Opinión

El alma del Moral

Juan Romero Gómez | Viernes, 3 de Julio del 2026
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Hay barrios que no se recorren con los pies, sino con el corazón y el Moral es uno de ellos. Ahora que llegan sus fiestas, vuelve el olor a verano, las sillas en la puerta, el saludo del vecino y ese orgullo sencillo de pertenecer a un lugar que nunca ha perdido su esencia.

La estatua que preside este rincón recuerda a un hombre que dedicó su vida a estudiar y defender el flamenco. Pero también representa algo más grande: la memoria de un barrio donde el trabajo, la viña y el respeto por las raíces han marcado el carácter de sus gentes.

El Moral nunca ha necesitado hacer ruido para hacerse querer. Así se ha aprendido que la riqueza está en compartir, en ayudar al vecino y en conservar unas costumbres que pasan de padres a hijos como el mejor legado.

Con las fiestas, las calles vuelven a llenarse de vida. Los niños juegan, los mayores reviven recuerdos y las familias se reúnen alrededor de una conversación que parece no terminar nunca.

Porque las fiestas no solo se celebran; también se sienten.

Cuando se apaguen las luces y termine la música, la estatua seguirá bajo la sombra de los árboles, custodiando la memoria de un barrio que conserva intacta su alma. Y mientras exista un vecino orgulloso de decir soy del Moral, Tomelloso seguirá encontrando aquí una parte de su corazón.


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