En Granada… siempre en Granada
Bajo la mirada cómplice de las estrellas, llora mi alma solitaria en el duelo que esta noche libra con los rayos rotos de la luna clara.
A orillas del Darro, frente a la Alhambra, mágicamente iluminada, de tu bella Granada. Sí, aquí sentada, en el Paseo de los Tristes, me pongo a escribirte unas líneas, amigo Federico; poeta del amor, de la luna, de la muerte, de la pasión del alma…
Al compás de una guitarra, desde el Albaicín, resuena un cante jondo de zambra. Acordes del instrumento… Llanto del cante en la garganta.
¡Ay, Federico, amigo! Desde tu marcha, Granada quedó enlutada. El teatro viste de negro, como las hijas de Bernarda Alba.
¿Cómo lograste predecir la muerte en tu «Romance Sonámbulo»? Entre esas estrellas de escarcha, bajo la luna gitana que alumbraba sobre las verdes barandas. ¡Ay, Federico, amigo, la luna, desde su cenit, te lo anunciaba!
No sé si, allá donde te halles, un viento fugitivo te rozará el alma o, quizá, una brisa húmeda de amanecida acariciará tu tez morena.
Amor venturoso y deshilachado; confianza traicionada. La muerte te acechaba, agazapada, mirándote de soslayo, valiéndose de algunos amigos para atraparte.
Mientras te escribo, ensancho mis recuerdos, que regresan a mí como nubes pasajeras, anunciando una tormenta entre granados, acacias y cipreses de tu tierra, y vides, encinas y olivos de mi tierra.
Se apagaron tus versos, poeta, a tiros una madrugada; tu cuerpo quedó frío, sin vida, en la cuneta. Aquel 18 de agosto, la poesía se quedó muda, sin un lamento. Se fue tu alma desnuda, Federico, bajo una luna de plata, un amanecer caluroso, al alba, poeta, al alba.
Las lágrimas resbalaban como manantiales de las fuentes de mis ojos. Sin consuelo.
Sobre un cielo azul, unas nubes parecían las alas de un ángel dorado que por el cielo levitaba con las manos atadas a la espalda y los ojos tapados con una gruesa tela.
Dormido en ese sueño de ángeles, sueño profundo y esquivo, que va más allá de estos confines terrenales. Eras tú, Federico, quien al cielo de los poetas volabas. Allí seguirás dirigiendo La Barraca y escribiendo poemas al amor, a esa luna gitana y al alma de tantas cosas… Acordándote de todos los que tanto te amaron.
Supongo que allí no les será obligatorio llevar sombrero a las damas.
¡Te echamos de menos! Por eso, cuando la noche asoma y parece que las sombras del mal aparecen como malvados demonios, como en esas noches oscuras del alma, pienso en ti y me refugio en tus versos; en esas largas noches de insomnio, leyendo y releyendo tus poemas, estoy más cerca de ti, querido amigo, y miro a la muerte con indiferencia, tan solo como una espesa bruma que se desliza en forma de cortejo de finas gotas de agua, igual que mis lágrimas corren en medio de lejanos pensamientos. Pensando en ti… En tu Granada.
Y termino ya emocionada y triste, soñando despierta con verdes mares de trigo que se mecen al viento entre un salpicado de rojas amapolas.
Y dejando esta humilde carta en manos del cartero del silencio y la nostalgia, para que la haga llegar con premura a manos de su destinatario.
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Domingo, 5 de Julio del 2026
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Lunes, 6 de Julio del 2026