No faltan en la vida
oportunidades para presenciar todo tipo de fraudes, bien se sabe que es así.
Son tan frecuentes y habituales que muy pronto
―quizás desde la niñez― ya
nos damos cuenta de ello. El famosísimo cuadro de Picasso, conocido por el
sobrenombre de Guernica, que para muchos representa el terrible bombardeo que,
durante la Guerra Civil, sufrió esa población vasca, posiblemente sea el mayor
fraude de la historia del arte; ya que al conocido mural del pintor malagueño,
nada más colgarse en el pabellón de España en la exposición internacional de
París de 1937, se le tergiversó la intencionalidad y, como todo cabe en la
pintura simbólica, fue presentado al público bajo un marchamo falso que
ocultaba su razón de ser original.
No entraremos aquí a
juzgar las cualidades artísticas del gigantesco lienzo; sobradamente conocido y
famoso es el cuadro como para que abordemos nosotros esa cuestión. Allá cada cual. Pero sí lo
haremos respecto de lo que representa, por su posible relación, no con un
pueblo vasco, sino con uno manchego, Manzanares, que fue donde un conocido
torero, amigo del pintor, sufrió la cornada que le produjo la muerte.
Reconocemos de antemano que resulta imposible llegar al fondo del asunto, entre otras cosas, porque el propio pintor nunca dijo que representara el bombardeo de Guernica. Poco hablaba de ello D. Pablo cuando se le preguntaba, prefería eludir el tema. En cierta ocasión, simplemente dijo que “el toro es un toro, el caballo es un caballo... es necesario que el público, los espectadores, vean en el caballo, en el toro, símbolos que interpreten como ellos los entiendan… que el público vea aquello que quiere ver” (Picasso 1947). Siguiendo esa advertencia o consejo, cada espectador se convertiría en juez de pleno derecho de la controversia.

Sin embargo, hay detalles
en el cuadro y alrededor de él que dejarían ver con claridad que esa obra
pictórica, por muy surrealista que sea, no se concibió ni se realizó en absoluto
pensando en el bombardeo que sufrió la población de Guernica ni es una denuncia
a los desastres de la guerra, sino que es una alegoría inspirada en la muerte
de un torero. Un suceso que conmocionó a España y, muy en especial, a los
círculos artísticos y literarios. Veamos esos detalles:
Los símbolos:
En el cuadro destaca la significativa falta de símbolos vascos. No hay nada que
permita la clara identificación de los elementos de la pintura con el triste
acontecimiento del bombardeo perpetrado por la legión Cóndor. Por no estar, no
está ni el árbol de Guernica; pero tampoco hay identificadores secundarios, ni
de la ciudad ni de la región vascongada. Algunos, en el colmo del disparate y
de la desesperación, han querido ver en la bombilla una bomba.
Las fechas:
El gobierno republicano encargó al pintor, con la debida antelación, un
gigantesco cuadro para la Exposición Internacional de Paris, inaugurada el 25
de mayo de 1937. El bombardeo tuvo lugar en 26 de abril del mismo año.
Suponiendo que Picasso se hubiera puesto a trabajar el mismo día 26, no parece
que sea tiempo suficiente para realizar
una obra tan grandiosa, que, por su propia envergadura y dimensión, exige
estudio, ensayo y ejecución de bocetos antes de realizarse. Más lógico resulta interpretar que la
elección del tema y la preparación de un proyecto de esa naturaleza se hicieran
con otros plazos, no con la premura de menos de un mes.
El tema: No
tendría nada de extraño que el pintor, relacionado con el mundo del toro y
amigo de toreros, hubiera elegido el lado trágico de uno de los emblemas
españoles en el extranjero: la fiesta taurina. Máxime cuando él frecuentaba
esos círculos, conocía a los toreros más famosos de la época y captaría
directamente la conmoción del país ante la muerte de Joselito (1920) o la posterior
de Sánchez Mejías (1934).
Lo que se ve:
Todos los elementos que suelen aparecer alrededor de las muertes trágicas en
las plazas de toros están presentes en el cuadro: toro, caballo, matador con
espada en mano, llanto, mujer e hijo, amante, amigos, allegados, lámpara de una
sórdida enfermería de pueblo, etc. Es evidente que el cuadro refleja una luctuosa
tragedia, pero ¿no es acaso la catártica y magnificada muerte de un torero en
el ruedo una tragedia de dimensión nacional en España?
En definitiva, que
todo apunta a que no fue el bombardeo de Guernica el acontecimiento que diera
origen al mural, sino que la ambigüedad del tema y el simbolismo elegido (la
tragedia ante la muerte inesperada) permitieron el cambiazo.
En aquel momento, para los intereses de la
República venía mucho mejor presentar en París la matanza vizcaína que recrear
el manido tópico carpetovetónico del
llanto por la muerte de un torero. Asunto éste, sin embargo, no menor ni baladí,
al que no hacían ascos ni artistas ni intelectuales de la generación del 27,
entre otros el mismísimo García Lorca, quien también abordó la muerte del
torero amigo con un conocido poema.
Diversas fuentes
apuntan que la idea de llamar al lienzo de Picasso, que representa la muerte de
un torero, Guernica fue del representante
de la Generalitat de Cataluña en la Exposición Universal de París. Lo hizo
cuando la obra ya estaba colgada en el pabellón de España, y, como es de
suponer, la audaz ocurrencia tuvo plena aceptación entre los representantes del
gobierno español.
El cuadro permitía el
canje y todo quedaba bajo secreto inexpugnable; mejores siete llaves no había,
ya que si desde los organismos oficiales se afirmaba que aquello representaba
el bombardeo de Guernica, ¿quién se iba a atrever a discutirlo? En otros
tiempos y ante otras telas, la cuestión no hubiera tenido lugar por obvia y
evidente. Con La rendición de Breda,
u otras obras similares, por su carácter realista e inequívoco mensaje, no se
hubiera podido realizar el cambio.
¡La pintura
surrealista y simbólica lo permite todo! Y, acogiéndose a esa cualidad, Picasso,
aunque se lo pidieron, nunca dio explicaciones sobre el cuadro ni sobre los
motivos que lo llevaron a pintarlo. “Mejor no meneallo”, diría para sí el
genial malagueño, mientras los más aguerridos esnobs (papanatas que, en estos
casos, nunca faltan) rondaban por los museos y las exposiciones donde el cuadro
se exhibía retorciendo simbolismos y rebuscando significados ocultos.
Y, puestas así las
cosas, ¿por qué no suponer que el contexto del cuadro recoge la enfermería de
la plaza de toros de Manzanares, el 11 de agosto de 1934, y que el herido es el
propio Ignacio Sánchez Mejías, en representación de la saga mítica de toreros
muertos, por ser el último de los caídos en los ruedos?
Si atienden las razones expuestas y, sobre todo, si miran el cuadro con el debido detenimiento, fácilmente se puede comprobar que la hipótesis no es en absoluto descabellada y que el Guernica es un “gato” interesado que corretea cual “liebre”, campando descaradamente por la Historia.
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Jueves, 9 de Julio del 2026
Viernes, 10 de Julio del 2026
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