pese a lo cual lo justifica diciendo que lo oídos están abiertos siempre
y por ellos entran todos los sonidos, distinto sería por falta de educación pararse a escuchar, porque
oír es una cosa y escuchar otra.
—Solo a medias estoy de
acuerdo con los vecinos. El frigorífico es muy bueno para según qué cosas, para
otras no.
—Desde luego, para echarte
la siesta dentro no, —le respondo con toda la ironía de que soy capaz.
Ciri celebra el comentario
imaginándose dentro del elemento refrigerador y saliendo a la media hora con
témpanos de hielo en la nariz y las orejas, tiene varios acuerdos al respecto,
solo comento el más brillante.
—Para el agua fresca no hay
mejor invento que el botijo —asevera simulando a un togado firmando la
sentencia.
—Le recuerdo la afirmación
tan manida utilizada para personas que no exceden en capacidad intelectual.
“Eres más simple que el mecanismo de un botijo”.
—Ah, no. De ningún modo
puedo admitir eso. El botijo es uno de los mejores inventos de la humanidad. Él
solo enfría el agua a una temperatura idéntica siempre. No necesita conexión
eléctrica ni enchufes. Tampoco exige vasos ni pajitas para sorber. Solo mantenerlo
limpio y, como hacemos en casa, colocarlo en el pasillo con cierta corriente de
aire. Lo más difícil e imprescindible de entrenar: saber beber a chorro, cosa
no fácil, puesto que requiere llenar la boca e ir tragando cuando se considera
oportuno. Esto no todo el mundo lo consigue. Además su fabricación requiere
conocimientos en la manipulación de la cerámica y elección de la materia
propicia.
Es cierto lo que dice mi
compañero. Añade que por desgracia ya no se utiliza en las casas.
—Apropósito de tu idea Ciri,
quiero comentarte que hace unos días participé en el “II Ecuentro de Literatura
y Música” que se celebró en Villarrobledo. Los organizadores fueron Julia
Flores Arenas y Juan Lorenzo Collado Gómez”.
—Debió ser interesantísimo.
Me dijiste que te habían invitado y que se celebraría en el Centro de
Interpretación de la Alfarería Tinajera.
—Fue muy emocionante, y el
nivel lo pusieron muy alto tanto los lectores como las cantantes, que por
cierto eran muy jóvenes y lo hicieron maravillosamente. Participaron poetas y
escritores de varios pueblos de Albacete, de la misma capital y de Tomelloso.
—¡Qué envidia! ¿Por qué no
me invitaste? Me hubiera encantado asistir, que aunque yo no sea poeta ni escritor,
sabes que soy un enamorado de las letras y la música.
—Voy a seguir poniéndote los
dientes largos, compañero —le añado no sin cierta pena— el escenario
inmejorable, se trata del lugar donde se fabricaban las tinajas. Por eso con tu
acuerdo del botijo me ha venido a la cabeza lo vivido en el pueblo vecino.
—Te recuerdo que en
Tomelloso dentro del gran número de cuevas se conservan tinajas de barro.
Debemos mucho a la industria tinajera de Villarrobledo. Nos ayudaron en gran
manera para producir los excelentes vinos de los que hemos disfrutado. Incluso quiero
recordar que hay algunos enólogos hoy día que vuelven elaborarlos en ellas.
—Aprendí mucho esa tarde. Nos
enseñaron un horno donde las cocían y muchos datos históricos. Se remonta la
producción al siglo XVI, había un barrio que llaman de los tinajeros. Es una
técnica muy delicada, arranca en la elección de la arcilla de mejor calidad y
llega hasta la técnica más depurada, que costaba años en aprenderla y
utilizarla con la maestría correspondiente. Durante el siglo XIX y hasta
finales del XX comprenden los tiempos de mayor producción. Sin olvidar que
debían llevarlas en carros especiales e introducirlas en las cuevas por las
troneras circulares que construían a propósito, esto último a base de pulso y
fuerza humana.
—Oye, Joaquín, —comenta Ciri
intrigado y con gran ilusión por lo que relatan sus ojos— ¿Y si quedamos algún
día, pedimos cita en el Centro de Interpretación y nos empapamos bien en la
cultura de la Alfarería Tinajera que me has hablado?
—Por mí encantado. Pero antes
de que nos separemos quiero leerte un poema, que nos dieron a los participantes,
escrito por Julia Flores Arenas y Juan Lorenzo Collado Gómez
—Soy todo oídos, comienza.
—Dice así:
“LA CAVIDAD DEL AGUA
Hecha de arcilla,
como de masa madre es el pan,
modelada por unas manos suaves
como alas danzantes.
Cuerpo de barro. Forma honda y hueca
que acoge vino, canción y soledades.
La cuna de tu vientre me lleva hasta
el aroma
del sustrato profundo de la tierra,
a la humedad primera
cuando todo era raíz, agua, aire y
fuego.
Cuando no había palabra
nombrar la luna blanca
que escondías en el fondo.
Cuarto menguante líquido, cuarto
menguante
que repetía un eco de alfarero
enamorado.”
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Sábado, 27 de Junio del 2026
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